viernes, 8 de julio de 2022

ELOY ALFARO EN LA EDUCACIÓN MILITAR

General Patricio Lloret Orellana

INTRODUCCIÓN

Durante treinta o quizá cuarenta años, Eloy Alfaro estuvo al frente de las Montoneras Liberales, haciendo la guerra a los gobiernos reaccionarios y extendiendo por todo el litoral, desde su tierra nativa, Manabí, el grito unánime de ¡Viva Alfaro¡, expresión fácil y sonora para dar identidad a una revolución y representar el pensamiento del alma popular, hasta llegar a retumbar en los confines de la patria, como un trueno,  en el lenguaje del montubio, del chapulo y de la indiada, el sonoro grito de ¡Viva Alfaro, Carajo¡

“Alfaro era la Montonera-dice Lloret Bastidas-. La Montonera iba con él a todas partes, de día y de noche, subiendo y bajando, bajando y subiendo, sin descanso y sin tregua, y los jefes montoneros que la comandaban se apellidaban Infante, Cerezo, Facundo Vela, Bowen, los Alfaro, los Andrade, Pedro Montero, Viteri, Coral.” 

El General de las Derrotas que decían los curuchupas, señalando las arrugas del Viejo Luchador, fruto de una campaña de tantos años, de enormes sacrificios, de constantes destierros derivados de sus derrotas, ve culminado su  objetivo, llegar al mando del país, en junio de 1895, impensadamente, porque su revolución estaba moribunda; sin embargo, sus cenizas se prendieron vertiginosamente el momento en que Plácido Caamaño y los vendedores de armas de la casa Flint, negociaron la bandera ecuatoriana.

Grave debe haber sido la disyuntiva del general en cuanto a la reestructuración del ejército una vez alcanzado el triunfo de la revolución. Tenía treinta y más años de comandar a las montoneras nacidas en la Costa, machete en mano, sin más conocimientos que los que puede dar el agotador trabajo para subsistir. Como dejarlos de lado. Por otra parte, todo lo que olía a progresismo había que eliminarlo, de la misma forma en que Rocafuerte eliminó lo de Flores, García Moreno lo de Urbina y así sucesivamente hasta convertirse en una costumbre que perdura y que aniquila el progreso del país; la Institución Militar no es la excepción. 

La educación militar a través de la Escuela Militar y la Escuela Náutica se mantuvieron hasta 1895, en que fueron clausurados por la Revolución Liberal. Hasta ese entonces, la Escuela Militar había funcionado en forma interrumpida, veintiún años, es decir, un 30% del tiempo de vida de la república. La formación de los oficiales, si bien era una preocupación de los mandos militares de los diferentes gobiernos, no obedecía a una planificación de carácter institucional; era más bien, el traslado de los conocimientos adquiridos por algunos oficiales, en diferentes cursos o visitas realizadas a institutos de formación en el exterior, cuando llegaban a ocupar cargos importantes en el escalafón militar; en otras palabras, la educación militar nunca fue una política de Estado, ni siquiera fue una política institucional. De alguna manera, el Ejército Nacional se forma inicialmente, alrededor de los montoneros, más las incorporaciones de liberales convencidos y de una gran parte de oportunistas que nunca faltan en estas especiales circunstancias de orden político.

MISIÓN MILITAR CHILENA Y LA PLANIFICACIÓN DE LA EDUCACIÓN MILITAR.

El modelo militar francés se mantuvo en el Ejército de Chile hasta el final de la guerra del Pacifico, sus resultados fueron satisfactorios en tanto en cuanto culminó con la ocupación de Lima; sin embargo, no satisfizo los requerimientos del mando militar y optó por la contratación de instructores militares alemanes y el envío de oficiales chilenos a Alemania, a partir de 1880. Su presencia determina que algunos países sur y centro americanos miren a este país (Chile) como el más conveniente por su cercanía, para que sus oficiales sean entrenados en sus centros de formación, o que algunos gobiernos inviten o contraten misiones militares para este fin. Paraguay fue el primer país que envió a sus oficiales a Chile en 1897; el Ecuador recibió una misión militar en 1899, El Salvador en 1903, Colombia en 1905, Venezuela en 1910.

Desde el punto de vista estratégico, la presencia chilena en Ecuador y Colombia afianzaba los lazos de amistad entre los dos países y de estos hacia Chile, en consideración a las relaciones siempre tensas con el Perú a raíz de la Guerra del Pacífico; por otra parte, la participación de los Estados Unidos en la construcción del Canal de Panamá fue otro motivo de preocupación de Chile, especialmente cuando se enteraron de las propuestas recibidas por Ecuador en el año de 1895, con Eloy Alfaro como Jefe Supremo, para la compra del Archipiélago de Colón. De estas propuestas Alfaro hizo conocer al Congreso Nacional de 1898 en forma reservada. “Lejos de mí el pensamiento de atribuirme ningún mérito en mi procedimiento, porque simplemente cumplía con mi deber, juzgando que, estando en poder de una poderosa Nación europea aquellas islas, constituía una amenaza para la autonomía de las Repúblicas de la América del Sur en la Costa del Pacífico”. 

Para los chilenos la oferta venía de los Estados Unidos: “En Chile vieron un peligro especialmente grave en que desde 1903, durante casi una década, los Estados Unidos con diferentes métodos intentaban lograr que Ecuador les vendiera las Islas Galápagos, que, según el modelo de la base de Guantánamo en Cuba, pudiera funcionar como vanguardia del Canal interoceánico”. La apreciación estratégica de Chile contenida en un artículo titulado “La defensa nacional del país. Bases de operaciones para la Escuadra” decía: “La apertura del Canal de Panamá producirá una alteración completa en las condiciones estratégicas de nuestro país, por la cual cree que deberíamos entrar en arreglar con alguna nación amiga para obtener un punto de apoyo en el Pacífico equinoccial... Un punto en las Galápagos serviría admirablemente este propósito y nos ayudaría a ser más efectiva nuestra defensa en el Pacífico, aumentando nuestro radio de acción. La importancia comercial de ese puesto sería grande cuando lo hubiéramos convertido en el punto de recalada del tráfico que se hará a través del Istmo hacia la Oceanía. Sería el San Vicente de Cabo Verde del Pacífico, a poco más de 2000 millas de nuestras minas de carbón."

El análisis de este interesante asunto concluye de la siguiente manera: “Chile a toda costa quería impedir que Ecuador vendiera las Islas a los Estados Unidos, por eso Santiago mantenía en Ecuador no solamente a una misión militar, sino a una de la Marina también. En realidad, detrás de la resistencia de Ecuador contra las aspiraciones de la Casa Blanca estaba La Moneda, y detrás de Chile estaban Alemania y Gran Bretaña”.

Pero no era solamente la influencia de Chile en los países de la región; existía una política exterior alemana orientada a defender los intereses económicos de su país, en el campo de la defensa, evitando a todo trance que Francia pueda entrar en Ecuador, y asegurar para la industria alemana los pedidos de armamento que necesariamente tenía que realizar nuestro país, ante la arremetida permanente de los peruanos en la conflictiva frontera ecuatoriana-peruana. “ En la compra de nuevos equipos de guerra- dirá un informe de la embajada alemana-naturalmente ellos serán los consejeros adecuados del Gobierno ecuatoriano, por cuanto Chile en el caso de una guerra contra el antiguo enemigo  común para los dos, está interesado en que las armas y munición de las tropas ecuatorianas se ajusten a las chilenas no solamente en su calidad, sino también se amolden al uniforme armamento del Ejército chileno” […] “mientras Chile nos compre armas, presumiblemente Ecuador seguirá siendo nuestro comprador también”.

Estos antecedentes y el análisis  de carácter político-estratégico que deben haber sido discutidos en los más altos estamentos del Gobierno nacional, lleva a Alfaro, en su deseo de reorganizar el Ejército, a la suscripción de un contrato de “Arrendamiento de Servicios” firmado el 2 de septiembre de 1899 (antes de que se emita el decreto de creación del Colegio Militar)  en Santiago de Chile, entre el sargento mayor del Ejército de Chile, D. Luis Cabrera y el Cónsul de Ecuador D. Roberto Schumacher para ejercer el cargo de instructor en el Colegio Militar. La presencia de Cabrera se materializa pocos días antes de que se publique el decreto de creación del Colegio Militar. Se hacen efectivas nuevas contrataciones de oficiales chilenos ha pedido del sargento mayor Luis Cabrera, en las personas del capitán Ernesto Medina y tenientes Luis Bravo y Julio Franzani, con fecha 10 y 28 de septiembre de 1901 respectivamente. Con la incorporación de estos dos oficiales se hace efectiva la misión militar.

El 27 de junio de 1902, el sargento mayor Luis Cabrera, como Presidente de la Misión Militar contratada por Eloy Alfaro, remite al Sr. Ministro de Guerra y Marina, general Flavio E. Alfaro, el proyecto de Ley Orgánica Militar que, a decir de Cabrera, “abarca todos los ramos en que se funda la administración y el mando del ejército; y, llevado a la práctica revolucionará de un modo absoluto la institución militar ecuatoriana.” En lo que corresponde a la educación militar, el proyecto de Ley considera fundamentales para el ejército, respecto a la preparación técnica y práctica que la institución debe proporcionar al personal, tres institutos: la Academia de Guerra, la Escuela Militar y la Escuela de Clases.

En sus considerandos, el proyecto dice: “El ejercicio práctico de la conducción de tropas es el arte de la guerra: el estudio teórico de esa conducción, deducida de la experiencia histórica, de la lógica y de los ramos auxiliares, es la ciencia de la guerra. A la enseñanza de esta ciencia está consagrado el instituto que llamamos Academia de Guerra.”

Pone especial énfasis en la enseñanza de la táctica aplicada: “El estudio de la táctica es para el oficial lo que el estudio del dogma para el sacerdote, de los códigos para el abogado, de la anatomía para el médico, de la ciencia del número para el ingeniero”. Destaca con especial importancia la presencia de una cátedra denominada historia militar, a la cual le califica como “fuente única de que se deriva el concepto estratégico, o en otros términos, la sola base sobre la cual se puede edificar el aprendizaje de la conducción estratégica de las tropas”. En cuanto a los “juegos de guerra” que los considera indispensables dice: “se aprende a dirigir sobre la carta militar, grandemente ampliada, no solo las unidades inferiores de tropas, sino que también las superiores dentro y fuera del campo de combate. Acostumbra al oficial a las difíciles tareas de la concepción y ordenación militares”. 

Para complementar la formación de los oficiales en la Academia de Guerra, se añaden otras materias; entre ellas:  el estudio de la geografía militar como una herramienta que permita conocer  suficientemente el terreno propio y el de los posibles enemigos; la fortificación pasajera, provisoria y permanente para aprender a usar los medios que puedan transformar el terreno en beneficio de las operaciones; y, la balística para conocer las armas en cuanto tiene relación con sus propiedades y el modo de aprovecharlas y comprobarlas.

En lo relacionado a cultura general, se propone el estudio de derecho público e internacional, la historia universal, las matemáticas en cuanto se relacione con la topografía aplicada a levantamientos de aplicación militar, el francés y el alemán para que los oficiales tengan la posibilidad de leer las obras clásicas militares. Propone finalmente, que, a los  cursos de este instituto asistan desde capitanes a tenientes coroneles, con una duración de dos años, divididos en dos cursos.

En lo referente a la Escuela Militar, el proyecto lo analiza sobre el hecho cierto de que ya existe en la práctica; por ello, dice: “…es necesario que los estudios hechos en la Escuela Militar den opción no solo al título de subtenientes, sino también al título universitario, previa la prueba final del caso y como justa recompensa a una sólida instrucción, superior con mucho, a la que proporcionan los otros colegios civiles del estado”.

En cuanto a la Escuela de Clases destinada a formar a los cabos y sargentos, decía: “Todo el sistema de instrucción individual, base única de la instrucción del recluta, descansa en la acción directiva de las clases”. Sin lugar a dudas, la visión era muy clara sobre la organización del pilar fundamental de un Ejército, la educación del personal de tropa. “Resulta así-continúa el proyecto- que la instrucción toda del Ejército depende del alcance que haya tenido la preparación individual; y, como de lograr ésta se encuentran encargados los sargentos y cabos, se desprende, por si misma, la importancia de la misión de estos actores durante las labores de la paz”. Lamentablemente, la Escuela de Clases no llegó a concretarse.

Dentro de la organización del ejército, se incluye  en su párrafo quinto, la creación de la Dirección de Instrucción, con el propósito de que los establecimientos de enseñanza militar obren bajo la acción superior de un jefe, que sea responsable del manejo de la enseñanza, fiscalice los sistemas que en ella se emplea, controle la administración interna  de esos establecimientos, se constituya en órgano de consulta de los directores de los institutos, y sirva como delegado ante la autoridad superior del ejército, para el ejercicio del mando y de la administración. La planificación de la educación militar a través de la Ley Orgánica Militar fue un trabajo que contiene aspectos importantes de formación académica y de organización de un ejército, y muchas de sus normas y procedimientos superviven hasta la presente fecha.

La Misión Militar Chilena, a más de organizar adecuadamente la Institución Militar, especialmente el ejército, inculcó una formación de orden prusiano, entendido como el de un Ejército Nacional, presto a sacrificarse por su patria, obediente a la autoridad y con altos valores de honor, lealtad y espíritu de cuerpo, lo cual, ventajosamente, se ha mantenido a través del tiempo.

El trabajo de la misión se ve afectada por el distanciamiento de su jefe con Alfaro, por lo cual Cabrera tiene que regresar a Chile. Vuelve a Ecuador en diciembre de 1911, contratado por Plaza. Respecto a este contrato, existieron terceros que estaban preocupados, puesto que había la posibilidad de que una Misión Militar alemana llegue al país. “Pero Alemania no se afligió por el hecho de que en 1911 (y después en 1913, cuando otra vez surgió el plan) no logró atraer a Ecuador bajo su directa influencia militar, porque con el papel de sustituto de Chile, mejor dicho, con la nueva contratación del mayor Cabrera en diciembre de 1911, que entre 1901-1905 ya había trabajado en Ecuador, vio asegurado allí no solamente los intereses chilenos, sino los alemanes también", dirá con mucha razón la embajada alemana. A raíz de este contrato, Luis Cabrera llegaría a ser nombrado Jefe del Estado Mayor General del Ejército, en forma interina.

LA EDUCACIÓN MILITAR DURANTE LA REVOLUCIÓN LIBERAL

A partir de junio de 1895 los esfuerzos por reorganizar el ejército se ven frenados ante la arremetida del clero y de los conservadores para evitar que la Revolución Liberal se consolide. El ejército es declarado en campaña y así permanece prácticamente hasta cuando culmina el primer mandato de Eloy Alfaro. No existen actividades que tengan que ver con la educación militar; al menos, no se reflejan en los documentos oficiales, durante lo que resta del año 95, todo el año 96 y parte del año de 1897. Al finalizar 1898 se buscan alternativas orientadas a mejorar la formación militar; una de ellas, educar a los futuros oficiales en Escuelas Militares del exterior, escogiéndose a Chile por sus antecedentes. 

El 11 de diciembre de 1899 se emite el decreto por el cual se establece el Colegio Militar; es decir, más de cuatro años permaneció cerrada la institución educativa, y tardaran algunos más hasta que se inicien las clases en este instituto de educación militar. 

A inicios del año 1900, el gobierno establece en la capital de la República un instituto militar que lo denomina  “Academia de Guerra”. En los considerandos del decreto establece la necesidad de este instituto técnico militar, destinado a la instrucción de los oficiales del ejército, relativamente a los conocimientos superiores del arte de la guerra, como complementario de las asignaturas del Colegio Militar. 

Inmediatamente, esto es, en febrero de este año se decreta la creación de una “Escuela de Clases”, destinada a la instrucción de cabos y sargentos. Se dispone que cada curso escolar dure seis meses y asistan ochenta y cuatro alumnos: veinte y tres de artillería y sesenta y uno de infantería, elegidos por los comandantes de armas. El alumno que hubiere merecido votación de buen aprovechamiento, podrá a juicio del Ejecutivo, ingresar en el Colegio Militar, con el objeto de obtener la instrucción y el grado de oficial del ejército. 

El 13 de junio de 1900, a los seis meses de su creación, se publica en el Diario Oficial, el decreto mediante el cual se establece el Reglamento Interno del Colegio Militar. Entre los requisitos de admisión constan el de tener no menos de trece años de edad y no más de dieciocho; rendir un examen sobre escritura, lectura, nociones de geografía, gramática y aritmética, hasta las cuatro operaciones, para ingresar al primer semestre del curso general, y haber rendido todos los exámenes correspondientes al bachillerato en Filosofía, para incorporarse al curso especial. La diferencia entre 12 y 18 años de edad debe haber sido muy complejo manejar en un internado, como era el Colegio Militar; sin embargo, era una edad muy fértil para consolidar la profesión militar. El reglamento divide los estudios en un Curso General, con una duración de ocho semestres, y un Curso Especial con seis semestres. Nada menos que siete años.  

El 31 de agosto de 1901 se posesiona en el Congreso Nacional el general Leonidas Plaza Gutiérrez, como nuevo Presidente del Ecuador. Se designa como ministro de Guerra y Marina al general Flavio Alfaro, el general Julio Andrade es nombrado Comandante General del Distrito de Cuenca.

En la parte educativa no se pudo materializar el deseo de Alfaro para transformar el ejército. La creación, o mejor dicho, la reapertura del Colegio Militar, la creación de la Escuela de Clases, la reapertura por centésima vez de la Escuela Naval fueron hechos destacables en cuanto a la importancia de estas instituciones de educación en el futuro del ejército y la armada. En ese momento político, había un nuevo ejército, radical, politizado, deliberante y muy ducho en los combates que por más de treinta años había recorrido a lo largo y ancho de la patria. Sin lugar a dudas, su sucesor y desde ese momento enemigo político de Alfaro, el general Plaza, instituyó un mandato de reformas liberales, siguiendo, si se quiere, con lealtad, el pensamiento de Alfaro y los principios del partido liberal, pero poco interesado en la formación militar.

En su gobierno se modifica el reglamento del colegio, dividiendo la instrucción en tres secciones: Curso General, Curso Militar y Cursos Especiales. En el Curso General se contemplaban las materias civiles y a él pertenecían todos los cadetes que al incorporarse al colegio no estuviesen en posesión del título de bachiller. El curso abarcaba siete semestres. El Curso Militar con tres semestres era para todos los cadetes, y en él se formaban los oficiales, pero particularmente, los que deberían ser de Infantería. A este curso podían incorporarse directamente aquellos cadetes que tenían el título de bachiller. En los Cursos Especiales, los cadetes asignados a las armas de Caballería, Artillería o Ingenieros, recibían la educación particular concerniente al arma respectiva. Tenían una duración de seis meses. Se había rebajado tres semestres de estudio respecto del reglamento anterior. 

En julio de 1902  se reforma nuevamente el Reglamento Interno del Colegio Militar, esta vez para reestructurar el Curso General, con una duración de diez semestres; es decir, se aumenta de tres años y medio a cinco años su duración, incluyendo el Curso Especial. En 1903, nuevamente se reforma el plan de estudios del Colegio Militar por no satisfacer las necesidades del ejército. Se cumple con el paradigma: “lo anterior no sirve”.  En esta reforma, los cursos pasan a durar tres años; es decir, se rebaja el tiempo de formación en cuatro años respecto del reglamento inicial publicado el 13 de junio de 1900. Este tiempo de formación resulta mucho más adecuado a la realidad del país y a la formación militar.

En la armada se intenta darle vida a la Escuela Naval reabierta en 1900, se dispone su funcionamiento en el buque escuela “Marañón” y se crea un curso extraordinario de aspirantes a guardias marinas, con una duración de dos semestres y un cupo de 24 aspirantes. Poco antes de que el general Plaza entregue el poder, se prorrogó por un año más el contrato del gobierno con la Misión Militar Chilena. 

El 11 de agosto, el general Plaza entrega el mando de la Nación a Lizardo García; en su discurso, hace referencia al ejército en los siguientes términos: “Se estableció, es verdad, la Escuela de Clases y se trató de resucitar al Colegio Militar; vinieron oficiales chilenos a enseñar a nuestra arrojada juventud de los cuarteles las nuevas reglas; pero todo quedó apenas iniciado”.

Revisados los documentos oficiales en el período del general Plaza, no se encuentra, al menos, en la educación militar, interés por sacar adelante el proyecto iniciado por Alfaro; ni siquiera la Ley Orgánica fue impulsada desde su Gobierno para la aprobación en el Congreso, apenas la concesión de unas cuantas becas para que los alumnos de la Escuela Militar se formen en Chile y un par de contrataciones de instructores extranjeros. Respecto de la Academia de Guerra, no hubo la voluntad política para su funcionamiento. Las relaciones de Alfaro y Plaza se aproximaban a su ruptura total.

En realidad, la Academia de Guerra sufre la indecisión de los mandos militares y la presión política de los gobernantes en cuanto a su funcionamiento. Inició sus actividades en 1923 por un periodo de dos años y fue cerrada como corolario de la revolución juliana. Se volvió a abrir en 1937 con la segunda Misión Militar Italiana. El conflicto con el Perú en 1941 provocó su cierre temporal hasta 1947 en que abrió sus puertas por contados meses, hasta que, finalmente, en 1956, con la Segunda Misión Militar Chilena se reabre en forma definitiva. Igual suerte corre la Escuela de Clases al no haber cumplido-conforme consta en el decreto- con la función para la cual fue creada. 

El 11 de diciembre de 1905, la Asamblea Nacional, mediante decreto legislativo, pone en vigencia la Ley Orgánica Militar que fue presentada por la Misión Militar chilena en 1902. La intención de Alfaro de reorganizar el ejército se hacía realidad a los diez años. Sobre los temas educativos no existen variaciones con respecto a la original. Se nombró una comisión de revisión de la Ley, previa a su aprobación, compuesta por los generales Alfaro, Sarasti y Arellano. Alfaro renunció a la comisión para evitar según sus palabras, “que le tomen prisionero y lo lleven al panóptico”.  

El primero de enero de 1907 se posesiona del cargo de Presidente Constitucional de la República, el general Eloy Alfaro, para cumplir con su segundo mandato constitucional. A partir de agosto de este año, se inicia una serie de contrataciones de carácter técnico y administrativo, con personal extranjero, especialmente con ciudadanos chilenos, en unos casos civiles, en otros militares, para que presten sus servicios en la Armada Nacional, comandando los buques de guerra y/o dirigiendo los institutos de enseñanza, ante la falta de personal nacional que lo pueda hacer, debido al descuido, por decirlo menos, de las autoridades, en los diferentes gobiernos respecto de la organización de la armada. 

El 1 de septiembre de 1911 asume el poder el Dr. Emilio Estrada, declarado legalmente Presidente de la República por el Congreso Nacional, en sesión del 18 de agosto de 1911, para el periodo 1911 a 1915. Se nombra ministro de Guerra y Marina al coronel Juan Francisco Navarro. Pocos meses después, muere en funciones el Presidente de la República. Leónidas Plaza Gutiérrez inicia su segundo mandato. Hasta su culminación, la educación militar no tendrá variaciones y tampoco merecerá la atención del presidente.


REFLEXIONES

La concepción reformadora del Ejército, plasmada en un proyecto de Ley Orgánica no se concretó inicialmente, como era el deseo de Alfaro, más bien se diluyó con la presencia oligárquica de Plaza y la permanente oposición conservadora desde el Congreso Nacional que no dio paso a la promulgación de dicha Ley presentada en 1902. Por otro lado, el ejército en su totalidad estuvo permanentemente enfrentado a los contra revolucionarios insertados en una sociedad dividida en clases y en  intereses, a los cuales había que someter por la fuerza de las armas, producto de lo cual, el Colegio Militar, la Escuela de Clases y la Academia de Guerra, considerados como la columna vertebral del sistema educativo del Ejército, nunca pudieron iniciar sus actividades durante el primer periodo del presidente Alfaro. En los subsiguientes gobiernos de la Revolución liberal, apenas el Colegio Militar pudo consolidar su presencia en la Institución Militar.

Uno de los logros fundamentales de la Revolución liberal fue la implantación del laicismo; con ello, dieron una alta prioridad a la transformación del sistema educativo, comenzando por la formación del profesorado, con la creación de los “Normales”. Sus frutos apenas empezaron a aparecer a partir de 1905 en que se graduaron los primeros maestros. En la educación militar, a pesar del esfuerzo realizado en la contratación de oficiales de diferentes países, especialmente de Chile, como instructores de los centros de formación, no se logró la formación del profesorado militar. 

La Revolución liberal transformó la educación nacional; las primeras generaciones formadas bajo el laicismo son referentes de la cultura a mediados del siglo XX. En el ejército, las primeras promociones del Colegio Militar, formadas en base a los lineamientos doctrinarios de la Misión Militar Chilena, se constituyen en los líderes de la Revolución Juliana, que cansados de la sistemática demolición de los principios liberales, buscaron mejores alternativas en la conducción del Estado. A los nombres de Luis Telmo Paz y Miño, Idelfonso Mendoza, Federico Struve, se unen una pléyade de oficiales jóvenes, alumnos de la primera Escuela de Oficiales Ingenieros, creada durante la administración de Tamayo y el asesoramiento técnico de la Misión Militar Italiana.

El movimiento revolucionario de Alfaro sembró las semillas para el nacimiento de un ejército profesional, a pesar de que, en este campo, el ímpetu del movimiento estuvo presente más en el discurso que en la realidad. La profesionalización del ejército fue un proceso lento y plagado de errores e inconvenientes, de lecciones no aprendidas, de continuas emergencias en la formación de oficiales, de poca o casi ninguna preparación de los mandos inferiores, es decir, de los miembros de la tropa. La poca presencia de escuelas de perfeccionamiento en las diferentes armas y jerarquías del escalafón militar, a pesar de que la Misión Militar Chilena, en su proyecto de organización del ejército lo consigna con gran claridad, le llevaron a la Institución Militar a enfrentar los conflictos bélicos de 1941 y 1981, sin la preparación que estos hechos de enorme trascendencia nacional lo ameritaban. Recién, a partir de 1981 se sientan las bases para la verdadera profesionalización de la institución militar.

Concluyamos en el sentido de que la Revolución liberal en el campo de la educación militar fue inconclusa, que algunos de sus logros se consolidaron a mediados del siglo XX; otros fueron dejados de lado sistemáticamente, por razones de orden político, en unos casos, por la falta de una política institucional de largo plazo; en otros,  por la falta de liderazgo para llevar a la educación de oficiales y tropa a ser considerada como el objetivo más importante de la institución militar. José Peralta fue el líder en la conducción de la educación nacional; en el campo militar no tuvimos la suerte de tener un líder.


Conferencia realizada en Cuenca, el 3 de febrero de 2012.


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