Mostrando entradas con la etiqueta militar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta militar. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de octubre de 2022

Breve Resumen Histórico del Ejército Ecuatoriano en los siglos XIX y XX

                                                                                                    Gral. Patricio Lloret Orellana


                                            El Ejército en el siglo XIX


El siglo XIX fue un siglo dinámico caracterizado por cambios acelerados en las estructuras económicas, políticas y sociales de los países europeos. La independencia de América sumada a la reorientación del colonialismo sobre África y Asia, reorganizaron el mapa geopolítico del mundo. Se consolidó el sistema republicano y democrático como forma de gobierno en Occidente, y el inicio de la decadencia de las monarquías absolutistas. Consolidada la independencia, las nuevas repúblicas se vieron con serios problemas en la conducción política, al no existir la experiencia de autogobierno, como se quejó amargamente Bolívar. Los primeros intentos de establecer algún grado de soberanía popular fracasaron casi en todos los países, dando paso a décadas de turbulencia política en las cuales asomaron los caudillos, la mayoría de ellos desde el estamento militar que, condujo o participó en las guerras de la independencia. Los primeros esfuerzos de organización del gobierno demostraron lo lejos que había quedado la revolución que había conmovido a las colonias inexpertas para obedecer y para intervenir en las funciones de la república.


El nacimiento del Ejército ecuatoriano


La disposición emitida por Bolívar en el año de 1827, de crear el ejército que combatiría con el Ejército peruano, se constituye, sin lugar a dudas, en el origen del Ejército ecuatoriano. La conformación de una División en base de la Tercera auxiliar de Colombia, relevada en Lima, y las unidades del Departamento del Sur, se encuentra lista, el 28 de enero de 1829, para iniciar la campaña de treinta días que le llevaría a la victoria de Tarqui. Este ejército fue el último de Colombia en el Distrito del Sur, transformándose, luego, en el primero de la nueva República. El 13 de mayo de 1830 se redactó el acta de separación de la Gran Colombia. El 14 de agosto se reunía, en Riobamba, la primera Asamblea Nacional Constituyente; y, el 11 de septiembre se dicta la primera Constitución, misma que, en lo que corresponde a la institución militar manifiesta: “Art. 51. El destino de la fuerza armada es defender la independencia de la patria, sostener sus leyes y mantener el orden público. Los individuos del ejército y armada están sujetos en sus juicios a sus peculiares ordenanzas.”


Se inicia el periodo Floreano, cuya duración avanza hasta 1845; es decir, largos quince años de alzamientos militares, muchos de ellos planificados y ejecutados desde el exterior a favor o en contra de quienes dirigían la política nacional. Nacen las tropas gobiernistas y las revolucionarias, cuyos encuentros, victorias y derrotas irán marcando la historia nacional hasta bien avanzado el siglo XX. Estuvo colmado de errores y de sacudimientos, siendo estos últimos la consecuencia de aquellos. (Cevallos. 392) Elegido Rocafuerte como Presidente de la República por la Convención de Ambato, se inicia un primer proceso de modernización del ejército. Se dicta la ley de 7 de abril de 1837 creando la conscripción militar, cuya finalidad fue la de depurar de extranjeros las unidades militares. Al siguiente año, convencido de que la seguridad del Estado es una responsabilidad del ejército, dispone, mediante decreto, la creación del Colegio Militar, el 8 de marzo de 1838. El general español Antonio Martínez Pallares fue su primer director.


La presidencia de Gabriel García Moreno


A la llegada de García Moreno a la presidencia de la república, en 1860, las fuerzas armadas, esto es, el ejército y la marina, venían de un proceso de formación y organización desde el inicio de la República, con una marcada influencia española reflejada en la escuela de formación de oficiales creada por Rocafuerte. Asoma en la palestra militar el general Javier Salazar, con el grado de teniente coronel y recibe la orden de marchar sobre Guayaquil contra el general Guillermo Franco. Desde ese momento las dos figuras quedarán unidas en lo personal y en la historia. Hombre culto por excelencia, militar formado académicamente en el exterior, visionario de un ejército dedicado al cumplimiento de su misión fundamental, la defensa de la soberanía nacional. Su presencia permitió alcanzar reformas fundamentales en la institución militar.


En 1869 se aprueba el primer Código Militar. En su contenido se encuentra, entre lo más importante, la composición de la fuerza armada y del Colegio Militar, la escala jerárquica que se emplea para los ascensos, manejo de fondos militares, funciones, obligaciones y atribuciones de cada grado jerárquico, instalación de  las cortes marciales y las leyes penales para los delitos militares.


El 2 de abril de 1869, siendo Ministro de Guerra y Marina el general Francisco Salazar, se reabre la Escuela Militar cerrada por Flores, con el nombre de Escuela Práctica de Cadetes, la misma que inicia su funcionamiento en el convento de San Agustín. Su director fue el sargento mayor Timoleón Flores. Tuvo estrecha relación con la Escuela Politécnica en la cual, empezaron a recibir clases de matemáticas. En los ocho años de funcionamiento se graduaron cincuenta y siete cadetes en los grados de subtenientes y alférez. El gobierno Garciano no pudo excusarse de acometer la tremenda empresa de reducir las tropas a su límite legal, a los oficiales a sus funciones técnicas, a los altos jefes a sus tareas de estudio, preparación y enseñanza. La tecnificación del ejército y el lustre de la carrera militar fueron un gran objetivo Garciano. (Cevallos 488).


Luego del asesinato de García Moreno, la institución armada permaneció aletargada, con cambios insignificantes en su pie de fuerza que, por obligación, más que por convenir a los intereses profesionales, se encargaban los Congresos de cambiarla cada año o cada dos, adecuando su organización a las necesidades de combatir a las montoneras de Alfaro. La presencia de Luis Cordero fue la excepción, pues fue su gobierno el que más contribuyó al mejoramiento de la clase militar. Especial atención tuvo la Escuela Militar. La Ley del 13 de agosto de 1888 facultó al Ejecutivo para restablecerla, asignándole personal de planta y autorizando a tener en su seno hasta 70 cadetes. En 1894 se crea la Comisión Codificadora de las Leyes Militares y se publican reglamentos y textos de conducción militar elaborados por el general Salazar.


El Ejército en el siglo XX


Nada describe mejor al siglo XX que el cambio, la velocidad, la urgencia, el deseo y el miedo de vivir. Siglo de profundas transformaciones sociales, de extraordinario crecimiento económico, de dramáticos sucesos políticos y de incontenible revolución cultural, hechos sin parangón en la historia de la humanidad. Nació y murió en medio de las guerras: las de trinchera, las de movimiento, de penetraciones profundas, de dobles y simples envolvimientos, las aéreas y las navales, las guerras de guerrillas, la guerra atómica, la guerra fría; todas ellas, de una u otra manera, disolvieron imperios, destruyeron generaciones, impulsaron los cambios tecnológicos y forjaron mitos de identidad nacional. El inicio del siglo para el Ecuador fue, ante todo, el comienzo de formas de gobierno, de sistemas sociales, de modalidades constitucionales diversas y aún opuestos a lo que sucedió en el inicio de la República. El Ecuador del siglo XX nace con la presencia del general Eloy Alfaro como Presidente Constitucional de la República, luego de haber asumido el mando supremo el 5 de junio de 1895 y ser nombrado Presidente Interino en octubre de 1896.


La Misión Militar Chilena


Eloy Alfaro realiza todos los esfuerzos posibles por incorporar al país una misión militar chilena que se encargue de organizar el ejército nacional, considerando especialmente, la refundación del Colegio Militar realizado el 11 de diciembre de 1899, de la Academia de Guerra el 31 de enero de 1900; y, de la Escuela de Clases para la instrucción de cabos y sargentos. El contrato de servicios militares de la misión chilena fue firmado en Santiago de Chile el 2 de septiembre de 1899, ante notario público, con el Cónsul del Ecuador en esa capital. La publicación de este contrato recién se hizo en nuestro registro oficial el 18 de enero de 1902, pese a que los contratados prestaban sus servicios profesionales desde el año de 1900. (Lloret 10.)


Una vez conformada la misión militar, sus integrantes se dedicaron a una exhaustiva revisión, análisis y evaluación de las leyes, reglamentos, orgánicos y más documentos que estaban rigiendo para el Ejército y la Armada del Ecuador, con el fin de presentar al ejecutivo un proyecto de Ley Orgánica Militar que, contemple jerarquías militares, división territorial militar, organización de los cuerpos de tropa, servicios anexos y auxiliares, establecimientos de formación y perfeccionamiento de oficiales y tropa, administración y mandos del Ejército. El mayor del Ejército de Chile Luis Cabrera Negrete, jefe de la Comisión, remite al Ministro de Guerra del gabinete del general Leonidas Plaza, don Flavio Alfaro, el proyecto de Ley Orgánica Militar, el 27 de junio de 1902. Fue en el gobierno de Don Lizardo García que se aprueba y publica en el Registro Oficial No. 78 del 11 de diciembre de 1905, en los mismos términos en que fue presentada por la Misión Militar Chilena, y se publica en el Registro Oficial No. 79 de 12 de diciembre de 1905. (Lloret. 13)


La Ley Orgánica recomendaba que los institutos castrenses destinados a la formación, preparación y perfeccionamiento de oficiales y clases del ejército sean: Escuela Militar, Academia de Guerra y Escuela de Clases. El 11 de diciembre de 1899, mediante Decreto Ejecutivo, se disponía la reiniciación de actividades. Al finalizar el gobierno constitucional de Leonidas Plaza Gutiérrez, en septiembre de 1916, concluye en la práctica el movimiento revolucionario de Alfaro, el mismo que sembró las semillas para el nacimiento de un Ejército profesional que lamentablemente se quedó en las buenas intenciones, salvo la

creación del Arma de Ingenieros, reapertura definitiva de la Escuela Militar, la creación del Estado Mayor General y de las Zonas Militares. Faltó el líder que consolide los objetivos trazados en la Ley Orgánica Militar presentada en 1902 y aprobada a tirones en 1905, y el colectivo social que defina las circunstancias y las posibilidades del cambio. Su ausencia determinó la falta de políticas institucionales que eviten las urgencias en la profesión militar. (Lloret .14)


La Misión Militar Italiana


El 19 de octubre de 1920 el Congreso Nacional emite un decreto fundamental para el ejército, disponiendo al ejecutivo que proceda a crear las secciones de ingenieros que a juicio del Estado Mayor sean necesarias y le autoriza a contratar una misión militar europea para la instrucción del Ejército. José Luis Tamayo, Presidente de la República pone el Ejecútese el 26 del mismo mes. A partir del 22 de mayo de 1922 llega al país la misión militar al mando del general Alessandro Pirzio Biroli, acompañado de distinguidos oficiales, con hojas de vida en las cuales constaban las participaciones en las guerras de Italia contra Turquía y Austria, profesorados en las escuelas de especialidades, jefes de regimiento de telegrafistas, zapadores, pontoneros, jefes de Estado Mayor, directores de institutos, etc.; es decir, preparados para la tarea de modernizar la institución militar ecuatoriana. Creyó pertinente, en primera instancia, crear y dar impulso a institutos y escuelas militares para la preparación de oficiales superiores, subalternos y personal de tropa.


Los resultados no se hicieron esperar: organizaron cursos intensivos para las armas de Infantería, Caballería y Artillería; crearon la Escuela de Oficiales Ingenieros, con la cual, nace la educación técnica en el ejército; la Escuela de Pilotaje de Aviación; cursos de radio telegrafía, educación física, hipología. Colaboraron en la instrucción y pensum de estudios de la Escuela Militar. En 1928 crean el Servicio Geográfico Militar y se inicia el levantamiento de la Carta Topográfica Militar. El 15 de abril de 1923 se crea la Academia de Guerra del Ejército y se designa director al coronel Ángel Isaac Chiriboga. El quinto y último curso de Estado Mayor tuvo lugar entre octubre de 1940 y octubre de 1941. El 25 de agosto de 1940, el ministro de Defensa, Galo Plaza, informaba sobre la decisión del gobierno de terminar la relación con Italia tras el ingreso de esta nación a la Segunda Guerra Mundial. El 19 de noviembre se oficializaba el retiro de la Misión Militar Italiana.


La Revolución Juliana


Fue la primera de las revoluciones incruentas que habían de librarse en el país,llevada a cabo por el ejército, como representación política con poder real, el de las armas, para defender los intereses de maestros, intelectuales, militares y burócratas, grupos que se adhieren, en gran medida, a las tesis socialistas. (Moncayo. 431.) No fue una revolución militarista, pues a poco de cumplida, entregó el mando a una junta de gobierno integrada por civiles que, a la postre, se convirtió en la dictadura de una sola persona representada por el doctor Isidro Ayora. El 9 de julio de 1925, el movimiento militar iniciado en la ciudad de Guayaquil y replicado en la ciudad de Quito, depuso a las autoridades provinciales del Guayas, instaurando una Junta Militar presidida por el sargento mayor Idelfonso Mendoza, quien suscribió un manifiesto a nombre de la institución militar. En Quito se instauró la Junta Suprema Militar compuesta por el teniente coronel Luis Telmo Paz y Miño que la presidía, mayores Juan Ignacio Pareja y Carlos A. Guerrero, el teniente Federico Struve y el subteniente Ángel Bonilla.


De la lectura de las firmas que asoman en el documento de creación de la “Liga Militar”, de 25 de octubre de 1924, se puede deducir que, el movimiento juliano se inició en las aulas de la Escuela de Oficiales Ingenieros, con los alumnos que ingresaron el 30 de junio de 1922. Como profesor y jefe de curso constaba Telmo Paz y Miño. El programa de gobierno era amplio y, por ello, difícil de realizarlo en su totalidad, sin embargo, lo conseguido a lo largo de varios años de gobierno personal y estable, estuvo respaldado por el ejército. Se destacó por notorios adelantos y por fundamentales innovaciones sociales, económicas y sanitarias. En lo económico recibieron el impulso de la misión Kemmerer. (Lloret. Boletín 4)


Se promulga la Carta Política No 13 en la vida republicana; en ella, se destacan dos aspectos importantes relacionados con el ejército: la presencia de representantes funcionales en el Congreso Nacional, entre los cuales está un oficial general; y, reaparece el Consejo de Estado, al cual se integra el Inspector General del Ejército como máxima autoridad militar. 1 Los militares julianos inauguraron las intervenciones institucionales del Ejército, pues en adelante todos los gobiernos militares surgidos (1938, 1963, 1972) lo han sido como representantes de todas las Ramas de las Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo, los militares se convirtieron en una fuerza política reformista, nacionalista, populista y hasta cierto punto mesiánica, pues asumieron, como institución, la orientación del Estado y la salvación del país cada vez que, el ejercicio gubernamental de los civiles les pareció caótico y grave para la continuidad de la democracia ecuatoriana. (Paz y Miño. 102)


Los años treinta


La Constitución número trece del país, seudo parlamentaria, con sucesión en el mando de la República en la persona del ministro de Gobierno, trae como consecuencia la presencia de 17 gobiernos, entre constitucionales, dictaduras, encargados del Poder, civiles y militares, que durante los años treinta convulsionaron el panorama político de la Nación. Las crisis políticas en las cuales el ejército tuvo participación directa, fueron el resultado de procesos eleccionarios fraudulentos o amenazas directas a la Constitución del Estado; a pesar de ello, en lo que corresponde a la preparación profesional del personal de oficiales y tropa, en sus respectivas armas y servicios, bajo la supervisión de la Misión Militar Italiana, se había logrado un alto grado de organización.


El ejército es comandado desde el ministerio de Defensa Nacional a través de la Inspectoría General del Ejército, responsable de la preparación y eficiencia del ejército para la guerra; un Estado Mayor General encargado de planificar y elaborar los planes de guerra, y las Zonas Militares como entes ejecutores de la instrucción y movilización. En las unidades operativas, se habían consolidado las armas consideradas como nuevas, esto es, la Ingeniería y la Aviación. Los Servicios que son fundamentales para la atención de las tropas en paz y en guerra estaban en proceso de formación con la presencia de la Intendencia, Sanidad, Químico, Justicia y Veterinaria.


En lo referente al equipamiento de material militar y armamento, si bien es cierto que, la situación fiscal del país no era de lo mejor, y la descomposición política no les permitía a los gobiernos que se sucedían cada “diez meses y días”, a dedicarse a analizar y buscar las mejores alternativas orientadas al desarrollo económico y social del país, el equipamiento y armamento aparecía como medianamente adecuado a las necesidades del ejército, con fusiles Máuser, cañones de artillería Krupp, artillería de montaña de 65 mm, el fusil ametrallador ZB, la ametralladora pesada Fiat, el material de artillería Ehrhardt 75 de montaña, artillería antiaérea con la cual se organiza unidades con dos baterías de defensa antiaérea en la IV Zona Militar, el grupo de caza de la base aérea “Simón Bolívar”, cuyo comandante se sublevó ante el fraude electoral propiciado por Arroyo. Claro que nos hizo falta para efectos de defensa nacional, la artillería moderna adquirida por el general Enríquez y cuyas cuotas de pago fueron suspendidas por Arroyo del Río. Igual nos hizo falta el equipamiento de diez brigadas que el mismo general Enríquez afirma haber adquirido y que posiblemente estuvieron almacenados en las bodegas de Intendencia. De todas maneras, había armamento, equipo y personal preparado para la defensa del país.


Por primera vez, el mando militar toma conciencia de la situación de abandono del Oriente y crea destacamentos militares y navales bajo la dependencia del Ministerio de Defensa, entre otros, en Montalvo y Zumba. Se organizan en el país los Centros de Instrucción parroquiales para la reserva, entre ellos, uno destinado al Clero Secular no ordenado. Se redoblan los esfuerzos por tener una reserva adecuadamente instruida y entrenada, cumpliendo anualmente lo dispuesto en la Ley de Servicio Militar Obligatorio; sin embargo, conociendo de los problemas presentados desde mediados de julio del año 1939 en la frontera con el Perú, el mando militar, sin una adecuada Apreciación de la Situación, dispone o ejecuta la orden de licenciar a la leva de 1939 que terminaba su conscripción en los primeros días del año 1941.


Al final del año 1940, bajo el mando del Comandante en Jefe del Ejército, Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río, conforme lo establece la Constitución de la República, el Ejército, nuestro Ejército, estaba debidamente organizado en todos los niveles del mando, sus institutos de educación en pleno funcionamiento, sus unidades desplegadas en sus guarniciones de paz, con una fuerza de seguridad en la frontera Sur, con destacamentos en la frontera oriental, con reservas instruidas, con una conscripción militar estudiantil en apoyo a las reservas, y con un armamento y equipo que sin ser de lo mejor, estaba en condiciones de ser empleado adecuadamente para defender la soberanía nacional, por un tiempo lo suficientemente largo, para forzar a un enemigo a negociar la paz. La década de los años treinta fue para el Ejército, conforme lo comprueban los documentos oficiales, un periodo de permanente preparación de sus cuadros para el cumplimiento de su misión primigenia, defender la soberanía nacional.


Los conflictos bélicos con el Perú


El inicio de la guerra en Europa fue determinante para que la Misión Militar italiana que fue contratada en el gobierno de José Luis Tamayo, en enero de 1922, iniciara el proceso de retorno a su país. Con toda seguridad, la influencia de los Estados Unidos respecto de la permanencia en Ecuador, de una misión militar de un país aliado a Alemania, debe haber agilitado su salida, la misma que se dio oficialmente en agosto de 1940, conforme el anuncio realizado por el ministro de Defensa Nacional Galo Plazo Lasso, dando por terminado el contrato “por razones de carácter internacional”. Al finalizar el año cuarenta, la amenaza peruana estaba claramente identificada por todos los organismos civiles y militares del país, excepto por el Presidente de la República. No quiso ver en los informes militares, en la prensa, en los servicios de información del exterior, la preparación bélica del Perú. Creyó que los países “amigos” (léase Estados Unidos) iban a anteponer sus buenos oficios para impedir una invasión militar peruana.


La guerra, si se puede llamarla así, había terminado y sus resultados fueron acordes a la forma en que el gobierno ecuatoriano había sido capaz de responder desde los campos político, diplomático y militar. El conflicto no fue evaluado en ninguno de estos campos del poder, ni se hizo empeño alguno para enmendando errores, empezar a prepararse convenientemente para defender la patria. De este conflicto hasta 1981 pasaron cuarenta años en que la despreocupación de los ecuatorianos a las cuestiones esenciales de la nación, alentaron en gran medida el proceder de la política internacional peruana. El conflicto del 81 volvió a desnudar nuestras debilidades. El análisis de los hechos desde el punto de vista político, diplomático y militar, llevan a concluir que el gobierno de Arroyo del Río fue responsable por error u omisión del delito de traición a la patria.


Los resultados del Conflicto de la Cordillera del Cóndor fueron traumatizantes para los ecuatorianos, porque al tomarse la decisión de instalar los destacamentos en la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor, no se consideró debidamente el real poder nacional y militar del país frente al Perú; tampoco la muy probable reacción de ese país. (Gallardo. 532) El resultado del Conflicto del Cóndor se constituyó en el punto de partida para iniciar reformas fundamentales en la organización, equipamiento, entrenamiento y empleo de las fuerzas armadas.


La guerra del Cenepa


Al cumplirse 25 años de la última guerra del siglo XX en América, la Academia Nacional de Historia Militar presentó el libro “La Guerra del Cenepa: 25 años”, el mismo que incluye el testimonio de primera mano de los principales protagonistas de la guerra, así como el análisis de los escenarios geopolíticos en América del Sur, la situación del país y de las Fuerzas Armadas antes, durante y después del conflicto. El objetivo fundamental de este libro, a más de ser un aporte a la investigación histórica, era el de fortalecer la pertenencia, el civismo y el patriotismo de sus fuerzas armadas y del pueblo ecuatoriano.Para lograr este objetivo era necesario que el libro pueda estar en manos de las embajadas, agregadurías militares, comandos de fuerza, bibliotecas; y, en manos de cada uno de los miembros de la Institución Militar. Apenas fueron editados los necesarios para entregar a los invitados especiales, en Quito y Guayaquil, que asistieron al lanzamiento del libro en el mes de enero de 2020.


Quiero entender que, la prohibición de conocer la historia nacional, generada por el gobierno de la revolución ciudadana, y que aún se encuentra vigente, fue el motivo para evitar la circulación de tan importante obra. Para efectos de este ensayo, pondré a consideración del lector, algunas conclusiones consignadas por quienes estuvieron al frente de las operaciones militares:


- La victoria del Cenepa fue el resultado de un profundo anhelo de reivindicación nacional, y la culminación del trabajo que realizaron silenciosamente las Fuerzas Armadas por muchos años para estar en condiciones de cumplir su sagrado deber. Fue también la consecuencia de las aportaciones económicas que responsablemente realizaron los gobiernos, unos con mayor convicción que otros, para preparar oportunamente la defensa nacional. (Gallardo. 105).


- La conducción de la guerra la realizó el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Ecuador emitiendo órdenes a los teatros de operaciones terrestre, naval y aéreo. Durante la conducción, no se cumplieron los plazos establecidos en el plan de guerra, ya que primó el factor sorpresa, anticipándonos en la movilización, concentración y despliegue de nuestras fuerzas. (Bayas. 122)


- La Campaña de 1995 fue exitosa. La preparación de más de una década, la oportuna concentración y despliegue de las fuerzas y el amarre estratégico realizado por las unidades, que no estuvieron empeñadas directamente en operaciones bélicas, disuadió al agresor de ampliar el conflicto para tomarse una prenda territorial que fue la tesis de los “halcones” nacionalistas militaristas del Perú. En cuanto a los objetivos tácticos, operativos y estratégico militares, se los alcanzó a cabalidad, permitiendo a la conducción política nacional la suficiente libertad de maniobra para una negociación digna, en los días del conflicto armado y en la compleja trayectoria hacia la consecución del fin supremo de toda guerra: la paz digna, a fines del año 1998. (Moncayo. 217)


- Armar, equipar, entrenar a las reservas para enfrentar un conflicto bélico que pudo, en cualquier momento, convertirse en una guerra declarada entre Ecuador y Perú, no era un asunto de todos los días. Había que tomar decisiones inmediatas encaminadas a conseguir los fondos internos y externos que faciliten su adquisición. Era indispensable sortear el embargo internacional de armamento impuesto por los Estados Unidos. Era necesario recordar direcciones y recuperar amistades dispuestas a apoyar al país desde el exterior. Fue indispensable generar procedimientos que eviten las largas colas de vendedores de todo tipo, desde pañuelos hasta misiles. La exigencia de presentar garantías bancarias por los montos de las ofertas ahuyentó a una gran cantidad de ellos. (Lloret 137)


- En el Conflicto del Cenepa se volaron 1.500 misiones de combate que dejaron grandes experiencias para quienes participaron en ellas. Las valerosas y patrióticas acciones que se llevaron al cabo deben ser conocidas por todos los soldados de las Fuerzas Armadas y por toda la ciudadanía ecuatoriana para que sirvan de ejemplo y motivación para seguir adelante buscando la paz y la prosperidad del pueblo y de la Patria. (Bucheli. 273)


- La Patria está nuevamente amenazada, nos cabe el honor de defenderla en nuestra frontera marítima. Estoy seguro que todos y cada uno de nosotros oficiales y tripulantes seremos capaces de hacer renacer Jambelí: hito de gloria, no pasarán. ¡Viva la Patria! (Gálvez. 266).


- Cuatro siglos después, defendiendo su territorio, un ejército de soldados provenientes de todos los rincones del Ecuador, unas Fuerzas Armadas que contaban con el respaldo de su pueblo, enfrentaron la agresión de un ejército mucho más numeroso, propiciada por el delirio populista de un gobernante que no dudó en usar el conflicto armado para favorecer sus intereses políticos. (Andrade David. Editor. 356)


Una visión desde el exterior


- “La limitada victoria del Ecuador en el Cenepa origina una nueva entrada en el antiguo conflicto. Ecuador ha logrado una victoria militar sobre el Perú por primera vez desde la batalla de Tarqui en 1829. Los ecuatorianos integraron exitosamente estrategias militares, operaciones y tácticas con una acertada campaña de información en ambos niveles, lo nacional (diplomacia) y en lo militar (operaciones psicológicas) este es un logro significativo para la nación ecuatoriana.” (Gabriel Marsella. Escuela Superior de Guerra del Ejército de Estados Unidos. (Guerra del Cenepa. 25 años. 133)


- La peor derrota desde 1879: “Jamás nuestra Fuerza Aérea ha sufrido pérdidas de esa envergadura, y todo esto frente a un adversario al que Perú siempre había derrotado cuando se atrevió a agredirnos y desalojado cuando se infiltró en nuestro territorio, tanto en 1941 como en 1981, para no hablar de lo ocurrido en el siglo pasado.” (Fernando Rospigliosi. La peor derrota. Caretas. Guerra del Cenepa. 25 años. 133)


Bibliografía:


Academia Nacional de Historia Militar. Historia Militar del Ecuador. El Ejército Nacional. Moncayo Paco.

Academia Nacional de Historia Militar. Boletín 4. La Misión Militar Italiana. Lloret Orellana Patricio.

Academia Nacional de Historia Militar. Boletín No 5. El Ejército de los años treinta. Lloret Patricio

Academia Nacional de Historia Militar. Historia Militar del Ecuador. De Paquisha al Cenepa.

Gallardo José.

Academia Nacional de Historia Militar. La Guerra del Cenepa. 25 años. Quito, enero de 2020

Cevallos García Gabriel. Historia del Ecuador. 1987

Centro de Estudios Históricos del Ejército. Tomos 2,3,4,5. Macías Núñez Édison.

Lloret Orellana Patricio. 100 años de la Ingeniería Militar en el Ecuador. IGM. Junio 2002

Paz y Miño Juan. Revolución Juliana y salud colectiva. 

lunes, 27 de abril de 2020

CODIGO MILITAR

Antecedentes
La noche del  16 de enero de 1869, García Moreno[1] apoyado por el comandante general del distrito de Guayaquil y el coronel Francisco Javier Salazar[2], dan un Golpe de Estado al gobierno encabezado por Javier Espinosa[3] y se proclama como Jefe Supremo. A día seguido, los vecinos de Quito acuerdan que, (...) desde esta fecha cesa el actual gobierno en el ejercicio de su autoridad, y se encarga el mando de la República, en calidad de Presidente Interino, al señor doctor Gabriel García Moreno, y como Vicepresidente Interino al coronel Manuel de Ascásubi”[4]. El pronunciamiento popular es editado en el Registro Oficial “El Nacional” del 29 del mismo mes. Se nombra como Ministro de Guerra y Marina al coronel Francisco Javier Salazar.
El 21 de enero se decreta  estado de sitio en  la ciudad de Guayaquil. Se convoca a la reunión de una Convención Nacional para el 16 de mayo de 1869. El Presidente Interino de la República, en nombre de Dios, la declara instalada. En su discurso, felicita al Ejército por su apoyo y le recomienda a la Convención como objeto de gratitud. (...) Era el ejército que acabó con la amenaza peruana en la toma de Guayaquil, que venció la empresa pirática del urvinismo en Jambelí, que acabó con el alzamiento de Veintimilla en Guayaquil. Y, por supuesto, la que secundó su toma del poder. Reclamó para el ejército modernización de su equipamiento y profesionalización, con un colegio militar.”[5] Habla sobre la nueva Constitución, que constituía la razón de ser de esa Convención: (...) El proyecto de Constitución que os será presentado, contiene las reformas que en mi concepto demanda más imperiosamente el orden, el progreso y la felicidad de la República. Dos objetos principales son los que he tenido en mira: el primero, poner en armonía nuestras instituciones políticas con nuestras creencias religiosas; y, el segundo, investir a la autoridad pública de la fuerza suficiente para resistir a los embates de la anarquía.”[6] Finaliza su mensaje renunciando a su calidad de Presidente Interino. Aceptada  su renuncia, se nombra como encargado del poder ejecutivo al Vicepresidente Manuel de  Ascásubi, quien pide y posesiona a García Moreno como Ministro de Hacienda.
La Convención Nacional se constituye en la  octava Asamblea Constituyente que duró 104 días y estuvo conformada por 30 miembros; entre ellos, dos generales y un teniente coronel. Actuaba como Presidente de la Asamblea el Dr. Miguel Carvajal, y como Vicepresidente el doctor Elías Laso  El 29 de julio  se realizó la sesión solemne de la Convención Nacional en la iglesia de la Compañía, en la cual se leyó la nueva Constitución y el decreto de su promulgación. Se procedió a elegir al nuevo Presidente Constitucional del Ecuador, votación que recayó en la figura de García Moreno, con 28 votos, uno a favor del general José María Guerrero y uno por el general Secundino Darquea. Al asumir la Presidencia, ostentaba el cargo de General en Jefe del Ejército, función que le fue conferida mediante decreto ejecutivo de 19 de mayo de 1869
La Constitución nacida de esta Asamblea, se la conoce como la “Carta Negra”. Se amplió el periodo de gobierno a seis años y se instituyó la reelección inmediata del mandatario. Se dispuso la pena de muerte para el delito político y a toda subversión se la equiparó como tal. Fue aprobada mediante plebiscito con 13.640 votos a favor y 514 en contra. Se nombra como Ministro de Guerra y Marina al general Secundino Darquea[7]. El general Francisco J. Salazar es nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y del Interior. Entre otras actividades importantes, se decretó la creación de la nueva escuela de cadetes. Se constituyeron las guardias nacionales sobre nuevas bases. La profesionalización del ejército fue tomada en serio por la Convención Nacional bajo la dirección del general Salazar, en su calidad de asambleísta, logrando elaborar y aprobar “El Código Militar de la República del Ecuador.”
El Código Militar
Posiblemente es el primero y único libro que en diez Tratados busca normar la profesión militar, cuyo inicio se remonta a la organización de la falange en agosto de 1809, con una plana mayor compuesta por el Inspector General y el Auditor de Guerra, tenientes coroneles vivos y efectivos, sargentos mayores y ayudantes mayores, abanderados y tres batallones a los cuales se agregaban un batallón de granaderos y una compañía  de artillería con 10 cañones.[8]
El Congreso  de 20 de septiembre de 1831 dictaba la primera Ley Orgánica Militar, después de la separación del Distrito del Sur, de la Gran Colombia. La ley disponía “Arreglar provisionalmente la Marina; la conservación de tres batallones de Infantería y dos regimientos de Caballería; la prohibición del incremento de la fuerza pública sin el consentimiento del Congreso o del Consejo de Estado, y la privación al Ejecutivo para negar las licencias absolutas solicitadas por los oficiales del ejército”.[9]
La llegada del general José María Urbina[10] al poder, le significó al Ejército un proceso de nacionalización, luego de un largo periodo de presencia extranjera desde el inicio de la República. Se elabora un orgánico para las unidades en cada una de las armas: Infantería, Caballería, Artillería y una unidad de Policía Militar. Se define el tipo de armamento, la ubicación en el territorio nacional, los grados y sus responsabilidades. De alguna manera, la Ley Orgánica publicada en su gobierno intenta establecer con mayor claridad  la organización, funciones y responsabilidades de la fuerza armada.
Los años previos a la llegada de García Moreno al poder fueron de  los más funestos en la vida política del Ecuador. Urbina mandaba el país, Robles gobernaba. El 12 de enero de 1859, la escuadra peruana fondeaba a “medio tiro de fusil” del malecón de Guayaquil al mando del mariscal Castilla. El pago realizado por el gobierno del Ecuador, de una deuda contraída con motivo de las guerras de la independencia, una parte en efectivo y otra con tierras ubicadas en Canelos y Zamora, motivó la protesta peruana, por la segunda parte, y la presencia de Castilla en Guayaquil.
El 1 de mayo se desconoce al gobierno de Robles, se conforma un Gobierno Provisorio que lo encabeza García Moreno. Se conforma el Ejército de Quito bajo su mando, como Director Supremo de la Guerra, para enfrentar al general Urbina que subía desde Guayaquil. Se dan los combates de Camino Real y Tumbuco. García Moreno es derrotado y capitula en Imbabura. Viaja al Perú y se reúne con el presidente Castilla en Lima, el  20 de junio de este año. Propone una alianza que le permita conseguir la paz de la República. Fue un paso equivocado. Llega a Guayaquil  en la fragata de guerra peruana “Callao”. Robles, mediante decreto lo declara traidor a la patria. El general Francisco Franco decide separarse de Robles, y Urbina, y con el apoyo de Castilla se declara como Jefe Supremo del Departamento de Guayaquil. Robles sale para Chile. Urbina desde Cuenca, vía Guayaquil sale para Bolivia.
Castilla amenaza con reiniciar operaciones en un plazo de 30 días, si los dos  gobiernos existentes no terminan sus desacuerdos, que permitan establecer uno solo con el cual el Perú pueda entenderse para alcanzar la justicia y las satisfacciones que le corresponden.
Pero, tras la experiencia de la primera campaña, nadie en el gobierno quiteño podía negar la necesidad de un militar experimentado que organizase el Ejército y lo llevase a la victoria. La energía y pasión de García Moreno no parecían ser suficientes a la hora de los combates. Y presionaba más esta necesidad el conocer que ahora la guerra no era solo contra las fuerzas de Franco y todos los resabios urbinistas, sino contra el ejército peruano de ocupación.[11] El general Juan José Flores, enemigo político de García Moreno, es nombrado Comandante en Jefe del Ejército, para luchar contra las fuerzas peruanas y las del general Franco, que se le había unido. En la política no hay enemigos que duren más allá de la conveniencia de quienes ostentan el poder. Mientras tanto, en Cuenca y Loja habían surgido dos gobiernos más.
Dada la situación por demás caótica del país, (…) García Moreno  se dirige, el 7 de diciembre  de ese 1859, al Encargado de Negocios de Francia, Emile Trinité. Expone: Por lo que respecta a mí, y aún puedo decir a lo tocante a todos los hombres de orden, la felicidad de este país dependería de su reunión al Imperio francés bajo las condiciones locales que existen entre el Canadá y la Gran Bretaña, salvo las diferencias que hubiere que introducir por fuerza de las circunstancias.[12]
Flores dirige la guerra, se vienen los combates de Yagui y Pisurco en las cercanías de Riobamba; por su parte, Franco firma el Tratado de Mapasingue el 25 de enero de 1860. En la capital de la Republica, un nuevo intento revolucionario se  fraguaba al mando del general Fernando Ayarza, partidario de Franco. García Moreno lo redujo a prisión. (…) A políticos comprometidos se los desterró; pero con Ayarza, por tratarse de un militar y reincidente en estos intentos subversivos (él, después de una intentona de Cuenca, estaba en arresto domiciliario), García Moreno lo condenó a una pena especialmente dura: azotes. Había un agravante: el general negro tenía setenta años de edad,”[13] y el objetivo político del Gobierno era desterrar el militarismo en el Ecuador.
Con el fin de apoyar a Flores en su campaña, García Moreno estaba empeñado en financiarla a través de donaciones que le permitirían comprar armamento en unos casos, y en otros, fabricarlos, como fue el caso de los tres obuses que se construyeron en Chillogallo. Las operaciones sobre Guayaquil comenzaron el 28 de julio de 1860 y terminaron el 24 de septiembre. Entre las importantes acciones de armas que se dieron a lo largo de la contienda, toma especial relevancia la conducción de la artillería a través de pedregales con canoas arrastradas por caballos, y después por entre manglares y pantanos, para permitir el apoyo de fuego necesario de los combatientes. La artillería fue conducida por el teniente coronel  Francisco Salazar que fue la mano derecha de García Moreno. La Campaña de Guayaquil fue un verdadero laboratorio de la logística de guerra, dirigida por García Moreno y ejecutada por Juan José Flores.
Estos fueron, entre otros, los antecedentes que llevaría a dictar cambios importantes en la organización del Ejército a través de la Ley Orgánica promulgada por la Convención Nacional, el 27 de abril de 1861, en su afán de modernizarlo. A las fuerzas armadas  las  divide en terrestre y marítima. A la fuerza terrestre le divide en ejército permanente  y en guardia nacional. Esta ley permanece sin reformas durante la presidencia de Jerónimo Carrión y Javier Espinoza. Al asumir su segunda presidencia, en julio de 1869, García Moreno dispone reemplazar la Ley Orgánica Militar de 1861, y remite el proyecto  a la Convención Nacional, el 4 de septiembre de este año. Promulgada la ley, dispone la elaboración de un reglamento que la regule, al mismo que, la Asamblea le da el nombre de Código Militar.
Contenido del Código Militar
Por asuntos de espacio me remito a resaltar los  artículos que a mi personal punto de vista, destacan con claridad las razones por las cuales la profesión militar adquiere su calidad de especial.
En el Tratado Primero, Titulo I, al hablar de la composición de la fuerza armada permanente, incluye por primera vez a la Ingeniería como parte de ella y la privilegia en la formación cuando concurran las cuatro armas: (...) los cuerpos de ingenieros tendrán la preferencia, y con especialidad los zapadores, a esta seguirá la artillería, a esta la infantería y luego la caballería, guardando el mismo orden”.[14]  Quedó en letra muerta la inclusión de la Ingeniería. La escala de los ascensos para el Ejército va de soldado a sargento primero en la tropa, y de subteniente o alférez a general; sin embargo, se incluye a partir del grado de capitán, los grados de efectivos, es decir, capitán efectivo, sargento mayor efectivo, etc.
El Título II fija la edad: “No bajarán de diez y seis años de edad, ni pasarán de cuarenta y cinco. Para músicos, con consentimiento de padres o tutores, muchachos que no bajen de la edad de diez años; pero en llegando a la de diez y seis, quedarán sujetos desde entonces a las penas del Código Militar”.[15] La fijación de la edad para el ingreso y retiro de la Institución, le da a la profesión militar su carácter de especial.
El Título IV  habla de las antigüedades: “La antigüedad de los oficiales, en todas las clases, ha de considerarse por la fecha de los despachos que tuvieren firmados por el Presidente de la República y ministro de la guerra; y cuando fueren de una misma fecha los despachos de dos o más oficiales en una misma clase, tocará la preferencia en ella a favor de aquel que en su próximo anterior grado fuere más antiguo.”[16] Este concepto con pequeños cambios de carácter administrativo se mantiene hasta la presente fecha.
El Título VI emite disposiciones sobre el ceremonial militar que deberá llevarse a cabo para la posesión del cargo, partiendo del grado de cabo hasta coronel. En el caso de la tropa, la autoridad que lo presente será el comandante de la compañía. Para los oficiales, con las armas al hombro. A los capitanes, en sus compañías los presentará el sargento mayor. En los siguientes grados formará toda la unidad y lo presidirá el de mayor antigüedad. La solemnidad de su presentación se ha perdido en la actualidad. El ceremonial militar en las fuerzas armadas ayuda a cimentar el concepto de pertenecía Institucional.
El Tratado Segundo está dedicado a explicar a detalle las obligaciones del personal militar en cada uno de sus grados. Corresponde, guardando las distancias de la época, a lo que en los años sesenta del siglo XX se conocía como reglamento de Régimen Interno. Destaca la necesidad de tener presente los valores que le son propios a la profesión militar: (…) Desde que se le sienta su plaza ha de enterársele de que el valor, prontitud en la obediencia y grande exactitud en el servicio, son objetos a que nunca ha de faltar, y el verdadero espíritu de la profesión”[17]-dice- al referirse  al soldado. (…) Para la limpieza y conservación del armamento, tendrá en su respectiva escuadra, un bruñidor, un pequeño martillo, un desarmador y un mazo de madera para ajustar las bayonetas al cañón; y de estos cuidará siempre el cabo, haciendo al cuartelero la diaria responsabilidad”. (…) El sargento tendrá con los soldados y los cabos un trato sostenido y decente; dará a todos el usted; no usará ni permitirá familiaridad alguna que ofenda a la subordinación; será exacto en el servicio, y se hará obedecer y respetar.”[18] El mando y la obediencia son los fundamentos primordiales de esta especial profesión.
Para los oficiales, de igual manera, el Código Militar se constituye en la ética de la profesión. Al subteniente que le manda saber todas las obligaciones de sus subalternos le recuerda que (…) la reputación de su espíritu y honor, la opinión de su conducta, y el concepto de su buena educación han de ser los objetos a que debe mirar siempre: ni su nacimiento, ni la antigüedad deben lisonjear su confianza para el ascenso, porque el que tuviere una u otra de estas calidades, es más digno de olvido, si se descuida contentándose con ellas.”[19] Les recuerda la obligación que tienen respecto de la limpieza del armamento, la calidad y puntualidad del rancho, el aseo de las instalaciones, a la mensual lección de leyes penales, la profunda subordinación a sus superiores, el respeto a las autoridades civiles, la consideración a las personas condecoradas no militares, la atención y urbanidad con los demás ciudadanos y la circunspección y dulce trato con sus súbditos, han de ser prendas indispensables de su conducta, mérito y concepto.
El capitán se constituye en el alma de la unidad, (…) sabrá muy por menor todas las obligaciones del recluta, soldado, cabo, sargento, subteniente y teniente explicadas en el Código Militar, las advertencias generales para oficiales y las leyes penales, para enseñarlas y hacerlas observar en su compañía”. El capitán cuya compañía estuviere mal gobernada o disciplinada, no tendrá ascenso alguno: (…) desempeñaría mal mayor empleo quien no llena el menor que tiene. Cuando un subalterno se atreviere a pedir satisfacciones por el llamado de atención o arresto realizado por un capitán, le pondrá preso en la prevención y dará parte al coronel, quien mandará a poner grillos al subalterno, y dará parte al comandante general. Las compañías que en los ejercicios de fuego no tengan una buena puntería, será una prueba de que los soldados no están bien disciplinados o que las armas están en mal estado. Los jefes castigarán con severidad al capitán por este hecho. El capitán tendrá la obligación de visitar en horas de la noche a su compañía para ver si los sargentos duermen y si se recogen a las horas señaladas”[20].
En las capitales de Quito, Guayaquil y Cuenca se nombra un Comandante General, para que cumpla las órdenes del Poder Ejecutivo, defiendan las provincias que se les confía y mantengan el orden interior bajo su responsabilidad. El grado del comandante será de general o coronel, tendrán un ayudante de campo en el grado de subteniente a capitán.
El celo en el cuidado del armamento y municiones se ve reflejado en el siguiente artículo. (…) En cada una de las puertas de los almacenes de artillería en que hayan pólvora, municiones y pertrechos, ha de haber tres cerraduras diferentes, cuyas llaves han de repartirse entre el comandante general, el de artillería y el guarda almacén de ella, de modo que ninguno de ellos pueda entrar sin noticia de los otros”[21] Los guarda parques eran oficiales entre teniente y teniente coronel y eran nombrados previo un examen de almacenaje, cartuchería y balerío, y además daban una fianza de abono ante la junta de hacienda por un monto de dos a cuatro mil pesos en Quito, de cuatro a ocho mil pesos en Guayaquil y de quinientos a dos mil en Cuenca.
(…) Se prohíbe a todos y a cada individuo del ejército el usar, permitir, ni tolerar a sus inferiores las murmuraciones de que se altera el orden de los ascensos, que es corto el sueldo, poco el pré o el pan, malo el vestuario, mucha la fatiga, incómodos los cuarteles, ni otras especies que con grave daño del servicio indisponen los ánimos. Se dispone a los jefes castigar con todo rigor estas conversaciones perjudiciales.[22] La disciplina es la columna vertebral de esta especial profesión.
(…) El oficial cuyo propio honor y espíritu no lo estimulan a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio: el llegar tarde a su obligación, el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden, en contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, y el hablar pocas veces de la profesión militar, son pruebas de grande desidia e ineptitud para la carrera de las armas.”[23] La ética de la profesión militar presente en estas disposiciones. Lo especial de la profesión militar compendiado en su compromiso con la Institución.
Las obligaciones del tambor mayor, del sargento brigada,[24]del furriel[25], del sargento mariscal, de los armeros, del abanderado y porta estandarte, de los ayudantes, del capellán, del cirujano, del auditor de guerra, están reflejados en el Tratado Tercero del Código.
El Tratado Cuarto presenta  una minuciosa relación del servicio de guardia en las unidades, en los vivac, y dispone su formación para relevo con la presencia de la banda y del trompeta, el paso de consignas, el libro de novedades. (…) El oficial de guardia estará con la debida decencia que corresponde a su carácter y destino; no se quitará el vestido ni la espada, ni llevará a su puesto especie alguna de cama, por ser esta comodidad opuesta a la vigilancia que debe tener.”[26] Se describen las formalidades para dar el santo y seña del día. En el caso de Quito, se envía en sobre cerrado al Presidente de la República y al Ministro de Guerra.
El servicio de guardia y el de semana, periódico y rotativo, diurno y nocturno, en días de trabajo y en feriados no significa una paga adicional. Tampoco es retribuido por realizar permanentes y extensos patrullajes en la selva, en los ríos, en el mar, cumpliendo con su misión. Es parte de su profesión, por ello es especial.
La retreta se tocará a las ocho de la noche-manda el Código- a cuyo efecto concurrirán a la comandancia general, y en la capital al palacio de gobierno con media hora de anticipación, las bandas de cornetas y tambores (y músicos los jueves y domingos) conducidas por su tambor mayor. La retreta se constituía en un lugar de reunión de los vecinos de la ciudad y la oportunidad de compartir con los militares. Una buena costumbre que duró más de cien años.
La revista de comisario[27] es descrita en el Título VI. Para su ejecución, la unidad formaba en el orden de batalla por estatura con anticipación de la hora que el comandante general hubiere señalado. Cada año, al pasar la revista de comisario, se tomaba a los reclutas de la unidad, el juramento de fidelidad a la bandera: “Juraís a Dios y prometéis al Gobierno el seguir constantemente sus banderas, defenderlas hasta perder la última gota de vuestra sangre y no abandonar al que os esté mandando en acción de guerra o disposición para ella?”. Realizado el juramento, el capellán decía: “Por obligación de mi ministerio ruego a Dios que a cada uno le ayude si cumple lo que jura, y si no, se lo demande”. Con algunos cambios, especialmente en la advocación a Dios, este juramento se sigue realizando en las escuelas de formación de oficiales y tropa.
El Título VII habla sobre el ceremonial de la bendición de banderas y estandartes. El mismo se desarrolla al exterior e interior de una iglesia. Al exterior una formación “en batalla” para entregar el viejo estandarte o bandera; y al interior, la bendición del nuevo. (…) Desde el principio del Evangelio hasta el fin de él, se mantendrán en pié con sables desenvainados los jefes y oficiales, en demostración de estar dispuestos a defender con sus armas la fe católica y su bandera, y aguardaran para sacar y guardar el sable, a que lo ejecute el coronel del cuerpo. Desde el Sanctus se ha de poner la tropa de rodillas y la escolta presentará las armas; y desde la elevación de la Hostia hasta concluida la comunión de ambas especies, se tendrán rendidas la bandera y las armas”[28] El ceremonial estaba acorde al plan de gobierno que García Moreno presentó en 1861; en el cual constaba entre otros objetivos, el florecimiento de la religión católica.
Lo que después se conocería como reglamento de recompensas y castigos, en este Código se denomina premios de constancia. Estaba destinado a quienes  hubieren servido sin interrupción y cumplido  tres tiempos de cinco años con conocida constancia, sin deserción, uso de licencia absoluta, ni haber incurrido en nota de fealdad. La recompensa era de seis reales mensuales sobre su haber; el que cumpliere cuatro tiempos, el de doce reales; y el que sirviere cinco, el de tres pesos. Cada uno de estos premios tenía un distintivo para el uniforme, dependiendo del tiempo de servicio cumplido. De aquí nace la condecoración por tiempo de servicio.
El Tratado Quinto se enfoca en los Tratamientos y Honores Militares (Ceremonial Militar). El de Excelencia para el Presidente de la República, general o Comandante en Jefe del Ejército, y consejos de guerra de oficiales generales. Señoría para generales y coroneles, aunque estos sean graduados. (…) El saludo en la calle a un superior se realizará quitándose el morrión o quepí. Al Santísimo Sacramento todo honor se hará con las armas, y a su paso por las armas, se le rendirán poniendo la rodilla derecha en tierra y quitándose el morrión. En el día de jueves Santo todas las tropas que se encuentren en el cuartel, pondrán las armas a la funerala. Al Presidente de la República se le presentarán armas, tocará marcha y saludará por banderas. De los mismos honores gozaran la Corte Suprema y el Cuerpo Legislativo, siempre que pasen en corporación. El Vicepresidente tendrá armas al hombro y toque de marcha; igual trato el Comandante del Ejército, jefe del Estado Mayor, Comandantes de los Distritos, Ministro de Guerra y Marina”[29].
Las salvas de artillería las divide en mayores y menores; la primera de veinte y un tiros y la menor de quince. (…) El 10 de agosto de cada año se harán tres salvas mayores; el 24 de mayo tres salvas mayores. En el día de Corpus, una salva mayor, el sábado santo una salva menor, y el día de la virgen de la Merced, patrona de las armas, una salva mayor. También se usaran salvas para los honores fúnebres de autoridades civiles y militares. A los generales acompañará un coronel con su batallón y un escuadrón de caballería montado”[30]. El recordar las fechas importantes de la patria es rescatar su pasado, preservar su presente y proyectar su futuro. El ceremonial militar facilita la relación civil-militar y fortalece el sentimiento de pertenencia al país.
En el Tratado Sexto se norman los procedimientos para el manejo de los fondos de las unidades. Se elige un oficial habilitado para que revise lo correspondiente a sueldos del personal, y un capitán depositario que junto al comandante y tercer jefe de la unidad (sargento mayor) mantengan una caja con tres cerraduras diferentes, en la cual estarán los fondos de todas las economías del alumbrado, jabón, agua, forraje y rancho, además, el valor del alquiler de las bandas de música y las donaciones hechas a la unidad. En idioma militar del siglo XX, la Cuenta Interna. (…) Con el objeto de que los ciudadanos que se dedican a la azarosa carrera de las armas aseguren en alguna manera el porvenir de sus familias, se establece una caja de ahorros militares que comenzará a distribuir sus dividendos entre las viudas e hijos legítimos de todos los militares, desde la clase de capitanes arriba, que fallecieran desde el primero de agosto de 1873”[31]
Los fondos de esta caja provenían de descuentos al personal militar. Son los inicios de la seguridad social militar, uno de cuyos principios es la solidaridad. Hoy en día, sin entender la profesión militar, la clase política quiere jubilarnos para que pasemos a formar parte de la seguridad social nacional. En nuestra profesión cuyos cimientos están precisamente en este Código, los oficiales y tropa se retiran. El tiempo de servicio va de los 16 a los 45 años; no más de eso decía la Ley. Por eso, la profesión militar es especial y como tal, debe manejarse bajo leyes especiales. Una de ellas, la ley de seguridad social de las fuerzas armadas.
El Tratado Séptimo describe las atribuciones y obligaciones del Comandante en Jefe del Ejército, del Jefe del Estado Mayor del Ejército y divisionarios, del intendente general, y de los diferentes cargos de oficiales y tropa en campaña  por razones externas o internas.
El Tratado Octavo tiene que ver con las leyes penales sobre delitos militares. En el siglo XX se lo conoce como  el Código Penal Militar. Se consideran circunstancias agravantes y atenuantes. Se consigna la pena de muerte, rebajas de las penas y prescripción de ellas. La pena de muerte es sentenciada para los traidores a la patria, previa a su degradación; a los conspiradores del orden constituido previa la declaración de infames, a los que se alzaren o rebelaren contra la República o el Supremo Gobierno, en condición de cabecillas, los que emprendieran cualquiera sedición o motín, los que desertaran en campaña o forzando con armas el cuartel o cuerpo de guardia. Recordemos que otro de los objetivos de la política garciana era la de eliminar el militarismo que se había arraigado desde el nacimiento de la república. Una de las herramientas era sin lugar a dudas la de endurecer las penas para quienes atenten a la disciplina militar.
Se tipifican otras faltas disciplinarias; entre ellas: el militar (de subteniente a capitán inclusive), esté o no en servicio activo, que contrajere matrimonio sin el permiso del Gobierno, sufrirá la pena de un año de prisión; el soldado que disparare el fusil, sin orden del que manda, será castigado con cincuenta palos; los que falsificaren algún despacho o cualquier otro documento militar, serán condenados a seis años de presidio.
El Tratado noveno habla de los tribunales, juzgados y juicios militares. Solo los militares que se hallaren en servicio activo gozarán del fuero de guerra en las causas criminales por delitos puramente militares; y en tiempo de campaña aún por delitos comunes. Se norma el Consejo de Guerra Ordinario para juzgar las faltas del personal de tropa, conformado por seis capitanes. Para juzgar las faltas de los oficiales se conforma el Consejo de Guerra de Oficiales Generales quienes sentenciarán en primera instancia de todos los delitos que se refieran al servicio. Las causas criminales por delitos comunes cometidos en campaña por cualquier individuo del ejército, sin distinción de graduación, se sentenciarán por un Consejo de Guerra Extraordinario compuesto por un general o coronel que lo presida, un teniente coronel o sargento mayor, de dos capitanes, dos tenientes y un subteniente. Si el acusado fuera un general, los dos tenientes y el subteniente serán reemplazados por tres generales.
Los consejos de disciplina compuestos por tres jefes y dos capitanes son los encargados de castigar correccionalmente a los oficiales y tropa. La Corte Suprema y las Cortes Superiores se convertirán en marciales. La primera se compondrá con dos generales o coroneles efectivos nombrados por el Congreso, y la segunda con dos coroneles o tenientes coroneles nombrados por el Ejecutivo. Estas cortes conocerán en segunda instancia de todas las causas criminales que pronuncien los consejos de guerra ordinarios y los consejos de guerra de oficiales generales. Lo especial de la profesión militar demanda leyes especiales.
El Tratado Décimo consigna disposiciones varias, entre ellas, las referidas al Colegio Militar reabierto por García Moreno. (…) La enseñanza de los cadetes debe comenzarse por manifestarles el honor y conveniencia que les resultará de conocer su profesión, y la poca fortuna que han de esperar en la milicia si no les acompaña su aplicación, inteligencia y espíritu: se les instruirá de las faltas del arma y su remedio, limpieza y conservación, y tirar al blanco”[32] (…) Los cadetes que se distingan por su buena conducta, y que hayan sido aprobados en los exámenes anuales, serán ascendidos a cabos y sargentos; y cuando hayan concluido el estudio de todas las materias comprendidas en el reglamento, serán promovidos a subtenientes o alféreces, y destinados a los respectivos cuerpos del ejército.”[33]
Finalmente, el Título IV de este Tratado dice:
Art. 1º. En el concepto de que de volverse a imprimir este Código sin licencia del gobierno, quedarían por descuido en la impresión, o por otros motivos, expuestas a variación, con equivocación de su verdadera inteligencia, las reglas que en él se prescriben; se prohíbe que en adelante se reimprima sin el respectivo permiso del gobierno; bajo la pena de perder los ejemplares, y de ser multado en la cantidad de quinientos pesos cualquiera que lo ejecutara.
Art. 2º. La impresión de este Código Militar se hará por cuenta del gobierno.
Art. 3º. Quedan derogadas las Ordenanzas del Ejército que han regido en la República, y, en cuanto se opongan a las disposiciones de este Código, se derogan también las reales órdenes dadas hasta el 18 de marzo de 1808 por el gobierno español.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.
Dado en Quito, capital de la República, a catorce de agosto de mil ochocientos sesenta y nueve.
El Presidente de la Convención.- R. Carvajal. El Secretario.- Víctor Laso
Palacio de Gobierno en Quito, a cinco de marzo de mil ochocientos setenta.- Ejecútese. G. García Moreno. El Ministro de Guerra y Marina.- S. Darquea
El Código Militar fue impreso en los Estados Unidos, en la imprenta de Hallet y Breen, calle de Fulton, 58 y 60, en el año de 1871.
Este Código Militar que formaba parte del plan de gobierno de García Moreno, desde su primera presidencia, posiblemente no pudo  elaborarse, sino hasta 1870, debido a la complejidad que representaba la reorganización de la fuerza pública, junto con la transformación que se perseguía en la instrucción militar.
Reconforta la lectura de documentos como este, en el cual se encuentra las raíces de nuestra legislación. El conocimiento de su pasado siempre será importante para entender el presente y proyectar el futuro de la profesión. Hoy en día se habla de una nueva enfermedad  que la padecen especialmente los jóvenes, y que es el mal inverso del Alzheimer. (…) Solo les interesa el presente. Para estos jóvenes, el pasado es un lugar en ninguna parte, una gigantesca masa de conocimientos que puede quedar atrás como quien pasa una página.[34] Tengo la esperanza de que el mal no se propague en quienes ejercen la profesión militar. El pasado es una fuente importante que alimenta el conocimiento y fortalece la identidad del hombre, de la Institución, de la sociedad, del país. Su análisis evitará que se vuelvan a cometer los mismos errores, una y otra vez. Encontremos en su contenido las respuestas que nos puedan llevar, como Institución militar, a seguir siendo la columna vertebral de este país que se llama Ecuador.
XXX
Ensayo publicado en la revista “Presencia” No 31 de la Asociación de Generales y Almirantes.


[1] Nació en Guayaquil el 24 de diciembre de 1821. Hijo del español Gabriel García Gómez y de la guayaquileña Mercedes Moreno.
[2] El 12 de enero de 1824 fue bautizado en la iglesia de El Sagrario, en Quito, con los nombres de Luis Francisco Javier Antonio José. Hijo de José María de Salazar y Lozano y de Dolores Arboleda y Retana.
[3] Presidente electo del Ecuador, posesionado el 20 de enero de 1868
1.     [4] Manuel de Ascázubi y Matheu, político ecuatoriano. Nació en Quito en 1804 y murió en 1876. Fue Vicepresidente del Ecuador de 1847 a 1851. En ese período, también se desempeñó como presidente desde el  16 de octubre de 1849 al 10 de junio de 1850. Su hermana Rosa se casó con García Moreno. Wikipedia
[5] García Moreno. Hernán Rodríguez Castelo. Pág. 631
[6] Ibídem Pág. 632
[7] Nació en Ambato el 29 de enero de 1822, hijo de Pedro Alcántara Darquea y de Leonor Iturralde. Desempeñaba el cargo de Comandante General de Guayaquil.
[8] La Revolución de Quito. Historia Militar del Ecuador. Hernán Rodríguez Castelo. Pág. 118
[9] General Juan José Flores fundador del Ecuador. Crnl. Eduardo Romero Mendoza. Pág. 171
[10] Nació en Quito el 19 de marzo de 1809. Hijo del español Gabriel Fernández de Urbina y Olarte y de la ambateña Rosa Viteri. Jefe Supremo entre 1851 y 1856
[11] García Moreno. Hernán Rodríguez Castelo. Pág. 225.
[12] Ibídem. Pág. 228
[13] Ibídem. Pág.244
[14] Código Militar. Pág. 4
[15] Ibídem. Pág.6
[16] Ibídem. Pág.9
[17] Ibídem. Pág. 19
[18] Ibídem. Pág. 21
[19] Ibídem. Pág. 48
[20] Ibídem. Págs. 54 a 58
[21] Ibídem. Pág. 88
[22] Ibídem. Pág. 92
[23] Ibídem. Pág. 92
[24] Encargado de vigilar el aseo de las instalaciones de la unidad.
[25] Cabo que tiene a su cargo la distribución de suministros de determinadas unidades, así como el nombramiento del personal destinado al servicio de la tropa correspondiente.
[26] Ibídem, Pág. 112
[27] Término militar referido a la inspección que a principios de mes hacía el comisario de guerra para comprobar el número de individuos de cada clase que componen un cuerpo militar, y abonarles su paga. El comisario de guerra era un oficial que intervenía de necesidad en todos los servicios de la administración militar. El término se empezó a usar en el siglo XVI. (Wikipedia)
[28] Código Militar. Pág. 131
[29] Ibídem. Pág. 138
[30] Ibídem. Pág.140
[31] Ibídem. Pág. 164
[32] Ibídem. Pág. 274
[33] Ibídem. Pág. 275
[34] Sergio Dahbar. Artículo publicado en El Comercio de Quito.