Gral. Patricio Lloret Orellana
1. Introducción
El presente ensayo busca recordar la figura del Gran Mariscal de Ayacucho, en el largo proceso independista liderado por el libertador Simón Bolívar, y cuyo bicentenario, en nuestro país, se conmemora el 24 de mayo del próximo año, con el triunfo de Pichincha.
El escenario a inicio del siglo XIX, en lo que corresponde al componente militar, se encontraba sometido a revisión y cambios importantes, luego de que la Corona había perdido a la Habana y Manila. Su reorganización contemplaba la presencia de unidades peninsulares, cuerpos fijos y milicias, a más de impulsar las fortificaciones y mejorar a la Marina.
Las unidades peninsulares eran destacadas a Ultramar por periodos fijos, y entre sus tareas en tiempos de paz era el de facilitar instructores para las unidades americanas. A inicios del siglo XIX, los tiempos de relevo se habían alargado, la Caballería había disminuido su presencia, a tal punto de no existir ninguna unidad en Ultramar, la Artillería se constituía en compañías independientes, y los Ingenieros estuvieron representados por algunos jefes y oficiales.
Cuerpos fijos se llamaban a las unidades organizadas en América, con carácter de permanentes, y que estaban en condiciones de actuar de inmediato. Recibían sueldo y se instruían de forma regular. Estas unidades estuvieron presentes, especialmente, en Perú, Quito y Chile. En Nueva Granada había un regimiento de infantería de dos batallones (Cartagena); dos batallones independientes; un cuerpo de infantería (Quito). En Venezuela se contaba con un batallón (Caracas), tres cuerpos (Cumaná, Guayana y Margarita) y una compañía independiente.
Las Milicias compensaban los orgánicos de los Cuerpos fijos y a la escasez de tropas de caballería. Ser milicianos les permitía tener fuero militar, y tenían sueldo cuando eran movilizados.
2. Los primeros años
Antonio Francisco José de Sucre nació en el puerto de Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. No vivió sino treinta y cinco años. “En este brevísimo lapso lo alcanzó todo: máximos honores en el ejército y en la política; éxito en el amor; riquezas, hacia el final. Se le consideró el más afortunado de los generales de la independencia americana” Gracias a su padrino de bautizo, el clérigo Antonio Alcalá ingresa en la Escuela de Ingenieros fundada por el coronel Tomas Mires, en la cual, a más de las materias propias de la profesión, se estudiaba fortificación de campaña, topografía, y lo necesario para el empleo de la artillería en apoyo a las fuerzas combatientes. Producto de un accidente tiene que dejar su vida académica y regresar a su ciudad natal.
Su padre seguía al frente del Cuerpo de Nobles Húsares como unidad del lado republicano. A instancias de su tío José Manuel se inclina por la carrera militar. El 12 de julio de 1810, a sus quince años de edad, es admitido como oficial de Milicias Regladas. “Va con el Cuerpo de Ingenieros; no con la caballería, que comanda su padre. Vese solo. Si fracasa, le pondrán en retaguardia, y habrá en cierto modo deshonra para su familia, de tan acentuada tradición castrense. La tropa sonríe maliciosamente al verle infantil, lampiño. Lucha contra el ridículo”.
El 5 de julio de 1811, el primer Congreso constituyente venezolano declara la independencia del país. Se constituye la República. Sublevaciones, fusilamientos y persecuciones producen serias derrotas. El Gobierno delega el mando de los ejércitos al general Francisco de Miranda. “Había aceptado el mando sin entusiasmo, diciendo: se me encarga presidir los funerales de Venezuela, y sus palabras serían proféticas”. Solicita refuerzos, entre ellos, llega Sucre y participa en la toma de Valencia. En esta ciudad conoce al coronel Simón Bolívar que servía a las ordenes de Miranda. La independencia flaquea, Bolívar pierde Puerto Cabello, Miranda capitula y fallece cuatro años más tarde en la Carraca de Cádiz. Retorna el régimen hispano, Bolívar sale hacia las Antillas y Sucre regresa a su casa.
Inmediatamente, se inicia, por parte de la Corona, un reforzamiento de las unidades americanas, el mismo que se realiza hasta finales del año de 1816, enviando a Ultramar unos treinta mil soldados, al coste enorme de doscientos catorce millones de reales. A pesar de este derroche de hombres y de dinero, y de éxitos como la recuperación de Chile, Quito y Nueva Granada, la victoria final parecía muy distante. Se había perdido Montevideo, la causa independentista se había recuperado en Venezuela y el Río de la Plata parecía tan inalcanzable para las armas realistas como en 1811.
Simón Bolívar desde Cartagena y Mariño desde la isla de Chacachacare reinician la guerra. Bolívar no se detiene hasta llegar siete meses después a Caracas, victorioso, de lo que se conoce con el nombre de la “campaña admirable”. Santiago Mariño resuelve expedicionar Venezuela a inicios de 1813, y Sucre se incorpora a su ejército junto a sus hermanos Pedro y Francisco.
3. Sus primeros pasos: victorias y derrotas
Cuando termina el año de 1813, Bolívar cuenta ya con un verdadero ejército. Los realistas, por su parte, con tropas americanas soportaban el peso de la guerra. Al finalizar el año Caracas otorga a Bolívar el título de Libertador. La gran labor de Sucre en este lapso es la tarea ingrata, dura, de disciplinar tropas: (…) que los contingentes de su jefe, Mariño, con destino a Occidente, deben salir de todos modos, así sea tarde, y hay que adiestrar a ese hombre de pueblo, que ignora los métodos para matar mejor sin dejarse matar.
A inicios del año 1814, Bolívar se declara dictador y pide la cooperación de Mariño. Se movilizan tres mil hombres, divididos en tres grupos, Sucre marcha en la columna comandada por Bermúdez, en la cual también está Mariño, y es nombrado como Jefe de Estado Mayor, a la edad de diecinueve años. Permanecerá en este reparto hasta 1817.
Sucre participa con el Estado Mayor en el triunfo de la primera batalla de Carabobo, y en la derrota, en la segunda batalla de La Puerta. “Allí pereció casi todo el ejército de Mariño, en espantosa carnicería”. Mariño y unos pocos oficiales, entre ellos Sucre, se embarcaron en La Guaira y entraron en Barcelona el 24 de junio, y luego un éxodo hacia Cumaná, Maturín, o a las islas caribeñas. Bolívar comentaría: “de cuantos golpes ha recibido la Patria, ninguno más fatal.” Pronto estará con Mariño reorganizándose en Aragua de Barcelona, como parte del “Cazadores de Cumaná”, con el grado de teniente coronel. Los independistas vuelven a ser derrotados el 17 de agosto, en la que justamente se ha llamado como la jornada más sangrienta de la guerra. Sucre huye con Bermúdez con dirección a Maturín. Bolívar y Mariño salen de Venezuela con rumbo a Carúpano. Era la segunda vez que Bolívar tenía que abandonar, derrotado, su Patria. Gran parte de la familia de Sucre sufre retaliaciones de muerte, mientras él, y unos pocos soldados se refugian en Guiria.
A inicios de 1815, los realistas atacan a Guiria. Derrotados e indefensos, entre ellos Sucre, remando la noche entera logran llegar a Margarita que era lo único que seguía siendo parte de los independistas; sin embargo, sucumbe en abril, y Bermúdez y Sucre, entre otros, navegan hasta llegar a las playas de la isla de Granadas, en el Caribe. Seguirán su derrotero a Martinica y luego a Saint Thomas, hasta llegar a Cartagena de Indias, lugar del cual Bolívar y Mariño habían salido tres meses antes. Bermúdez, y bajo su mando Sucre, serán los conductores de la defensa de la ciudad, que luego de cien días de permanente acoso de la escuadra española comandada por el mariscal Pablo Morillo, deciden abandonar la ciudad. Sucre llega a la isla inglesa de Trinidad, y en ella se refugia por casi siete meses. 1815 culmina con la rendición de Margarita y Cartagena. Morillo inicia los preparativos para Santa Fe.
El nuevo año encuentra a Sucre tratando de reincorporarse al ejército independista. Sale de Trinidad con dirección a Güiria, para encontrarse con Mariño y Bermúdez. En su empeño, por poco pierde la vida, cuando su barquillo naufraga. En enero entran a Los Cayos, en Haití, y se entrevistan con Bolívar. Planifican el regreso a Venezuela, a fin de abrir, nuevamente, un frente de lucha. Se inicia las operaciones con rumbo a Cumaná en septiembre de 1816. Sucre participa, inicialmente, como miembro del Estado Mayor y luego se le nombra comandante general de la provincia de Cumaná.
En Venezuela y Nueva Granada, las fuerzas realistas estaban compuestas por los batallones I y II del Rey, Fijo de Puerto Rico, Corona, Barinas, Numancia y Sagunto, así como escuadrones sueltos de caballería. En mayo tomaron Santa Fe, sin encontrar resistencia alguna. En Pasto estaban las fuerzas conducidas por Juan Sámano que avanzan hasta Popayán. Nueva Granada quedó controlada por los realistas, y con destino a Quito se crea una unidad bautizada como Cazadores de Tambo. La campaña de Nueva Granada había terminado favorablemente para Morillo a finales de 1816.
En 1818, Sucre sigue siendo el segundo en el mando de Bermúdez. “Mientras otros rápidamente ascienden y llegan a ostentar grados de generales, Sucre ocupa destinos subalternos, y es muy tardíamente cuando empieza a escalar los escalafones superiores” El 15 de febrero de 1819, Bolívar instala el segundo Congreso constituyente de los diputados de las provincias libres de Venezuela y Nueva Granada, en Angostura, con la asistencia de 27 diputados. Francisco Antonio Zea alcanza la presidencia. Sucre es ascendido al grado de general sin el conocimiento de Bolívar, lo cual causa un incidente entre los dos; sin embargo, Bolívar confirma su ascenso. “Es-dice el Libertador-uno de los mejores oficiales del ejército. Por extraño que parezca, no se le conoce ni se sospecha sus aptitudes. Estoy resuelto a sacarle a la luz, persuadido de que algún día me rivalizará.” Sucre había cumplido veinticuatro años. Su relación con Bolívar se fortalece, y su presencia en las próximas batallas será un factor fundamental para alcanzar la independencia de América.
La solución pacífica que fue tomada el 17 de enero de 1817 por el Consejo de Estado español comienza a ser posible. Resuelven las partes negociar un armisticio y un tratado de regulación de la guerra. El escogido por Bolívar es el general Sucre con el rango de plenipotenciario. Se logró firmar tanto el armisticio, como el Tratado de Regulación de la Guerra. “Este tratado es digno del alma del general Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron: el será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho” dirá Bolívar. El armisticio, aparte de obtener la partida del general Morillo, no significaba para las tropas libertadoras sino tregua encaminada a un más armónico avance del plan de campaña, escrito éste de puño y letra de Sucre, según las instrucciones de Bolívar.
4. La Gran Colombia
El año de 1819 fue de éxito para las fuerzas independistas. Boyacá, el 7 de agosto confirmaba su evolución. La pérdida de Nueva Granada fue un revés muy grande, que alteraba la situación de los realistas. El 17 de diciembre, el Congreso de Angostura crea la República de Colombia, integrándola con los territorios de Venezuela, Nueva Granada y el Departamento del Sur. Sucre apoyará la idea de Bolívar, desde su creación, hasta su asesinato en Berruecos. “Esa Colombia-la grande, la de Angostura-correspondió a dos pensamientos fundamentales: la necesidad de una gran masa equilibradora entre la potencialidad de los Estados Unidos y México, al Norte, y los países rioplatenses al Sur; y la urgencia de unir esas zonas en armas bajo una única autoridad tanto civil como militar”.
En 1820, la indisciplina cunde en las tropas realistas. Los acontecimientos del año anterior constituyen un punto de inflexión en el espíritu de cuerpo de las tropas; súmese a ello, la falta de refuerzos desde España y la rebelión de las tropas destinadas a América. Pasto era un reducto de las tropas realistas, “los pastusos, indios mestizos y blancos originarios de la ciudad de Pasto y de los pueblos próximos, siempre se distinguieron por su adhesión a la causa realista y su inveterado odio contra los patriotas”. Aymerich desde Quito había mandado un contingente con el nombre de Batallón de los Andes. Santander moviliza una división con los batallones Cundinamarca, Neiva y Albión, un escuadrón de Guías y otros Húsares de Oriente. El Batallón Cuenca se uniría posteriormente.
El 9 de octubre de 1820, el levantamiento independista de Guayaquil que se inicia con una sublevación de la guarnición de la plaza, se constituye en un grave revés para la causa realista. El gobernador de la plaza se entregó a los sublevados, no sin antes decir con sangre fría: “Toma, por gobernar en tierra”. La frase se explica porque se trataba de un marino. La Junta que asumió el poder procedió a ascender a tres oficiales pertenecientes al Batallón Numancia, que se encontraban en Guayaquil por ser sospechosos de simpatías hacia los independistas: Febres Cordero, Urdaneta y Letamendi. Había caído un puerto de mucha importancia para los realistas, y abría una vía para llegar a Quito. Se crea la División Protectora de Quito, al mando de Urdaneta y Febres Cordero. Luego de la victoria realista en el combate de Huachi, al mando de Francisco González, Febres Cordero se unía al ejército de San Martín, al igual que Letamendi y Urdaneta.
5. Sucre en el Distrito del Sur
El retiro de los españoles a Pasto da lugar a la necesidad de reforzar a la División del Sur comandada por Santander. Para el efecto, Bolívar dispone la presencia de Sucre en su calidad de Jefe de la División; sin embargo, la necesidad de consolidar el movimiento independista de Guayaquil, le lleva al Libertador a ordenar la presencia del cumanés en el Distrito del Sur. Operará de militar, de diplomático, de político, de hombre de mundo; y hasta se enzarzará en amoríos pasajeros que le darán descendencia. Los triunfos serán inmensos, y los fracasos, graves. Desde Buenaventura llegó con 700 hombres embarcados en una corbeta, dos bergantines y algunas embarcaciones menores, el 7 de mayo de 1821. El personal pertenecía a los batallones Albión y Santander- formado este último por negros del valle del Cauca- y el Escuadrón de Guías. En Guayaquil se unen el batallón Gámeza y el I de Libertadores. Sobre la base de estas tropas, Sucre organizó un ejército de 1.400 hombres, de los cuales, 200 eran de caballería.
En conocimiento de los preparativos de Sucre, Aymerich decide salir al paso de su enemigo. Su dispositivo lo conforma con dos columnas: una, mandada personalmente por él, que parte desde Quito, la otra que sale desde Cuenca al mando del coronel Francisco González. Sucre opta por atacar por separado a las dos fuerzas. El 19 de agosto cae sobre González en Yaguachi. En una hora, el realista, que carece de caballería, es derrotado, debido sobre todo a las cargas de los jinetes enemigos. El Constitución entero fue hecho prisionero, pasando sus hombres al servicio de los independentistas, llevando a su cabeza al segundo jefe de la unidad, el teniente coronel Tamariz.
El 12 de septiembre, ambos ejércitos vuelven a encontrarse en Huachi. Estimuladas por el recuerdo de Yaguachi y dirigidas por el impetuoso español Mires, sus tropas lanzaron «una acometida tan intrépida como desastrosa» que se estrella contra los realistas. Los batallones Santander y Libertadores de Guayaquil arrojan las armas y huyen, mientras que Albión y los Dragones son diezmados. Según un testigo independentista, los de Aymerich utilizaron en el combate un curioso expediente: «emplearon su Caballería no en cargarnos, sino en hacer un movimiento de flanco hasta el punto donde el viento batía con más violencia; corrían de un lado a otro levantando nubes de polvo cada vez más densas, de suerte que nuestros soldados, fatigados y con los ojos llenos de tierra, no distinguían un objeto a corta distancia; a la sombra de este inesperado auxiliar la Caballería enemiga se fue acercando y de repente cargó sobre nuestra Infantería» con el resultado ya descrito.
En la batalla, el ejército de Sucre quedó destruido. Acompañado por el puñado de hombres que permanecieron en filas, tuvo que replegarse sobre Guayaquil. Aymerich se encontraba en una posición perfecta para dar el golpe de gracia a su enemigo, que contaba entonces con unos pocos centenares de fusiles. Prefirió, no obstante, replegarse sobre Quito, dejando al coronel Tolrá al frente de sus avanzadas. Aymerich se había informado de que Bolívar libertó a Venezuela en Carabobo y de que San Martín entró en Lima, entonces, prefiere regresar a Quito, a defenderla.
Una vez en Guayaquil, Sucre se entrega a la reorganización de sus maltrechas fuerzas, formando con ellas tres batallones: Albión, Guayaquil y Yaguachi, y sendos escuadrones de lanceros y dragones. Más tarde les añadirá el Batallón Paya. Cuatro meses en Guayaquil le costó a Sucre la imprudencia de Mires en la conducción de sus tropas. El parte de guerra remitido a Bolívar era claro: “Una imprudencia, que no ha sido mía, ha perdido la más bella ocasión de libertar a Quito, ha perdido la División y acaso va a mancillar mi reputación” Dadas las circunstancias que vivía con sus fuerzas, Sucre logra pactar con Tolrá, que estaba al mando de las fuerzas realistas, un armisticio, para un lapso de noventa días. “La destreza del general Sucre obtuvo un armisticio del general español, que en realidad era una victoria. Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación, porque sin ella aquella célebre jornada no habría tenido lugar”
Estimando insuficientes las tropas que había acumulado en Guayaquil, Sucre pidió a San Martín que desde Perú le enviara refuerzos. En concreto, solicitó el famoso Batallón de Numancia, que técnicamente formaba parte del Ejército colombiano. No recibió ese Cuerpo, que al parecer todos los generales querían tener a su lado, pero se le mandó la División Santa Cruz. El 20 de noviembre Tolrá firma con Sucre un armisticio de veinte días en Babahoyo. Fue una equivocación más de los realistas: «darle tiempo a un enemigo como el general Sucre era aguardar su perdición». En efecto, aquel acuerdo «salvó el honor de las armas colombianas y libró a la provincia de Guayaquil de la invasión que la amenazaba». También «dio lugar a que el general Sucre, repuesto de la pérdida de Guachi y reorganizado, abriera a principios de año la gloriosa campaña que terminó en Pichincha».
6. Sucre en Cuenca.
En el mes de noviembre de 1821, el coronel Tolrá llega a Cuenca como segundo jefe de las operaciones del Sur. Se incrementan los abusos, castigos y represalias de los realistas en contra de los patriotas que participaron en las jornadas independistas de las provincias azuayas. Es un año difícil al cual le pusieron el nombre de “Año Terrible”.
El 22 de enero de 1822, el general Sucre deja Guayaquil. Se embarcan y navegan en dirección a Puerto Bolívar, avanzan a la ciudad de Machala, siguen el río Jubones hasta llegar a Saraguro, localidad en la cual se encuentran con las tropas que vienen desde el Perú, comandadas por el coronel Santa Cruz. Bolívar, por su parte, exige a Olmedo el reconocimiento de la Gran Colombia, “porque es una galimatía la situación de Guayaquil (…) Usted sabe, amigo, que una ciudad con un río no puede formar una nación”
El 4 de febrero de 1822, ya se sabía en Cuenca, que el general Sucre avanza con la División Libertadora y el Ejército Unido del General Santa Cruz. Entonces el Comandante General de la Plaza, coronel Tolrá, ordena que en el término de cinco días se reúnan 200 reclutas y todos los gremios de artesanos y trabajadores para la defensa de Cuenca. Publica por Bando el reclutamiento de todos los hombres entre 18 y 50 años, los mismos -dice- que se alistaran de inmediato bajo las banderas realistas para impedir así el arribo de Sucre.
El día 20, Sucre está a las puertas de Cuenca: en la imposibilidad de hacer frente al ejército unido y dando muestras de pánico, el coronel Carlos Tolrá y su ejército realista resuelven abandonar Cuenca, rumbo al Norte. Termina así la dominación de España sobre Cuenca, después del 3 de noviembre. Desde el 20 de diciembre de 1820, suceso de Verdeloma, hasta el 20 de febrero de 1822, con la huida de Tolrá, el AÑO TERRIBLE ha llegado a su fin. Horas más tarde, el general Sucre, en medio del júbilo desbordante de los habitantes de Cuenca, se pasea victorioso por las calles de la ciudad.
El 21 de febrero es día de gloria en el Calendario Histórico cuencano; el paso victorioso de Sucre por las calles de la urbe, que enciende en cada pecho gritos de alborozo y júbilo sin parar. “Es uno de los días de eterno recuerdo para Cuenca -dice Borrero-, pues en ese día, terminó para sus habitantes la tiránica dominación de los jefes españoles González y Tolrá, con la entrada en esta ciudad de la División Unida Libertadora, a cargo del general de brigada Don Antonio José de Sucre”, y de la División peruana regida por el coronel Andrés de Santa Cruz, y con dos mil hombres, quienes se unieron en Saraguro, que para Sucre era el punto estratégico desde donde dirigir las operaciones. La preparación de la campaña que le lleva al Pichincha, determina que se señale el 21 de febrero de 1822 como el día de la Segunda Independencia de Cuenca.
Mientras el ejército patriota se preparaba en Cuenca para marchar hacia Quito, la División Auxiliar del Perú recibió la orden de retornar a ese país. Algunos investigadores afirman que la intención era trasladarla a Guayaquil para fortalecer el mando del general Lamar. Al respecto, el coronel Tomás Heres, gobernador de Cuenca, escribió: “Estando en Cuenca el Coronel Santa Cruz, recibió por duplicado órdenes de su Gobierno para regresar al Perú su División; y, aunque deseaba seguir la campaña, debiendo obedecer, avisó al General Sucre, que iba a contramarcha y le pidió los auxilios necesarios para verificarlo.
El General Sucre se opuso exponiéndole razones de gran peso, pero como el Coronel Santa Cruz insistía en irse, fue preciso hablar con los jefes de la División peruana, manifestándoles el compromiso en que la comprometida cooperación de Santa Cruz había puesto a las tropas de Colombia, y los males que sobrevendrían a la América toda, de abandonar la campaña en el estado en que se encontraba. Los jefes eran los coroneles Urdaneta, Lavalle y Villa; por fortuna todos se convencieron de la justicia, hablaron con el Coronel Santa Cruz y le hicieron presente que estaban resueltos a continuar la campaña. El Coronel Santa Cruz dio parte a su Gobierno y resolvió esperar en Cuenca. Ni aún esto convino al General Sucre porque se perdía la oportunidad de obrar, y él no podía obrar sólo con las fuerzas colombianas porque eran incomparablemente inferiores a las del enemigo, tanto en el número como en el adiestramiento. Al mismo tiempo, exigía el General Sucre al Gobierno del Perú, que, si insistía que volviese la División del Coronel Santa Cruz, mandase al Batallón Numancia, perteneciente a Colombia, que se hallaba en Lima, y mandó como posta al Capitán Gómez, con estas comunicaciones y con orden al Batallón Numancia de su regreso a Colombia”
Se convino al fin que la División Santa Cruz continuará la campaña que había emprendido, con solo el consentimiento y aprobación del Prefecto de Trujillo, que era el General Arenales. Al mismo tiempo el Coronel Santa Cruz recibió órdenes de sujetarse al General La Mar, entonces Comandante General de la Provincia de Guayaquil. A La Mar mismo se le instruyó de ponerse estrictamente al servicio de la Junta de Gobierno, actuando según las circunstancias; hasta fue autorizado a oponerse por las armas a los designios de Bolívar si llegaban al terreno de los hechos. Concomitantemente San Martín enviaba “abundantes auxilios de armas, municiones y oficiales. Illingworth haría insistentes gestiones “públicas, privadas y amistosas”, para conseguir el armamento remitido por San Martín para el ejército colombiano. Pero sólo logró negativas, pues las fuerzas propias de la Provincia lo necesitaban.”
Horas antes de iniciar su marcha victoriosa a Quito, Sucre se despide de Cuenca, por escrito, el 11 de abril de 1822. (…) Al separarme de esta Provincia para marchar a cumplir los deberes de que me ha encargado la Patria, yo llevo también el objeto interesante de asegurar de que actualmente goza Cuenca, este don inestimable que tan justamente la han merecido la firmeza de su opinión y la grandeza de sus sacrificios por conservarlo. (…) Yo me prometo que bien pronto sentirán estos pueblos las ventajas que les ha proporcionado la sabiduría y beneficencia de nuestro Gobierno; y que las circunstancias y la necesidad de continuar una guerra que nos asegure el goce de nuestros derechos, no les ha permitido sentir en toda su extensión. Recaba, pues, VS. los sentimientos de mi gratitud y consideración, bien persuadido que Colombia jamás olvidará los servicios que por conducto de V. E. ha prestado Cuenca a la División Libertadora del Sur, y que será el momento más grato a mi corazón aquel en que tenga el honor de recomendarlos muy particularmente a S. E. el Libertador Presidente. - Dios guarde a V. E. muchos años. - f) Antonio José de Sucre”. “Al Excmo. Cabildo Municipal de esta ciudad”.
Con este documento elocuente, que habla por si solo del patriotismo cuencano, ponderado por el propio Sucre, se cierra un brillante capítulo de nuestra gesta en pro de la libertad, que iniciado el 21 de Febrero con la entrada triunfal del glorioso paladín, Jefe de la División Unida del Sur, termina en esta fecha, con la marcha desde Cuenca, rumbo a Quito, de los patriotas que van en pos de conquistar la gloria y morir en su demanda. Allí junto a Sucre marcha el adolescente de la victoria, el Teniente Abdón Calderón Garaicoa, abanderado de la Independencia Ecuatoriana. En este día, Sucre inicia su campaña: sobre los campos del Azuay los clarines de Sangurima van pregonando su paso de vencedores…
De Cuenca parte Sucre el día 11 de abril: momentos antes de su partida hacia Quito, el General Sucre convoca un plebiscito para que el pueblo de Cuenca resolviese de una vez si debía jurar ya la Independencia o esperaba la terminación de la campaña que aseguraría la misma. Decidido por lo primero, dicho plebiscito hace constar su resolución en el Acta Solemne de esta fecha.
Sucre marcha con la División Libertadora que, en cincuenta días de reposo a las márgenes del Tomebamba ha logrado prepararlo todo, a costa de grandes sacrificios y fatigas de los patriotas cuencanos.
El 19 de abril ya está a las puertas de Riobamba; dos días más tarde Lavalle gana el combate de Tapi con su caballería argentina, y abierto así el camino, el 30 de abril entra en Ambato; descansa en Latacunga desde el 2 al 13 de mayo, y el 21 hace un alto con sus tropas en Turubamba, muy cerca de Quito. El día 23, víspera de la contienda, desde Chillogallo, realiza un avance estratégico que permite alcanzar las faldas del Pichincha, y en la mañana del 24 se enfrenta a los realistas para un combate duro y heroico de algunas horas.
Simón Bolívar al saber de los triunfos del General Sucre dirá que “las cimas de los Andes se han humillado a las plantas del Ejército Libertador”. Angel Grisantes-notable historiador venezolano- dirá que “los paladines de la Libertad con Antonio José de Sucre y los soldados de Colombia hicieron durante la guerra 62 campañas; se jugaron la existencia en 690 combates; lucharon brazo a brazo 973.000 hombres y sembraron el campo con sus huesos 211.000 guerreros”.
¡Nadie más digno de la gloria que Sucre el Vencedor!
Bibliografía:
1. Albi Julio, Banderas Olvidadas, Ed. De Cultura Hispánica, Historia, Madrid, 1990.
2. Lloret Antonio, Biografía de Cuenca. GAD Municipal del Cantón Cuenca. 2015.
3. Rumazo Alfonso, Gran Mariscal de Ayacucho, 1986
4. Estrada Julio, La Lucha de Guayaquil por el Estado de Quito. 1980
Ensayo publicado en la Revista Presencia No 37 de la Asociación de Generales y Almirantes. Julio 2021. Versión digital.
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