General Patricio Lloret Orellana
El Arma de Ingenieros en nuestro Ejército nace en el siglo XX, el siglo de las luces; en su devenir, el mundo fluctuó entre la hecatombe y el cuidado de la naturaleza, entre el diario de la mañana y la información virtual, entre el cine mudo y la fábrica de sueños, entre la revolución sexual y el lindero con la muerte. En sus páginas están escritas las luchas anticoloniales y su fracaso en la conquista de la paz y la prosperidad, la lucha por los derechos humanos que a veces es gratificante y otras nos llena de vergüenza, el paso de un sólido cristianismo a un creciente ateísmo y a los sincretismos religiosos, la eliminación del proteccionismo industrial y la era de la globalización y por ende, la pérdida de soberanía. En fin, un siglo de inventos, de tecnología, de guerras y de migrantes.
La historia del Arma es la historia del país, porque es consustancial con su desarrollo; en el siglo XX se pasa del clericalismo a la revolución liberal y de esta al socialismo; de los partidos liberal y conservador a una centena de movimientos que no constituyen partidos, de la bancocracia omnipotente a la desgracia nacional de la banca. El siglo pasado fue un siglo de agitación política; nace con un caudillo, se nutre de dictaduras, más civiles que militares y de éstas últimas, la mayor parte o casi todas como producto de la inoperancia de las elites políticas en la conducción de los destinos de la patria.
En la balanza de la historia su presencia- la de los militares- en los más altos estamentos de la conducción política del Estado, el peso de lo positivo, constructivo, progresista y patriótico aportado por ellas es mayor que el peso de lo negativo. La democracia ha sido un cuento en donde los grupos de poder y los caciques regionales protagonizan la farsa de interminables elecciones e inacabables forcejeos.
En las relaciones internacionales, especialmente con el Perú, el siglo XX transcurrió entre el grito de “Marañón o la Guerra” al arbitraje, a la mediación, al Protocolo de Río, a la nulidad del Protocolo, a la inejecutabilidad, a la transacción honrosa y al “kilómetro cuadrado de Tiwinza”. En la política económica hemos sido testigos de la defunción del sucre, luego de una larga enfermedad devaluatoria, hasta llegar a perder la soberanía monetaria con la implementación del dólar. El siglo XX no fue un siglo para nuestra Patria.
La historia del Arma es parte de la historia del Ejército, que inicia el siglo XX con los montoneros de Alfaro, desorganizado, con mandos políticos sin sentido profesional, copando los cargos de la administración pública, apoyando o defenestrando a los gobernantes de turno. Busca su profesionalización a través de la Misión Militar Chilena, la misma que redacta el primer Proyecto de Ley Orgánica; da sus primeros pasos, se crea el Colegio Militar y la Escuela de Clases y cae nuevamente en los avatares de la política nacional, de la cual intenta liberarse con la “Revolución Juliana”. La presencia de la Misión Militar Italiana constituye su segundo paso en sus empeños por modernizar y profesionalizar a sus miembros y lo consigue mediante la creación de importantes centros de enseñanza y capacitación en todas las armas, tanto operativas como técnicas; edición de manuales y reglamentos y redacción de la nueva Ley Orgánica Militar. Su presencia sentó las bases para la estructuración de un Ejército organizado y consciente de su profesión.
1941 se constituye en su año trágico, abandonado y manipulado por el poder político, sin capacidad de reacción ante la invasión peruana, ve con indignación caer a la provincia de El Oro y con impotencia la firma del Protocolo de Río.
1981 se constituye en el año de inicio de la reivindicación, es un Ejército profesional, organizado, medianamente armado y equipado, pero dispuesto a mantener la soberanía nacional y la integridad territorial. El conflicto de “Paquisha” deja sus lecciones, se revisan y depuran los planes, se fortalecen las líneas defensivas, se multiplican los ejercicios de campaña, se revisa la logística y se la descentraliza adecuadamente, se construyen las vías necesarias para llegar a los destacamentos mas adelantados del dispositivo defensivo, se mejoran las instalaciones de sus unidades y se trabaja en el bienestar del personal militar y de sus familiares. Por otro lado, se fortalecen las relaciones con la población civil, especialmente con la población marginada y la población indígena, a través de los programas de acción cívica y de apoyo a la comunidad. El periodo 81-95 se constituye en el de mayores realizaciones al interior de la Institución Armada.
La Campaña del “Cenepa” se constituye en la cima de este proceso y fue el resultado de ese esfuerzo consciente, realista, mancomunado y patriótico de todos los miembros de la Institución Ejército, que sumados a la participación profesional de las otras Fuerzas, le permitieron al país, en su conjunto, alcanzar una victoria militar, que en su sentido más profundo, devuelve a todo un pueblo la certidumbre de su dignidad y la fe en sí mismo.
A finales del siglo XX e inicios del presente, la siempre inconsistente política nacional vuelve a introducir sus tentáculos al interior de las Fuerzas Armadas y les convierte en tutor y arbitro de sus desatinos; la Institución Militar deja de ser la garante del ordenamiento jurídico para convertirse en juez y parte de procesos que apartados de las normas constitucionales han llevado al país a una situación de desesperanza, de pobreza y de frustración. Hoy se quiere eliminar de la Constitución Política una misión de las FF.AA., pensando que su simple eliminación soluciona los problemas ancestrales que arrastra la falta de consolidación de las Instituciones democráticas.
Las Fuerzas Armadas con o sin misión escrita en la Constitución, seguirán siendo en última instancia las que garantizarán el ordenamiento jurídico del país, hasta cuando la sociedad civil a través de sus representantes en la política nacional sea capaz de generar instituciones democráticas fuertes y organizadas. Lo que vive el Ecuador a inicios del siglo XXI es el desencanto de veinte y seis años de democracia, producto de sus paupérrimos resultados en el área política, social y económica, espacio en el cual los gobiernos autoritarios encuentran su oportunidad.
El siglo XXI encuentra a una Institución Armada enfrentada a sus propios errores administrativos de los cuales se han aprovechado todos aquellos mezquinos que buscan la desaparición de las Fuerzas Armadas, bajo el deleznable argumento de que las relaciones con el Perú no volverán a suscitar un conflicto en la frontera. Agentes externos e internos nos quieren hacer creer que la globalización conlleva la desaparición del concepto de conflicto, sin considerar que éste y la búsqueda de la paz, son partes constitutivas de la condición humana. Las Fuerzas Armadas están legitimadas no por la existencia de conflictos, sino por la existencia del estado. La solución a los problemas de la patria no está en la disolución o reducción de elementos de la Institución Armada, ni en quitarle ni darle nuevas misiones; sino al contrario, en desarrollar medidas inteligentes que permitan optimizar sus recursos humanos y materiales.
Las Fuerzas Armadas siguen siendo el referente ético de la nación, y el pueblo ecuatoriano, aquel que no puede expresarse a través de la televisión o mediante el uso de una columna en las páginas editoriales de los periódicos, sigue creyendo en ellas y las apoya decididamente. Las Fuerzas Armadas están conscientes, no de ahora, desde mucho antes, que existen leyes y reglamentos obsoletos que tienen necesariamente que ser reformados y actualizados, a más de otros aspectos de carácter administrativo, operativo, de imagen y transparencia, cuyo tratamiento debió comenzar al siguiente día del 28 de Octubre de 1998 en que se firmó la paz con el Perú, lamentablemente no se emprendió; por ello, el Ministro de la Defensa ha formulado con entereza y visión los ejes sobre los cuales debe modernizarse a las Fuerzas Armadas; de ellos, considero que dos son los más urgentes: la operatividad de la Institución y su marco jurídico. En lo primero, serán las Fuerzas Armadas las que deban proponer los cambios que mas convengan al país, para su discusión en el nivel Legislativo, y no como es la pretensión de un diputado asesorado por algunos militares resentidos, que buscan encontrar en los acontecimientos del 20 de Abril, el motivo para reestructurar operativa y administrativamente a las Fuerzas Armadas, a través de un proyecto de ley elaborado a las espaldas de la Institución. En lo segundo se debe considerar que la lucha contra el narcotráfico, proceso inducido por una suerte de geopolítica internacional, la seguridad ciudadana y el control del orden público, más que convertirse en una lucha armada contra la delincuencia, tienen que ser considerados como una política de estado, y por consiguiente, conducidos por los poderes y autoridades civiles a través de los organismos que corresponden; es decir, la Policía Nacional y el sistema judicial. Utilizar a las FF.AA. en esos fines conlleva una distorsión y, al mismo tiempo, un riesgo permanente, porque queda abierta la posibilidad de involucrarse en casos de corrupción.
Las Fuerzas Armadas se han fraguado en mil batallas y sus problemas internos y aquellos que se relacionan con la sociedad serán enfrentados con la misma entereza con la cual oportunamente supieron hacerlo en momentos críticos para la Patria. El progreso de las Instituciones es un largo proceso en el cual caben los errores y los aciertos. La historia del Arma de Ingenieros plasmada en documentos sirve para comprender sus vicisitudes, sus momentos de penuria, sus etapas de grandeza, en ese constante camino entre sima y cima que es propio de las instituciones, de las civilizaciones, de los hombres. La Ingeniería militar ha estado siempre de la mano con la patria, inmersa en el desarrollo nacional, en la defensa del país; por ello, se destaca su presencia en la vialidad nacional, en la Educación, en la Cartografía, en la Industria, en la defensa de la soberanía nacional.
La Ingeniería Militar del Ecuador se inicia en los albores del siglo XX, cuando en otras latitudes su presencia había alcanzado la mayoría de edad, de allí que es explicable la argumentación que hace la Misión Militar Chilena para formular su creación el 27 de junio de 1902, cuando genera su acta de bautizo; sin embargo, sus primeros veinte años son de olvido, en medio de un Ejército político y poco profesional en el cual se desenvuelve a través de sus dos Batallones que transitan en la geografía nacional, sin objetivos, sin equipo, sin doctrina, sin ser ni unidades de Ingenieros, ni unidades de Infantería.
La llegada de la Misión Militar Italiana en la década de los años veinte, significa el primer gran paso en la implementación de su infraestructura; de la mano de los italianos surge el primer curso especial de Ingeniería y con ello, la ciencia y la tecnología en las filas del Ejército nacional; es el inicio de un largo proceso académico que culmina apenas unos años atrás con la sólida presencia de la Escuela Politécnica del Ejército en el concierto de la Educación Superior del Ecuador; en su intermedio , una lucha tenaz para vencer los egoísmos de propios y extraños y la odiosidad de grupos minúsculos hacia todo lo que constituye la clase militar. De la misma Misión Militar Italiana nace el Servicio Geográfico Militar, simiente del actual Instituto Geográfico, y que sin lugar a dudas es el logro más significativo de la mencionada Misión.
La Cartografía Nacional es el aporte más valioso que el Ejército a través de la Ingeniería Militar podía haber ofrecido al país; con ella, se pone a disposición de los ecuatorianos de las herramientas indispensables para la Defensa Nacional y para su Desarrollo, a través del ordenamiento territorial, de la zonificación ecológica, del levantamiento de sus recursos naturales, del monitoreo ambiental, de los catastros y más sistemas de información geográfica que este Instituto pone a disposición de las entidades públicas y privadas del País. Es hora de contar con una nueva Ley de la Cartografía Nacional, puesto que la actual con sus años a cuestas, no es la herramienta más adecuada para fortalecer esta rama tan importante para la vida del país.
Los miembros de la Misión Militar merecen el homenaje de la Ingeniería, especialmente de aquellos como Giacomo Roca, Alberto Inzani y Humberto Ravazzoni, verdaderos precursores de la educación y de la cartografía en el Arma de Ingenieros, al igual que oficiales ecuatorianos como Angel I. Chiriboga, Alberto Enríquez Gallo, Telmo Paz y Miño, entre otros, que hicieron posible el despegue del arma a través de Instituciones como la Escuela de Ingenieros y el Instituto Geográfico Militar. Igual homenaje se merecen sus fundadores: Eloy Alfaro, Leonidas Plaza; sus organizadores: Luis Cabrera, Ernesto Medina, Luis Bravo, Julio Franzani; los visionarios: Marco Subía, Rafael Rodríguez, Alejandro Segovia; los ejecutores: oficiales y tropa de la noble Ingeniería que con su trabajo y muchos con su vida cruzaron de caminos y de obras la extraordinaria geografía nacional u ofrendaron sus vidas en defensa de la Patria, en todas las ocasiones en las cuales las Fuerzas Armadas tuvieron que intervenir para asegurar la integridad territorial.
Terminada la misión de los italianos, el Arma de Ingenieros como tal, excepto la educación y la cartografía, siguió sumida en el olvido de los mandos militares; a la presencia de los Batallones “Montúfar” y “Chimborazo”, cuya historia es rica en acontecimientos, se suma la creación de los Batallones de Ingenieros “Esmeraldas”, “Ricaurte” y “Córdova” que pasan desapercibidos, como unidades de Infantería en diferentes lugares del país, de su historia no se ha podido recoger elementos valiosos que signifiquen un aporte a la historia del Arma de Ingenieros.
La década de los años sesenta con la presencia de la ayuda “MAP” americana y la creación fundamental del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, se constituye en una segunda y definitiva instancia de florecimiento del Arma de Ingeniería en el Ecuador. Se trabaja con visión de futuro en su fortalecimiento, mediante la unificación de sus escasos recursos humanos y materiales, para ponerlos bajo un mando único, técnicamente preparado y en condiciones de implementar su doctrina de empleo para apoyo de las operaciones militares y para el apoyo al desarrollo nacional.
La preparación técnica de sus oficiales, la planificación adecuada de sus obras, la ejecución honrada y puntual de las mismas, y el espíritu de superación de sus componentes le permite al Arma en las dos décadas siguientes, esto es, de 1970 a 1990, a convertirse en el referente institucional más importante del Ejército en el campo del desarrollo nacional, especialmente de la vialidad ecuatoriana, y dentro de ella la de la Región Amazónica; en el brazo ejecutor para la construcción de la nueva infraestructura de la Fuerza Terrestre, y en un elemento sólido de apoyo a las operaciones militares. La presencia de los Ingenieros militares en los mas altos estamentos del mando institucional, la labor de la Escuela Politécnica del Ejército en el seno de la Educación Superior, la tecnificación del Instituto Geográfico Militar para la ejecución de la cartografía nacional y el aporte de la Dirección de Industrias del Ejército en el campo industrial, habían colocado a la Ingeniería en el sitial más importante de su historia. Pensar que ahora en pleno siglo XXI, a través de la ley se quiera coartar la participación de las FF.AA. en el desarrollo nacional.
Al iniciar este nuevo siglo, el arma de ingeniería, dentro de su permanente afán de modernización, debe emprender en procesos que le permitan precautelar adecuadamente la generación de sus recursos humanos, buscar alternativas para mejorar la formación técnica de sus oficiales y personal de tropa mediante una participación más activa y cercana en los frentes de trabajo que mantiene el Cuerpo de Ingenieros; intentar una reingeniería de sus unidades, a fin de fortalecer sus orgánicos y participar en misiones de apoyo al desarrollo y en las misiones de paz, y estar mejor preparados para apoyar eficientemente las operaciones militares. Con mucha razón, la Misión Militar Italiana en sus considerandos para la organización de un Cuerpo de Ingenieros decía que “…el objeto principal de las unidades de Ingenieros deberá ser el de la instrucción técnica de los oficiales y de la tropa, tanto teórica como práctica”.
La historia del Arma de Ingenieros al cumplir sus ciento tres años de creación, es mucho más de lo que se ha escrito, con toda seguridad existirán muchos y valiosos documentos que complementan su paso por la historia nacional e institucional. A las nuevas generaciones de Ingenieros Militares, a aquellas promociones que abren sus alas donde cierran las anteriores, para volar mas lejos, siempre más, sin programas que marquen un término, sino ideales que señalen el camino, les toca ser actores y alcanzar nuevos objetivos que permitan fortalecer al Arma y resguardarla de los que intentan dividirla. Lo que nos debe importar y obligar a todos los componentes del Arma es mirar el futuro, prepararnos para servir mejor a la Institución y a la Patria, aprender de los errores haciendo una adecuada lectura de la historia y responder con altura y trabajo a los nuevos retos que la seguridad y el desarrollo nos imponen.
Mi llamado cordial a los hombres del castillo y del verde esperanza para cerrar filas de modo responsable y prudente, a fin de conformar un frente monolítico y solidario que nos permita retomar la senda del progreso, de la técnica, de la solidaridad y del trabajo, que ha sido por siempre la que ha seguido con honor e hidalguía nuestra siempre querida Arma de Ingenieros.
Quiero agradecer en este acto, al Cuerpo de Ingenieros, al Instituto Geográfico, a la Escuela Politécnica, a la Dirección de Industrias, en las personas de sus Comandantes y Directores, por haberme permitido poner en circulación una segunda edición de la historia del Arma, en el afán de que los jóvenes ingenieros se compenetren de ella y se sientan orgullosos de pertenecer a la misma; ellas, las instituciones, son y seguirán siendo la estructura fundamental sobre la cual se asienta el Arma de Ingenieros.
Quiero destacar y felicitar por los logros que han alcanzado cada una de las instituciones del Arma al inicio del siglo XXI; quizá por estar más cercano a las actividades del Cuerpo de Ingenieros, debo resaltar dos hechos de suma importancia: el desarrollo y posterior certificación de un Sistema Integrado de Gestión en aspectos de calidad, medio ambiente y seguridad y salud ocupacional, del cual ustedes tomaron debida nota al inicio de este acto, y cuya trascendencia va más allá de una certificación, pues se constituye en la primera y única entidad del sector público en alcanzarla y mantenerla. En su desarrollo, quedaron largos años de intensa labor de sus miembros; lo que es más, lograron concientizarse a si mismos de que el camino tomado solo tiene una meta, el mejoramiento continuo.
El otro hecho importante está dado por su participación en las misiones de paz de la Organización de las Naciones Unidas en Haití, no como observadores, sino como actores importantes en la conformación de una compañía de construcciones horizontal, conjuntamente con el Ejército de Chile. El primer contingente cumplió a cabalidad su misión, mediante la reconstrucción de carreteras, campamentos, aeropuertos, sistemas sanitarios y otros destinados a mejorar la calidad de vida de un país en el cual también la democracia ha sido un mito y sus políticos un fracaso. Aspiremos como ecuatorianos a no tener contingentes de paz en nuestro país.
Esta participación tendrá sus frutos a futuro, cuando el Ecuador este siempre invitado a participar en actividades humanitarias con el empleo del Arma de la paz; por otro lado, servirá para que los mandos del Arma reflexionen en la necesidad imperiosa de reorganizar operativa y técnicamente a sus unidades.
Mi homenaje al Arma de Ingenieros, noble en sus propósitos, objetiva en sus proyecciones, contundente en sus realizaciones. Mi exhortación a los miembros del Arma: oficiales, voluntarios y empleados civiles para que se nutran y hagan florecer los valores institucionales; es decir, la lealtad, la responsabilidad personal, el servicio desinteresado, la sana competencia, la valentía y la honestidad, que constituyen el alma y el corazón de la Institución.
La legitimidad de su esencia deriva de estos valores. Su razón de ser trasciende el interés propio del individuo, en favor del bien superior. Privilegiar la imagen personal y profesional a expensas del comportamiento ético, no debe tener cabida en la vida militar, puesto que ello conlleva a los individuos a romper las reglas cuando deciden que no les favorece, a distorsionar la verdad cuando no apoya su visión del mundo y a culpar a los demás por sus propias fallas.
Quito, 27 de Junio de 2005
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