domingo, 3 de julio de 2022

Contexto Político, Diplomático y Militar de la Guerra de 1941 y sus Consecuencias



General Patricio Lloret Orellana


1930-1941. Una década difícil en la historia del siglo XX 

La geopolítica nace de las ciencias políticas y de la geografía política. Como parte de las primeras se constituye en una ciencia dinámica que estudia la influencia de los factores históricos, políticos, sociales y económicos en la vida y proyección del Estado. Sus conclusiones son de tipo político; es útil para deducir necesidades y determinar los objetivos del Estado con miras a mantenerlo, o como forma de alcanzarlos, para lo cual, se basa en la geografía política.  En las relaciones entre Estados nacionales, se producen demandas políticas que tiene que ver con el control efectivo de un territorio, con la integración territorial y con las reclamaciones culturales históricas. El control efectivo consiste en el derecho que un Estado tiene a un territorio, lo que se ha utilizado para dar legitimidad a las conquistas realizadas por las armas. El principio de integridad territorial se emplea para confirmar el derecho de un Estado que mantiene el control de un territorio. En tanto que las reclamaciones culturales e históricas, se refieren al derecho de posesión o prioridad en el pasado sobre un territorio.  El territorio y la soberanía, son dos principios interrelacionados. El territorio de un Estado, es el ámbito en el que se define un control político centralizado hacia adentro, y hacia fuera, en relación a otros estados. La soberanía supone que hay una autoridad final y absoluta en una comunidad política.   

Con estos conceptos geopolíticos buscaré analizar el contexto político-militar en el cual se desarrollaron los eventos que marcaron el camino de un acontecimiento bélico doloroso para la patria, y cuyo desenlace fue la firma de un protocolo de límites firmado a la madrugada de un 29 de enero de 1942. No fueron de ninguna manera, producto de un momento desafortunado en las relaciones internacionales de dos países. Fueron la consecuencia de una cadena de acontecimientos de orden externo e interno, cuyo punto de partida, desde mi personal punto de vista, se ubica en los inicios de la década de los años treinta del siglo pasado. Desde luego, los antecedentes de los dos países, en términos de fijación de límites fronterizos vienen desde la separación del Ecuador de la Gran Colombia.

El escenario mundial al inicio de la década está claramente influido por la crisis económica conocida como “Gran Depresión”, que provocó tensiones sociales y políticas que dieron paso a la presencia de caudillos como Hitler en Alemania, Franco en España o Metaxas en Grecia. El imperio japonés se consolida en Asia afectando los intereses de Europa y de los Estados Unidos en el Pacífico. Italia invade a Etiopía y Francia transita por la guerra civil. La Unión Soviética padece una endémica hambruna. La década finaliza, para este propósito, el 1 de septiembre de 1939 cuando Hitler invade Polonia, dando inicio al conflicto más grave de la historia: La Segunda Guerra Mundial. El ataque de Japón a Pearl Harbor produce el ingreso de los Estados Unidos a la guerra. Este hecho es de fundamental importancia cuando se produce la invasión peruana a Ecuador. 

En el ámbito regional se destaca la guerra Colombo- Peruana, más conocida como la Guerra de Leticia, ocurrida entre los años 1932 y 1933. Tuvo efecto en la cuenca del río Putumayo y la ciudad de Leticia. La guerra terminó con la ratificación del Tratado Salomón-Lozano, mediante el cual, Colombia cedió territorio que en 1916 recibió voluntariamente de Ecuador. (…) Era el momento en que Brasil trataba de conciliar los intereses de Colombia y Perú mediante una conferencia en Rio de janeiro, en la que la presencia de Ecuador era indispensable para una solución que, siendo tripartita, resolviera, de una vez por todas, las diferencias existentes en la Región Amazónica. Pero nada de esto hubo de tomarse en cuenta. Los intereses de la política interna estaban por encima de los destinos nacionales. Y no faltó quien dijera que: “la solución de nuestro problema limítrofe con el Perú podría esperar 30 años, porque lo importante era devolver al pueblo el libre ejercicio de la democracia”. La Cancillería de Quito, en momentos difíciles, estuvo en acefalía. Colombia y Perú se entendieron en Río de Janeiro con absoluta prescindencia de los intereses ecuatorianos”. 

El Perú en los años treinta

La década se inicia con el gobierno del general Sánchez Cerro, luego de una serie de revueltas civiles y militares que defenestran a cinco gobiernos provisionales. En su gobierno se produce el conflicto con Colombia, en el puerto fluvial de Leticia. Colombia rompió las relaciones diplomáticas con Perú, y se producen varios combates; entre ellos, el combate de Guepi en 1933. Perú acudió a la Liga de Naciones y nombró al general Oscar Benavides, en su condición de Jefe de las Fuerzas Armadas, como su representante. El problema termina con el Tratado de Río de Janeiro en 1934. Benavidez fue nombrado Presidente de la República, el 30 de abril de 1933, al producirse la muerte de Sánchez Cerro. A la  finalización del periodo (1936), asuntos políticos determinaron que el Congreso le nombre como presidente de la República hasta el año 1940. Cumplió con el principio de integridad territorial mediante el tratado firmado.

En su segundo periodo se realizaron obras viales importantes para el país, especialmente  en  las fronteras con Ecuador y Chile; sus gabinetes ministeriales tuvieron continuidad a lo largo de su gobierno, lo que le permitió restablecer el orden interno seriamente afectado por el aprismo; consolidó el apoyo de las Fuerzas Armadas y la presencia de militares en su gabinete; asignó un mayor presupuesto para la defensa nacional; aprobó nuevas normas para el servicio militar obligatorio; creó nuevas unidades militares; y, aumentó los efectivos en los diferentes cuerpos y servicios. Enfrentó un golpe de Estado liderado por su Ministro de Gobierno en febrero de 1939, el mismo que fracasó con la muerte del alzado en armas. Llamó a elecciones para el 18 de junio de 1939, y entregó el poder a Manuel Prado Ugarteche para un periodo de cinco años. 

Cuando asumió el poder Manuel Prado, se encontró con una excelente infraestructura militar: construcción de los cuarteles de Tumbes, Sullana y Piura, para zapadores, caballería y artillería; cuarteles para las mismas armas en la II, III y IV divisiones. En la V División, se levantó el campamento militar “Vargas Guerra” en Iquitos y los cuarteles tipo selva en “Pijahual”, “Cabo Pantoja”, “Arica” y “Güepí”. En este ramo, hay un listado muy grande de mantenimiento y construcción de nuevos edificios; entre otros, Escuela Militar, Estado Mayor del Ejército, Hospital Militar, Escuela Superior de Guerra.

En aspectos de organización, instrucción y equipamiento de las fuerzas armadas, se había puesto especial atención en: desarrollo de la marina de guerra y mercante; modernización de los cruceros “Almirante Grau” y “Coronel Bolognesi; modernización de buques y de submarinos; aumento de la flota fluvial “Amazonas” con las cañoneras “Amazonas“y “Loreto”; formación de escuelas de especialización para torpedos y submarinos; adquisición de aviones tipo caza, bombardeo y reconocimiento.

En política internacional se logró un acuerdo para que, el Tratado Salomón –Lozano no fuese alterado excepto por mutuo consentimiento o arbitraje internacional; se erigió un monumento simbólico en el morro de Arica para conmemorar su amistad con Chile; firma con Bolivia un pacto de no agresión; y prohibió la intervención de las partes en asuntos de orden interno de los dos países. En 1935, se suscribió junto con Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos y Uruguay, al protocolo de Suspensión de Hostilidades a raíz de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. En 1939, decide salir de la Liga de Naciones.

Al estallar la guerra entre las potencias aliadas y los países del Eje, el gobierno peruano proclama su absoluta neutralidad, aunque sin dejar de manifestar sus simpatías por la causa aliada. Esta neutralidad duró poco tiempo, pues a raíz del sorpresivo ataque de la aviación japonesa a la base estadounidense de Pearl Harbour, ocurrido el 7 de diciembre de 1941, el Perú se alineó resueltamente con el bando aliado, mientras los otros países latinoamericanos dudan en seguir tal posición. Permitió la instalación de una base aérea en Talara.

El presidente Prado, invitado por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, viajó a los Estados Unidos, donde reiteró el apoyo del Perú a los aliados. Fue el primer mandatario sudamericano en realizar un viaje de esa especie. Fue recibido en sesión del Congreso estadounidense y recibió elogios por su espíritu panamericanista y democrático. A su retorno, hizo una gira por Cuba, Panamá, Venezuela y Colombia.

Aunque la segunda guerra mundial tuvo profundas consecuencias en el proceso político peruano, las relaciones del Perú con el Ecuador probaron ser el factor internacional que tuvo mayor efecto en la nación. El resultado favorable de este breve conflicto armado ayudó a consolidar la posición nacional de Prado y a fortalecer su apoyo entre los militares. Las fuerzas armadas reafirmaron su compromiso profesional con la defensa nacional. Gracias a un presupuesto especial de defensa financiado a través de préstamos nacionales reservados, Prado brindó generosas recompensas en la forma de ascensos militares para así garantizar su respaldo político. La diplomacia tuvo un rol central en el desarrollo del conflicto con Ecuador. La Cancillería peruana trazó un ejemplo de acción para otras naciones del continente.

Este rápido recorrido por la década de los años treinta en el Perú demuestra, fehacientemente, que aplicaron bien los principios de la geopolítica, que trazaron objetivos claros respecto a su relación con los países vecinos, especialmente con Ecuador, hacia el cual lanzaron toda su artillería política y militar para alcanzar en el campo de las armas, una pírrica victoria frente a un reducido grupo de militares que conformaban el Escalón de Seguridad, mientras las unidades que estaban en condiciones de combatir, se mantuvieron bajo las órdenes del Presidente de la República, esperando que los Estados Unidos cumplan sus ofrecimientos de apoyo.

Colombia en los años treinta

Cumplido el período constitucional de Alfonso López Pumarejo, se eligió a Eduardo Santos para ocupar la primera magistratura, con el apoyo de los liberales moderados y los conservadores opuestos a la revolución de marzo liderada por López. Desde el 7 de agosto de 1938, Santos mantuvo algunas de las políticas de su predecesor, impulsando la agricultura y la industria.  Mejoró mucho las relaciones con la Iglesia Católica y con el gobierno de EEUU. Washington consideró a Bogotá un “modelo de cooperación”. Colombia miró hacia el Norte, durante el conflicto de Ecuador y Perú.

(…) Seis años después de haberse firmado el Tratado Muñoz Vernaza-Suárez, por medio del cual el Ecuador cedió a Colombia extensas zonas de la región nororiental, con la seguridad de que ese sacrificio garantizaría su amistad y determinaría de manera definitiva la línea fronteriza entre ambos países, nuestro país sufrió una de las peores traiciones de su historia: La firma entre Colombia y Perú del Tratado Salomón-Lozano.”  (…) se trataba de una lucha sobre territorios de la antigua Presidencia de Quito, cedidos con una generosidad sin límites ni precedentes por el Ecuador a Colombia  en 1916, y donados después por Colombia al Perú, con una desvergüenza sin paralelo, en el año 1920.”  

El principio geopolítico de integridad territorial que se emplea para confirmar el derecho de un Estado que mantiene el control de un territorio, no fue observado por la diplomacia ecuatoriana, cuya posición fue de indiferencia y neutralidad. 

La Política ecuatoriana en los años treinta

La Constitución número trece del país, seudo parlamentaria, con sucesión en el mando de la república en la persona del Ministro de Gobierno, trae como consecuencia la presencia de 17 gobiernos, entre constitucionales, dictaduras, encargados del poder, civiles y militares, que durante los años treinta convulsionaron el panorama político de la Nación. Las crisis políticas en las cuales el Ejército tuvo participación directa, fueron el resultado de procesos eleccionarios fraudulentos o amenazas directas a la Constitución del Estado. La arremetida política, ambiciosa de poder, no fue capaz de distinguir el bien común del personal, llevando con su actitud a una permanente disolución del Estado ecuatoriano. Asomaron nuevamente, lo que en el siglo XIX se dio en llamar ejércitos “revolucionarios” y ejércitos “constitucionales”.

Los años treinta fueron testigos de las intensas luchas intestinas promovidas por la élite política empeñada en subvertir el orden constitucional. La descalificación de Bonifaz, en agosto de 1932, dio paso a la toma de los cuarteles, comenzando por echar fuera a todos los oficiales de grado superior a subteniente. Sargentos y cabos asumieron la dirección de la tropa, anunciando una guerra civil. La guerra de los cuatro días dejó cerca de 700 muertos y mil heridos y se convirtió en el referente de lo que no debía suceder en un país necesitado de paz para conseguir su desarrollo. Se atentó a lo más importante de la Institución Militar: la disciplina.

La Escuela Militar, Alma Mater del Ejército, empeñada en educar a los cadetes con los más altos valores éticos y morales de la profesión militar, por primera y única vez en su historia, fue blanco de la manipulación política al interior de sus aulas, desatando alzamientos de las unidades en Riobamba y Ambato que enfrentadas con otras unidades produjeron la “Batalla de Tapi” en 1933. 

1934, Velasco Ibarra en su primera administración. En el Congreso, la oposición estaba comandada por Carlos Alberto Arroyo del Río, en su calidad de presidente del senado, (…) personaje impopular desde los asesinatos masivos del 15 de noviembre en Guayaquil., y con el pretexto de no prestar auxilio militar para la defensa personal de los legisladores, suspendió las sesiones y convirtió al congreso en unicameral.”  El Presidente llamó a nuevas elecciones. El decreto dio paso a un nuevo levantamiento militar, el 20 de agosto de 1935. El batallón “Imbabura” en contra de la “dictadura” de Velasco. Se asiló en la embajada de Colombia, y salió al destierro.

Las consecuencias de los levantamientos militares incidieron en la organización del Ejército, volvieron a asomar las llamadas “columnas” y la creación de nuevas unidades desde las reservas. Fueron borradas del escalafón militar unidades enteras, muchas de ellas condecoradas por sus acciones de guerra en defensa de la Constitución de la República. Se da la baja del servicio activo a oficiales y tropa, desde subtenientes a tenientes coroneles y desde soldados a sargentos. Se reorganizan las Armas, se instalan los Consejos de Guerra, las informaciones sumarias, la disciplina se resquebraja y la moral se ve afectada en toda la Institución. El país pierde en cada levantamiento militar, la sociedad sufre las consecuencias de la vorágine política.

Carlos Arroyo del Río en la Presidencia de la República

El 2 de septiembre de 1940, el doctor Carlos Arroyo del Río había asumido el mando presidencial. (…) Hombre bien dotado y de excepcionales calidades políticas, intelectual y abogado ilustre, una larga vida pública le mostraba como el más adecuado para la función de gobernar el país en una época difícil: la guerra, las situaciones económicas que de ella se derivaban, la agitación ideológica provocada por la contienda, exigían mucho tino en la conducción de los asuntos nacionales e internacionales.” 

Su gobierno fue el resultado del mayor fraude electoral de la historia nacional. El levantamiento de la Base Aérea “Simón Bolívar” se originó por este hecho, al “constatar, junto a la población de Guayaquil, como, de la manera más cínica, se introducía en los cuarteles de la policía los votos a favor del doctor Arroyo del Río” . Su Gabinete estuvo conformado, en lo que interesa para este ensayo, por el doctor Julio Tobar Donoso en Relaciones Exteriores y Vicente Santisteban Elizalde como ministro de Defensa Nacional.   El coronel Francisco Urrutia fue nombrado Comandante Superior del Ejército, y en el cargo de Jefe del Estado Mayor, el coronel Cristóbal Espinosa. 

La ubicación de las islas Galápagos respecto al canal de Panamá resultaba de especial importancia para los Estados Unidos en su plan de seguridad continental.   Tenía la imperiosa necesidad de ubicar bases militares en el Archipiélago y en la saliente de Salinas en el Océano Pacífico. Acordó de forma inmediata con el gobierno entrante, el envío de una Misión Militar americana, en reemplazo de la italiana, a fin de que, inicialmente, asesore a la fuerza aérea y a la marina de guerra. El 2 de octubre, el coronel Urrutia viaja a los Estados Unidos a concretar la presencia de los americanos en el Ecuador. El convenio fue firmado para un periodo de cuatro años entre el secretario de Estado Cordell Hull y el embajador ecuatoriano Colón Alfaro. La visita del comandante del Ejército y la presencia de la misión militar americana crearon falsas expectativas sobre un potencial apoyo de los Estados Unidos en el conflicto territorial. Exceso de confianza de la diplomacia ecuatoriana en una mediación de países amigos.

El Ministro de Defensa era un diplomático sin experiencia en asuntos militares, que se posesionó del cargo 30 días después de su nombramiento, cuando los peruanos estaban cercanos a Zamora. Desde el mes de septiembre, la prensa nacional informaba sobre infiltraciones de tropas peruanas en la frontera oriental, en Loja y El Oro. Y no era solamente la prensa, la información remitida por el teniente coronel Víctor Naranjo,  durante sus dos años como Cónsul del Ecuador en Paita, a partir de mayo de 1939, remitida al Canciller, doctor Julio Tobar Donoso y al Jefe de Seguridad de la frontera, con narraciones muy explícitas sobre los movimientos del agrupamiento peruano, identificación de sus mandos, nombres de sus comandantes, armamento y equipo en dotación, etc. No fue suficiente para que los personajes que ocuparon el cargo de Presidente de la República, Ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, mandos militares, desde diciembre de 1938, hasta 1941, dispongan o exijan el cumplimiento de los deberes contemplados en la Constitución, respecto a la defensa de la soberanía nacional.

Arroyo del Río no hizo nada para desplegar al Ejército hacia las fronteras, tampoco fue capaz de disponer la preparación de las reservas para la defensa de la Patria; y lo más grave, mantuvo inmóviles a las unidades militares acantonadas en las diferentes provincias del país. En otras palabras, las Fuerzas Armadas ecuatorianas, excepto un débil Escalón de Seguridad conformado por 6 jefes, 35 oficiales y 868 de tropa, no se enfrentaron jamás a las Fuerzas Armadas peruanas. El hecho de haber firmado un convenio con los Estados Unidos para que una misión militar venga al país en reemplazo de la Misión Militar Italiana, y el interés demostrado por los americanos para ocupar sitios estratégicos que le permitan defender el Canal de Panamá, pudo haber generado el convencimiento del presidente Arroyo, de que el presidente norteamericano impediría la invasión peruana. Lo que, es más, así lo manifestó en su discurso ante el Congreso Extraordinario, en el sentido de “haberse abstenido de aumentar el Ejército en la zona fronteriza, en aras de la confraternidad americana”. 

Su falta de visión le llevó a incumplir con su deber de defender a su país en la frontera con todos sus medios y todos sus hombres. El 7 de diciembre de 1941, los japoneses atacaron Pearl Harbor, sin previa declaración de guerra. Estados Unidos entró a la II Guerra Mundial. Para el Ecuador se había esfumado una mínima posibilidad de que los americanos eviten la invasión peruana.

El Ejército Nacional

Fortalecido desde la refundación de la Escuela Militar, asimila la embestida política y se dedica a sus funciones primigenias claramente establecidas en la Constitución de la República. Todos los mandos militares, en los diferentes gobiernos, civiles o militares, cumplen a cabalidad la programación anual destinada a la capacitación de sus cuadros, a través de los Institutos de educación que buscaban constituirse en la columna vertebral del Ejército. 

La presencia de la Misión Militar Italiana desde 1920 hasta 1940, constituye, a no dudarlo, un pilar fundamental en la profesionalización de la Institución militar. En la enseñanza de los principios básicos de la conducción táctica y estratégica trabajó en la Escuela Militar, en la Academia de Guerra, y en los diferentes cursos de capacitación en cada una de las armas que componen el Ejército. 

El coronel Cristóbal Espinoza Yépez, Director del Centro de Estudios Históricos del Ejército, y autor del libro “La Academia de Guerra del Ejército. Fundación y Desenvolvimiento entre 1920 y 1940: Los Aportes de la Misión Militar Italiana” , en base a una interesante y bien documentada investigación, refiere las actividades realizadas por la misión italiana, en el cumplimiento de su contrato con el gobierno ecuatoriano. Recojo de su libro, algunos pasajes relacionados con el presente ensayo.

Entre las primeras tareas desarrolladas por los oficiales italianos en Ecuador se cuenta la elaboración de un proyecto de Ley Orgánica Militar (1922), a fin de reemplazar la norma creada con el auspicio de la Misión Militar de Chile, presentada el 27 de junio de 1902, y aprobada en 1905. En dicho proyecto de ley se incluyó la composición de la milicia, los detalles de la jerarquía militar, la división territorial del país, la organización de los cuerpos de tropa en tiempo de paz, los servicios logísticos, los establecimientos de instrucción militar, la administración y mando del Ejército y del cuerpo de inválidos, entre otros temas. Más tarde este proyecto se convirtió en ley y entró en vigencia en 1923, manteniéndose así hasta la década de 1940. (…) En el fondo, el objetivo principal consistía en perfeccionar a los oficiales del Ejército ecuatoriano con la finalidad de que estén en las mismas condiciones y solvencia en el arte de la conducción militar que los oficiales de los otros países de la región, particularmente comparados con sus pares del Perú”.  

El 15 de abril de 1923, en el gobierno de José Luis Tamayo, se crea la Academia de Guerra del Ejército, y se reforma el sistema de educación militar. (…) El plan de formación incluía el estudio de la táctica, la organización, la logística, el adiestramiento y la enseñanza del Ejército. Había la necesidad de educar a los oficiales superiores del grado de Mayores y Tenientes Coroneles en procedimientos disciplinarios militares, ejercicios tácticos y maniobras a ser utilizadas en las diferentes zonas de operaciones existentes en el país.   (…) El reglamento dispone los pasos para presentar las solicitudes de admisión; diseña las pruebas que deben pasar los aspirantes; fija los objetivos y dependencia del personal directivo; elabora el plan de estudios de los cursos y los procesos para evaluar y calificar a los alumnos; establece las obligaciones de los alumnos y de los instructores; fija los procesos administrativos y las disposiciones transitorias para el personal de instructores italianos; elabora las normas para evaluar las pruebas físicas, orales y escritas; y por último, señala las asignaturas e idiomas extranjeros a ser dictados por los docentes italianos.  

El primer curso de Estado Mayor inició sus clases  el 16 de abril de 1923. Con algunas interferencias propias de una perversa política nacional, especialmente, en los años treinta, los cursos, con una duración de dos años fueron dados hasta el mes de octubre de 1941. En su intermedio se desarrolló un curso rápido para oficiales de servicios en 1937.

En junio de 1940 se empezó a hablar de la revocatoria del contrato con los italianos. Los rumores fueron acogidos de inmediato por la prensa nacional y generaron expectativas en distintos espacios de la sociedad civil y militar. Las noticias de prensa informaban sobre la posibilidad de reemplazar a la misión italiana por una similar norteamericana. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos gestionaba el envío de una misión militar al Ecuador con el fin de impulsar la instrucción y capacitar a elementos de la Fuerzas Naval y Aérea, a más de alcanzar sus objetivos respecto a la seguridad continental, necesaria ante el inicio de la II Guerra Mundial. 

La Academia de Guerra, consagrada al estudio teórico del arte de la guerra, y la Escuela de Aplicación de Infantería para el perfeccionamiento de los oficiales desde subtenientes a capitanes e incluso, en muchas ocasiones, de mayores y tenientes coroneles, cumplían  a cabalidad su misión de perfeccionar a los  jefes y oficiales en la conducción de las operaciones militares.

El 25 de agosto de 1940, el Ministro de Defensa, Galo Plaza, hacía conocer sobre el cese de las actividades de la Misión Militar italiana, tras el ingreso de Italia a la II Guerra Mundial. “Por razones de carácter internacional, y dada la situación especial en que se han colocado tanto el reino de Italia como el Ecuador, con motivo de la guerra europea, este ministerio [se refiere al Ministerio de Relaciones Exteriores] ha decidido declarar terminadas las labores de la mencionada Misión Militar, dejando la debida constancia de los valiosos servicios prestados por la misma a nuestro Ejército y del entendimiento de verse obligado a tomar esta determinación, por las causas ya anotadas.” 

El general Ángel I. Chiriboga al referirse a la presencia italiana dirá: (…) De la misión militar italiana, puede expresarse sin ambages, la opinión de que ha cumplido sus tareas con satisfacción y empeño; que de ella el Ecuador y su Ejército están satisfechos y que su obra perdurará en las memorias nacionales, con los dictados de eficiente y de proficua en sus resultados” 

No puede pasar desapercibido el doloroso descuido en la formación y capacitación de la tropa, cuya presencia dentro del proceso de organización de un Ejército, tiene una poderosa influencia tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra. Todo el sistema de instrucción descansa en la acción adecuada de los clases. En la parte técnica, se mantiene en forma permanente el funcionamiento de la Escuela de Oficiales Ingenieros, convertida, sin mayor razón en Escuela de Artillería e Ingenieros. El Servicio Geográfico Militar contribuye a la formación militar a través de la elaboración de la Carta Topográfica nacional. Las dos instituciones sirven de fundamento para la extraordinaria actividad cumplida por el Ejército en el campo del desarrollo nacional.

A pesar de la vorágine política del país, en la cual se vio implicado el estamento militar, con la consiguiente pérdida de sus valores fundamentales, entre ellos, la disciplina, al final de la década de 1930, el Ejército había logrado un alto grado de organización. Es comandado desde el ministerio de Defensa Nacional a través de la Inspectoría General del Ejército, responsable de la preparación y eficiencia del Ejército para la guerra; un Estado Mayor General encargado de planificar y elaborar los planes de guerra, y las Zonas militares como entes ejecutores de la instrucción y movilización. Los Servicios que son fundamentales para la atención de las tropas en paz y en guerra estaban en proceso de formación con la presencia de la Intendencia, Sanidad, Químico, Justicia y Veterinaria.

En cuanto a las unidades, en términos generales, se mantienen diez batallones de Infantería, tres unidades de Caballería, tres unidades de Artillería, cuatro batallones de Ingeniería, una unidad de comunicaciones, un servicio de remonta y una compañía de aviación. En el más alto nivel del Estado, un Consejo de Defensa Nacional encargado de estudiar y resolver el problema defensivo de la Nación, integrado por ministros de Estado y por las principales autoridades militares en las cuales se incluye a la Marina y a la Aviación.

En lo referente al equipamiento de material militar y armamento, si bien es cierto que  la situación fiscal del país no era de lo mejor, por haber vivido durante la década con sobresaltos por asuntos de carácter exógeno en el entorno de la geopolítica mundial, especialmente, la crisis financiera de los Estados Unidos,  y por asuntos endógenos generados por una descomposición política del país, el armamento aparecía como medianamente adecuado a las necesidades del Ejército, con fusiles Máuser, cañones de artillería Krupp, artillería de montaña de 65 mm, el fusil ametrallador ZB, la ametralladora pesada Fiat, el material de artillería Ehrhardt 75 de montaña, a más del material que dejó comprometido para su compra el  general Alberto Enríquez, conforme lo manifiesta en un remitido de prensa: 

“Que, cuando fue Ministro de Defensa, constituyó un fondo para la Defensa Nacional, como base para llevar a efecto un Plan de Rearme para Diez Años. Que durante su administración se adquirió material para armar y equipar diez brigadas en pie de guerra; que se compraron cuatro escuadrillas de aviones, que cuando mandaron otros regímenes fueron destruyéndose una tras otra, porque los técnicos contratados para su mantenimiento no fueron conservados por el gobierno que siguió; que se contrató la fabricación en Italia de cuatro grupos de artillería de montaña, habiendo hecho su gobierno el último abono por ellos en junio de 1938, dos meses antes de la fecha de entrega del Poder a la Asamblea.(…) que los gobiernos que siguieron al suyo no volvieron a preocuparse de hacer los abonos semestrales pactados, por lo que las piezas  de artillería contratadas y pagadas en parte, jamás llegaron al país.” 

La afirmación del general Enríquez fue confirmada indirectamente, manifiesta el Sr. general Marcos Gándara, cuando Arroyo escribe: “Imagínese cualquier hombre sensato, lo que habría sucedido, si, por ejemplo, yo hubiera divulgado, con documentos auténticos que tengo en mi poder, cómo, por falta de oportuno pago de dividendos que debieron ser satisfechos y en que se incurrió  no mucho tiempo antes que yo asumiera el Poder, quedó incumplido un contrato de adquisición de elementos bélicos que estaban en camino y tuvieron que regresar.” 

También lo dice en su “lacrimoso” libro “Por la Pendiente del Sacrificio” que remitió en 1995 al Ministerio de Defensa Nacional solicitando autorización para su publicación. “Se celebró un convenio para adquirir armamento en Italia, pero el año 1939, el Ecuador dejó de cubrir la cuota que había de satisfacer, y se paralizó el envío de material”.  Es decir, responsabiliza al Dr. Aurelio Mosquera Narváez que gobernó el país entre el 2 de diciembre de 1938 y el 17 de noviembre de 1939.  Quedaron en el escritorio: las escuadrillas de aviación con las cuales se completaba el grupo de bombardeo liviano y reconocimiento de la Marina; artillería antiaérea con la cual se organizaba unidades con dos baterías de defensa antiaérea en la IV Zona Militar; el grupo de caza para la Base Aérea “Simón Bolívar, entre otros. 

Por primera vez, el mando militar toma conciencia de la situación de abandono del Oriente y crea destacamentos militares y navales bajo la dependencia del Ministerio de Defensa, entre otros, en Montalvo y Zumba. Se organizan en el país los Centros de Instrucción parroquiales para la reserva, entre ellos, uno destinado al Clero Secular no ordenado. Se redoblan los esfuerzos por tener una reserva adecuadamente instruida y entrenada, cumpliendo anualmente lo dispuesto en la Ley de Servicio Militar Obligatorio; sin embargo, conociendo de los problemas presentados desde mediados de julio del año 1939 en la frontera con el Perú, el mando militar, sumiso a las disposiciones del Presidente de la República, dispone o ejecuta la orden de licenciar a la leva de 1939 que terminaba su conscripción en los primeros días del año 1941. 

Al final del año 1940, el Ejército, nuestro Ejército, estaba organizado en todos los niveles del mando, sus institutos de educación en pleno funcionamiento, sus unidades  desplegadas en sus guarniciones de paz, con una fuerza de seguridad en la frontera Sur, con destacamentos en la frontera oriental, y con un armamento y equipo que sin ser de lo mejor, estaba en condiciones de ser empleado adecuadamente para defender la soberanía nacional, por un tiempo lo suficientemente largo, para forzar la participación de los organismos internacionales a un proceso de paz.. Entonces, la pregunta es: ¿Por qué fue invadido y ocupado nuestro territorio en el mes de enero de 1941? La respuesta: El Ejército ecuatoriano no combatió. Apenas un Escalón de Seguridad compuesto por militares y policías, con un total de 1.000 hombres enfrentó y fue derrotado por el Ejército peruano. (…) Si en la Historia Militar hay victorias que honran, ésta del Perú, sobre un escaso y mal armado Escalón de Seguridad, no es una empresa bélica que pueda honrar y de la que pueda estar orgulloso un ejército.” 

A manera de conclusiones

- El mando militar, en 1941, no cumplió con la misión más importante de la Institución militar: defender la soberanía nacional. Tuvo temor a la autoridad. Craso error en tiempos de paz y de guerra. En tiempos de paz, puede dar paso a la desaparición de la Institución; en tiempos de guerra a la desaparición del país. 

- Si regresamos a ver al Perú de los años treinta, y analizamos los eventos producidos en nuestro país, en el mismo periodo, estaremos en condiciones de entender las razones por las cuales, el país, en su conjunto, no tuvo la posibilidad de enfrentar a una nación, cuyos objetivos geopolíticos fueron claramente establecidos.

- El gobierno de Arroyo del Río estuvo convencido, a pesar de que todos los eventos previos a la invasión peruana demostraban lo contrario, que los Estados Unidos no iban a permitir jamás un ataque al Ecuador. Se abstuvo de movilizar al Ejército en aras de la confraternidad americana. Le faltó la ética que caracteriza a un líder, cuando se tiene que adoptar, en algún momento, las más difíciles decisiones que pueda enfrentar un ser humano.

- La guerra, si se puede llamar así, había terminado con los resultados acordes a la forma en que el gobierno había sido capaz de responder desde los campos político, diplomático y militar. Su análisis, apartado de cualquier ideología política, nos lleva a concluir que el gobierno de Arroyo del Río, entendiendo como tal a políticos, diplomáticos y militares, fue responsable por error u omisión, del delito de Traición a la Patria.

- El Dr. Julio Tobar Donoso, en respuesta a una carta sobre la situación del país, retrató de cuerpo entero la tragedia de 1941(…) “de cien años de indisciplina solo podía resultar la decadencia de la patria, su postración moral, su invalidez militar.”

- La estrategia más adecuada para alcanzar la seguridad es una política militar defensiva. La conquista militar es difícil y no resulta provechosa. La defensa como tal se constituye en una situación en donde las tres variables: geografía, capacidades militares y recursos ambicionados y utilizables por un potencial agresor favorezcan a la defensa, en cuyo caso, los Estados apoyaran el mantenimiento de un statu quo. Esta tiende a ser la situación corriente en el sistema internacional del siglo XXI.

- Si la historia es construida como un relato de la biografía de una nación, ayuda a consolidar una conciencia nacionalista y a encontrar los rasgos de una identidad nacional que tiene raíces de mucha antigüedad.

- La existencia del Tahuantinsuyo y luego del Virreinato del Perú, han sido rescatados en la memoria histórica oficial peruana como puntos altos de grandeza nacional, de un pasado lleno de esplendor. La creación del Ecuador en 1830 no implicó necesariamente un sentido unificado de nación. Sólo, en 1860, García Moreno promovió una centralización nacional.

- No tuvimos una adecuada configuración del espacio nacional ecuatoriano. Es necesario distinguir un espacio nacional de derecho, que se encuentra definido por tratados internacionales, del espacio nacional reivindicado, que llega a ser la aspiración; y el espacio nacional efectivo, es decir, donde se ejerce el poder del Estado.                                                        

- La conciencia de país débil y agredido, unificó a los ecuatorianos. Pero esta unidad no se tradujo en la construcción de un proyecto histórico que conduzca a su fortalecimiento y al cambio de país débil en país fuerte y de país agredido a país agresor. Fue una unidad frágil sin visión de futuro, que nos llevó, nuevamente, en 1981, a un nuevo fracaso en lo político, diplomático y militar.

- La historia no se escribe ocultando los hechos sucedidos. La historia se escribe reconociendo los hechos, y a partir de ello se construye el futuro del pueblo, de la nación y del Estado.



Los líderes políticos pueden hacer historia, pero no pueden escapar a la historia.


Ensayo publicado en la Revista Presencia No 36 de 2020 de la Asociación de Generales y Almirantes


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