Antecedentes
Al finalizar
el gobierno constitucional de Leonidas Plaza Gutiérrez, en septiembre de 1916,
concluye en la práctica el movimiento revolucionario de Alfaro, el mismo que
sembró las semillas para el nacimiento de un Ejército profesional que
lamentablemente se quedó en las buenas intenciones, salvo la reapertura
definitiva de la Escuela Militar, la creación del Estado Mayor General, las zonas
militares que fueron aumentadas a seis, con la creación de una en Riobamba y
otra en Portoviejo: y, la base de formación de las reservas. Faltó el líder que
consolide los objetivos trazados en la Ley Orgánica Militar presentada en 1902
y aprobada a tirones en 1905, y el colectivo social que defina las
circunstancias y las posibilidades del cambio. Su ausencia determinó la falta
de políticas institucionales que eviten las urgencias en la profesión militar.
En su último
informe a la Nación, el presidente Plaza anuncia la terminación de la
revolución de Concha y la pacificación del país, luego de tres años de guerra
interna. Hace conocer de los logros al interior del Ejército: “…Hemos
instituido el rancho fiscal, hemos legislado en los sueldos y retiros
militares, hemos sentado las bases del servicio de intendencia, hemos procurado
al personal, Institutos de enseñanza profesional, implantando un sistema
educativo que enaltece al hombre”[1].
En realidad, a más de la Escuela Militar, se creó el Instituto Inferior de
Aplicación para oficiales, a fin de poder formar apuradamente nuevos mandos de
tropa que puedan participar en las acciones destinadas a combatir la revolución
de Concha; es decir, nuevos parches en la organización del Ejército; el resto,
eran algunos intentos por aplicar la Ley Orgánica de 1905.
La formación
de los oficiales en la Escuela Militar, salvo los cursos apurados que se
realizan en la misma, es posiblemente lo más destacado de la revolución liberal
en al ámbito militar; de allí, empiezan a surgir los nombres que en la
siguiente década tomarán el liderazgo del Ejército; entre ellos, Ángel Isaac
Chiriboga y Luis Telmo Paz y Miño; el primero, con el grado de coronel, es
destinado a la Subsecretaría de Guerra, en la cual pasará, con algunos
traslados, hasta su ascenso a general[2],
el segundo, en el grado de capitán, iniciándose en la enseñanza técnica, a
través de la elaboración de textos, como el “Primer curso de dibujo militar y lectura
de cartas”[3],
el mismo que es adoptado como libro de consulta en los planteles militares.
Otros oficiales que harán historia en el
país, se encuentran en diferentes unidades y grados. Así: Luis Larrea Alba que
asciende a capitán[4];
Idelfonso Mendoza que es reincorporado al servicio activo en el grado de teniente[5],
con pase al regimiento “Sucre”; Moisés Oliva es ascendido al grado de general y
se le nombra como comandante de la III Zona Militar; posteriormente, es
asignado al empleo de Jefe del Estado Mayor General[6],
el ascenso a capitán de Alberto Enríquez
Gallo con el pase a la Escuela Militar, y otros, como el general Juan Francisco
Navarro, de ingrata recordación en el asesinato de Alfaro, es separado del
servicio activo de las armas.
El viernes 1
de septiembre de 1916, asume el mando de la República el Dr. Alfredo Baquerizo
Moreno, el mismo que nombra como su ministro de Guerra y Marina, al señor José
María Barona[7].
Uno de sus primeros actos es el de clausurar el Instituto Inferior de
Aplicación, el mismo que venía a ser una réplica del último año de la Escuela
Militar.[8]
Desde la subsecretaría de Guerra se promueve la integración de una comisión especial
de cinco miembros, conformada por oficiales generales, con la tarea de elaborar
el proyecto de reformas a los códigos Penal, Militar y de Enjuiciamientos,
presidida por el general José María Sarasti, reincorporado al Ejército para
este objeto.[9]
Poco tiempo dura en su cargo el ministro de Guerra; en su reemplazo es nombrado
el señor Rafael Pino Roca.[10]
El año de
1917 inicia con el pase del coronel Chiriboga a la dirección de la Escuela
Militar; en su lugar es nombrado el coronel Carlos Salvador.[11]
Entre lo más destacado en el ámbito militar está la creación del batallón de zapadores
No 2, que junto al batallón “Chimborazo”, materializan la presencia de la
ingeniería militar, en los términos prescritos en la Ley Orgánica de 1905. Se
aumenta a setenta el número de cadetes de la Escuela Militar, y se nombra al
sargento mayor Telmo Paz y Miño, como profesor de topografía. Se crea el primer
“Curso Especial de Topografía” con su reglamento correspondiente, con el fin de
capacitar al personal con miras al levantamiento de la Carta Nacional.[12]
Para este año, el efectivo del Ejército es de 666 oficiales y 4.600 de tropa,
los mismos que prestan sus servicios en diez batallones de infantería
(Vencedores, Quito, Pichincha, Marañón, Guayas, Manabí, Carchi, Constitución,
Imbabura y Córdova); tres regimientos de
artillería (Bolívar, Sucre y Calderón); dos batallones de zapadores (Chimborazo
y el No 2); y, dos escuadrones de caballería
En 1918, se
vuelve a aumentar el orgánico de la Escuela Militar a 80 cadetes y se publica
el Reglamento de Intendencia y Comisaría del Ejército, a fin de normar lo
dispuesto en la Ley Orgánica de 1905. Se publica un nuevo reglamento y plan de
estudios de la Escuela Militar, la misma que mantiene cuatro años de formación
militar, dividida en un curso general y un curso militar de dos años cada uno.
La antigüedad de los oficiales graduados se computa de acuerdo a los puntos
obtenidos en el último año de formación.[14]
En diciembre se rompieron las relaciones diplomáticas con el imperio alemán, y
por primera vez se hace conocer el orgánico del ejército por grados: 4
generales, 12 coroneles, 45 tenientes coroneles, 66 sargentos mayores, 130
capitanes, 180 tenientes y 160 subtenientes; se nota una primera distorsión en
la pirámide organizacional, en el grado de subtenientes. En la tropa: 181
sargentos primeros, 550 sargentos segundos, 542 cabos primeros, 463 cabos
segundos y 3119 soldados, con igual comentario.[15]
En 1919 se
reglamenta el funcionamiento de los hospitales militares. En el ámbito
político, el Congreso Nacional decreta el indulto general a los procesados por los acontecimientos del 28 de enero de
1912, excepto a los agentes de la fuerza pública y los demás funcionarios o
empleados de cualquiera orden o jerarquía que, debiendo impedir la ejecución de
las infracciones, hubieran omitido el cumplimiento de su deber no participando
en ellas, de cualquier modo.[16]
El dictamen de Pío Jaramillo Alvarado se perdió en el tumulto político e
inmoral del Congreso. Al finalizar la administración de Baquerizo Moreno, se aumenta
el orgánico numérico de la Escuela Militar a 100 cadetes, y los ingenieros
militares del Zapadores No 2 concluyen
el camino Baños-Río Topo, la carretera a la cima de la Libertad, los
terraplenes de algunos tramos del ferrocarril y algunas obras en Ibarra, Tulcán
y Esmeraldas.[17]
La administración de José Luis Tamayo
El 1 de septiembre de 1920, otro liberal de talla, honesto guayaquileño,
dedicado a las leyes y muy cercano al general Plaza, asumió la Presidencia de
la República, era el Dr. José Luis Tamayo, quien procuró restablecer el orden
administrativo del país tan venido a menos en los últimos años. En su gobierno
se agudizó el problema económico como secuela de la Primera Guerra Mundial,
aprovechada por los banqueros inescrupulosos que implementaron elevadas tasas
de interés. El sucre se había desvalorizado y el costo de la vida había subido enormemente. La bancocracia y
especialmente el Banco Comercial y Agrícola
hacían de las suyas con la reserva monetaria y la emisión descontrolada
de billetes. Las asociaciones obreras iniciaron su camino hacia el sindicalismo
y empezaron a participar en la política nacional, hasta culminar en la trágica
fecha del 15 de noviembre de 1922. Se nombra ministro de Guerra y Marina al
teniente coronel Octavio Icaza[18],
y se le reconoce el tiempo de servicio prestado en los años de 1882 y 1883; se
da el pase de Jefe del Estado Mayor General a Director de la Escuela Militar al
general Moisés Oliva; es decir, de comandante del Ejército a subalterno (cosas
de la política), en su reemplazo se nombra al general Rafael Arellano; y, como
subsecretario de Guerra regresa el coronel Ángel Isaac Chiriboga.[19]
A la subdirección de la Escuela Militar se designa al teniente coronel Luis T.
Paz y Miño. Bajo la dirección de los nombrados, el Ejército inicia una segunda
y decisiva fase en la organización de la institución armada, posiblemente la
más fructífera, con el liderazgo de Ángel Isaac Chiriboga.
El 26 de octubre de este año, el Congreso Nacional emite un decreto
fundamental para el Ejército, disponiendo al Ejecutivo que proceda a crear las
secciones de ingenieros que a juicio del Estado Mayor sean necesarias y le
autoriza a contratar una misión militar europea para la instrucción del
Ejército, en la cual se comprenderá como indispensable la presencia de una
sección de ingenieros.[20]
Acto seguido, en un nuevo decreto autoriza para que en el menor tiempo posible,
proceda a crear una Escuela de Aviación en la ciudad de Guayaquil, en cuya
composición puedan estar oficiales del Ejército, de la Marina, cadetes de la
Escuela Militar o particulares.[21]
En el delicado campo de las reservas, el mismo Congreso dispone la puesta en
vigencia del Servicio Militar Obligatorio,
en la forma consignada en la Ley Orgánica de 1905, bajo su más estricta
responsabilidad, a partir del 24 de mayo de 1921.[22]
Se reforma la Ley de Montepío Militar[23],
y se intenta reformar la Ley Orgánica Militar, pasando bajo el control del
ministerio de Guerra, la administración del Ejército, dejando la parte técnica
bajo el control del Estado Mayor General. Este primer intento es objetado por
el Ejecutivo y no es insistido por el Legislativo.[24]
Al finalizar el año, el Congreso le dispone al Ejecutivo que adquiera los
despachos militares del general Antonio José de Sucre, poseídos por el doctor
Alejandro S. Melo, y que se los destine al Museo Militar, el mismo que estaba a cargo de la Escuela Militar.[25]
La disposición se concreta en septiembre del siguiente año, en la suma de doce
mil sucres.
El año de 1921 es pródigo en la realización de acciones destinadas a dar cumplimiento a las
disposiciones del Congreso Nacional, para poner en ejecución la Ley Orgánica que desde 1905 no ha sido
implementada. Desde la subsecretaría de Guerra al mando del coronel Chiriboga,
se emiten las disposiciones a través de decretos del gobierno.
Se reforma una vez más el reglamento de la Escuela Militar, en lo
relacionado con los exámenes de admisión. La edad mínima es de 16 años y la
máxima de 20, la duración de los estudios sigue siendo de cuatro años[26].
Se considera a la aeronáutica como uno de los ramos de la ingeniería
militar y se dispone al ministerio de Guerra proceda a organizar y reglamentar
los servicios de aviación en la República[27].
Para esta organización se asimila a los empleos de teniente y subteniente del
Ejército, a los señores Elia Liut y Giovanni Fidelli, piloto aviador y mecánico
respectivamente[28].
Se da inicio a la implementación de la Ley de Reclutas y Reemplazos, al
efecto, todos los ecuatorianos comprendidos entre los 18 y 50 años están
obligados a inscribirse en los registros militares de su parroquia; además, se
publica el reglamento a la ley[29].
Se aprueban los reglamentos sobre calificación de oficiales y sobre la
administración de rancho y casinos en el Ejército. Se establece en la
República, el Servicio de Remonta. Se establece una colonia militar en el Alto
Napo, en la zona comprendida entre este río y la confluencia del río
Misagualli, en donde se cultivará una finca con 50 familias, bajo la
responsabilidad del jefe de la colonia, designado por el Ejecutivo[30].
Se aprueba un nuevo Reglamento de uniformes militares, Reglamento para
la instrucción de esgrima a la bayoneta y Reglamento para los clubes de tiro al
blanco, cuya iniciativa fue del coronel Chiriboga en su anterior administración
en la subsecretaría de Guerra, creando estos clubes en casi todas las ciudades
del país. Se procede a la formación, distribución y organización de la primera
reserva, bajo la responsabilidad de los comandantes de Zona. Se aprueba el
Reglamento de ejercicios y evoluciones para la infantería, el Reglamento de admisión
a la Escuela de Aviación, en el cual se limita la edad de los postulantes entre
18 y 25 años, con una estatura no superior al 1,80 metros y un peso máximo de
80 kilos, lo que posiblemente estaba directamente relacionado con las
especificaciones técnicas de los aviones de la época.
Se publica el Estatuto de la Honorable Junta de Defensa Nacional[31],
la misma que estaba integrada por los ministros de Guerra, Relaciones
Exteriores, Jefe del Estado Mayor General, Jefe de la I Zona Militar, cinco
vocales principales y cinco suplentes. El subsecretario de Guerra actuaba como secretario
de la Junta. Se aprueban los reglamentos para el servicio de edecanes, de gimnasia
muscular y para el servicio de campaña.
Se decreta como obligatoria la
enseñanza militar en los colegios de secundaria y en las universidades, durante
dos horas por semana, y la práctica frecuente de ejercicios de tiro. El
Congreso decreta el nuevo Código Penal Militar[32],
que fue elaborado por una comisión especial de oficiales generales y la
participación de la subsecretaría de Guerra. Sus miembros fueron condecorados
con la medalla Al Mérito de Primera Clase.
La revista Ejército Nacional nace como un Órgano de la Sociedad de
Estudios Histórico-Militares, patrocinada por su director honorario, Dr.
Octavio G. Icaza. Su primer número sale a la luz en enero de 1922, poco antes
de que llegue el primer contingente de la misión militar italiana. El lema de
esta publicación es “Renovarse o Morir”. La dirección de la revista se encarga
al coronel Ángel I. Chiriboga y su administración al teniente Federico Struve.
Una
misión militar en el país.
El año de 1922 consolida con plenitud,
el deseo del mando militar de mejorar la organización del Ejército en base a la
Ley Orgánica Militar vigente. El Presidente de la República, en uso de la
facultad otorgada por el art, 2 del decreto legislativo de 19 de octubre de
1920, sancionado el 26 del propio mes y año, acerca de la contratación de una misión
militar europea para la instrucción del Ejército; y de conformidad con las
disposiciones establecidas en los artículos 9, 13 y 22 de la Ley Orgánica
Militar y 25 de la planta de sueldos para el personal del Ejército Permanente,
decreta:
“Art.1. Para los efectos del mando,
prerrogativas, honores y más derechos que establecen las leyes ecuatorianas
para los miembros del Ejército, reconócese en los grados que a continuación se
indica, a los siguientes oficiales italianos, que componen el primer
contingente de la misión militar que ha llegado al país:
Señor sargento mayor Cav. Federico de
Giorgis, capitán Cav. Mario Carasi, capitán Cav. Romano Cataneo, capitán Ettore
Lodi, Cap. Cav. Giovanni Giurato, Tnte. Doctor Pietro Salvestroni.
“Art. 2 Los citados oficiales extranjeros,
cuya jerarquía militar es la misma que les acredita en el Ejército de Italia,
quedan incorporados al Ejército Permanente; debiendo prestar sus servicios
profesionales en todo lo relacionado a la mejor organización e instrucción de
la Institución Armada nacional, de conformidad con el contrato que tiene
celebrado con el Gobierno del Ecuador.
“Art. 3 Dispónese que todo lo
concerniente a la gestión económica de la expresada misión militar, se encargue
la habilitación del Ministerio de Guerra y Marina. F) José Luis Tamayo, Octavio
Icaza; A.I. Chiriboga. Ministro de Hacienda E. Cucalón”[33]
¿Cuáles fueron los motivos
fundamentales que llevaron al mando militar a recomendar la contratación de una
misión militar italiana? No he encontrado documentos que me permitan aseverar
respecto de dichos motivos; pienso que más allá de las razones de orden
geopolítico que podrían haberse esgrimido, debe haber pesado en la decisión, el
prestigio alcanzado por los italianos en las contundentes derrotas infringidas
al poderoso ejército Austro-Húngaro en el frente de los Alpes meridionales,
durante el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. En el contexto nacional se
destaca la presencia de la “Missione Accorsi” enviada por el reino de Italia,
con la misión de apoyar económicamente la fundación de la primera sociedad
financiera del Ecuador, “La Previsora”, fundada por italianos residentes en el
país y cuya colonia ya era numerosa, para promover el cultivo y la
comercialización del cacao ecuatoriano en el mundo. Parece ser que esta misma misión,
pretendía establecer una colonia italiana en la frontera con Colombia, asunto
que no fue del agrado de Estados Unidos y que fracasó; en todo caso, la
contratación de la misión militar italiana fue un acierto para los fines de
perfeccionamiento técnico de nuestra Ejército y Armada.
A la llegada de la misión militar italiana,
el Ejército se encontraba con las mismas unidades de 1917, con los siguientes
cambios: tres escuadrones independientes de caballería, una compañía de
comunicaciones formando parte de la ingeniería, un servicio de remonta, una
Escuela Militar con 100 plazas, una Escuela de Aviación con 30 plazas y seis zonas
militares; además, el Estado Mayor General, con las siguientes direcciones: administración, justicia militar, establecimientos
de guerra, instrucción, servicios técnicos y fortificación, registro militar, sanidad
militar y una secretaría de la Junta Calificadora de Servicios. Con respecto al
numérico de oficiales y tropa, no había diferencias con respecto a lo
establecido en 1918; en oficiales habían aumentado dos coroneles, dos tenientes
coroneles, cuatro sargentos mayores, dos capitanes y un teniente. En el
personal de tropa había un incremento de 284 soldados y una mínima rebaja en
los otros grados. Los oficiales generales eran: Rafael Almeida como jefe del Estado
Mayor General, Enrique Barriga jefe de la III
Zona, Moisés Oliva, Director de la Escuela Militar.[34]
Se nombra una Junta Calificadora de Méritos para el ascenso a oficiales,
integrada por el subsecretario de Guerra y el oficial más antiguo de cada arma.
Se establece una Junta Económica Militar para el manejo presupuestario. Todo lo
anterior, en estricto cumplimiento a la Ley Orgánica en sus artículos 130 y
197.
Gral. Alessandro Pirzio Biroli
1877-1962
Poco después llega al país un nuevo
contingente de oficiales italianos, los mismos que son integrados al Ejército del
Ecuador con sus mismos grados, honores y prerrogativas: general Alessandro Pirzio
Biroli, como jefe de la misión, teniente coronel Cav. Giuseppe Vittorio Ferlosio,
teniente coronel Cav. Amadeo Bracciaferri, sargento mayor Érico Pitassi Manella
(artillería), sargento mayor Alberto Inzani (ingenieros), capitán Umberto Ravazzoni
(ingenieros), capitán Cav. Guidon De Luca (infantería- ametralladoras),
teniente Di Vascello (capitán de buque de guerra), Enmanuele Campagnoli (piloto
de hidroaviones), teniente Antioco Piras
(caballería); y, teniente coronel Alberto Trenti (caballería), como jefe del
Estado Mayor de la misión.[35]
Todos ellos con sus hojas de vida en las cuales
constaban las participaciones en las guerras de Italia contra Turquía y
Austria, profesorados en las escuelas de especialidades, jefes de regimiento de
telegrafistas, zapadores, pontoneros, ferrocarrileros, jefes de Estado Mayor, directores
de institutos, etc.; es decir, preparados para la tarea de modernizar la institución
militar ecuatoriana.
Se repatrían los restos mortales del
prócer de la Independencia, coronel Carlos Montufar; en su honor, el batallón
No 2 de Zapadores pasa a denominarse “Carlos Montufar”.[36]
A los pocos días de haberse
incorporado el jefe de la misión, y en el afán de iniciar lo antes posible los
cursos de ramos técnicos concernientes al Ejército, se decreta la creación de
la Escuela de Oficiales Ingenieros, la misma que comienza a funcionar el 1 de
julio de 1922, con una duración de 18 meses, subdividido en tres periodos de
instrucción de seis meses cada uno. Los programas de estudio son elaborados por
la misión militar y aprobados por el ministerio de Guerra; los instructores son
designados por el jefe de la misión. El
número de alumnos es de treinta.[37]
Es el inicio de la transformación de la ingeniería en su parte técnica, hasta
culminar en lo que hoy es la Escuela Politécnica del Ejército.
A fin de que “el personal del Ejército
reciba una instrucción sucinta sobre los últimos perfeccionamientos relativos a
la organización y empleo de las distintas armas en la época actual, además de
establecer un afianzamiento y conocimiento recíproco entre los oficiales
ecuatorianos e italianos”, mediante decreto ejecutivo, se crea un curso de información
de artillería, a través de un sistema de conferencias, a fin de conocer la
organización, empleo y tiro de esta arma; se crea además un curso intensivo
para los oficiales de infantería, con el fin de especializar la táctica del arma
y el empleo de las ametralladoras. La invitación se hace extensiva para todos
los oficiales del Ejército que desearen perfeccionar sus conocimientos; para
ello, debían inscribirse en la subsecretaría de Guerra.[38]
Se crean los cursos de hipología y mariscalía para la caballería, al mando del teniente Pietro Salvestroni, y de educación física
para los oficiales. A los dos primeros se invita al personal de tropa.
La presencia de la misión militar no
pasa desapercibida para la prensa nacional; bajo el título de “Impresiones
Militares”, el diario El Comercio decía: “Con perfecta regularidad se están llevando a cabo, desde el 10 de julio
último, las conferencias militares sustentadas por los profesores italianos en
cada uno de los cursos intensivos destinados a la especialización de las armas
pesadas, ligera y montada. Además las escuelas para oficiales de Ingeniería y
de Aviación han iniciado también el periodo de sus actividades dentro de un programa
ajustado a los modernos principios de
pedagogía, al medio al cual debe aplicarse, y a los elementos de que se
dispone.[ ….].Por ahí se anda diciendo ya, por unos pocos que apenas llegan a
dos, que el material de artillería transportado por la Misión, para la
enseñanza del arma, sin que a nuestro erario le haya costado un solo centavo,
no reúne las condiciones necesarias para pensar siquiera en su adquisición. ¿Habrase
oído semejante dislate?”[39]
La aviación ecuatoriana toma
importancia a partir del 15 de julio de ese año, fecha en la cual se inician
los cursos teóricos y prácticos en dicha escuela, ubicada en la ciudad de
Guayaquil, en cumplimiento a los decretos del 5 y 7 de junio. Se nombran 14
alumnos, en los grados de subtenientes y tenientes. Se incorporan los sargentos
mayores Francesco Vece, como consultor y Vincenzo Carbone como cirujano.[40]
Se nombra como comandante del curso al capitán de corbeta Juan Francisco Anda,
y como director técnico al sargento mayor Vincenzo Lombardi.[41]
Gral. Luis Telmo Paz
y Miño
Para el funcionamiento de la Escuela
de Oficiales Ingenieros, se aprueba el Reglamento Especial No 5. El comandante
de curso es el teniente coronel Luis T. Paz y Miño, el director técnico, el
mayor Ing. Alberto Inzani y subdirector el capitán Umberto Ravazzoni.
Prácticamente, todas las materias estaban a cargo de los italianos, excepto
topografía, dibujo, física y química a cargo de Paz y Miño. Se nombran como
alumnos a 28 oficiales (dos no se presentaron), entre capitanes y subtenientes;
entre otros, Idelfonso Mendoza, Octavio Ochoa, Federico Struve.[42]
Los dos primeros salieron tempranamente de este curso; sin embargo, Idelfonso
Mendoza mantiene una estrecha relación de amistad con los oficiales de la escuela,
que lo llevarían a liderar, en Guayaquil, el golpe de Estado contra Gonzalo S.
Córdova.
Con visión de futuro y ante la
indispensable necesidad de disponer de una Carta Militar del país, el Congreso
Nacional dispone al ejecutivo que desde el 1 de enero de 1923, el Estado Mayor
General organice las secciones que fueren necesarias para el levantamiento de
la Carta Topográfica Militar.[43]
El mismo Congreso dispone la creación de una nueva zona militar con asiento en
Loja, la misma que se concreta el 10 de octubre del siguiente año.[44]
Se crea un nuevo curso especial de artillería, con una duración de 8 meses y
con 15 alumnos, previo a exámenes de admisión para oficiales en los grados de
subtenientes hasta sargentos mayores, bajo la dirección técnica del sargento
mayor Érico Pitassi. En esta ocasión se crea el incentivo para la primera
antigüedad del curso, un viaje de recreo e instrucción a Europa por un año.
La Escuela Militar se constituye en
otro centro de atención por parte de los italianos; se nombra como director técnico
al teniente coronel Vittorio Ferlosio, y
como profesores a los señores: capitán Dino di Luca en arte militar, sargento
mayor Érico Pitassi en artillería y explosivos, capitán Mario Carasi en
fortificación, sargento mayor Giuseppe di Pipitó en geografía militar.[45]
La Academia de Guerra prevista por los
chilenos como el instituto de mayor jerarquía en la educación militar, y que
apenas tuvo unos pocos meses de vida, abre nuevamente sus puertas; para ello,
se aprueba el reglamento y plan de estudios propuesto por el jefe de la misión,
con el objeto de “cultivar en los oficiales
los conocimientos militares y científicos y aquellas cualidades que
desarrollan las disposiciones de inteligencia y carácter necesarios para
ejercer el mando de unidades superiores, desempeñar los servicios de Estado Mayor
y resolver complejos problemas militares”.[46]
Es una visión de formación diferente a
la planteada por los alemanes a través de la misión chilena. En su organización
prevé un director en el grado de general o coronel, un subdirector en el grado
de teniente coronel, con 20 alumnos en los grados de capitán a teniente
coronel. Su duración será de dos años; en su intermedio se mandará a los
oficiales a unidades diferentes a las de su arma de origen, a realizar servicio
de tropa. La primera y segunda antigüedad irán por un año a Europa a recibir
especialización. Se nombra director técnico, al general Alessandro Pirzio; secretario
al capitán Giovanni Giurato; profesor de organización, teniente coronel
Vittorio Ferlosio; profesor de táctica, teniente coronel Amadeo Bracciaferri;
profesor de estado mayor, teniente coronel Alberto Trenti; profesor de
logística, sargento mayor Giuseppe di Pipitó; de historia militar, sargento
mayor Federico de Giorgis; topografía y dibujo, sargento mayor Francesco Vece;
armas portátiles y artillería, mayor Érico Pitassi; de fortificación, sargento
mayor Alberto Inzzani y capitán Umberto Ravazzoni; geografía militar y economía,
mayor Giuseppe di Pipitó; ciencias económicas y sociales, mayor Giuseppe di Pipitó
y capitán Giovanni Giurato; comunicaciones y medios técnicos, mayor Alberto
Inzzani y capitán Umberto Ravazzoni; arte militar naval, teniente de navío Enmanuele
Campagnoli; higiene militar, sargento mayor Vincenzo Carboni; hipología,
teniente Pietro Salvestroni[47]
Al finalizar el año se aprueba el
proyecto de reglamento para el régimen interno de las unidades. Se condecora al
jefe del Estado Mayor del Real Ejército italiano, coronel Benedetto Accorsi, en
su visita al Ecuador; se separa del servicio activo al general Moisés Oliva, en
su reemplazo se nombra al coronel Carlos Flores Guerra.[48]
El año de 1923 se inicia con un ejército
en campaña, debido a los graves problemas suscitados por los obreros en las
calles de Guayaquil. El levantamiento de la clase trabajadora el 15 de
noviembre de 1922, y la represión realizada por el ejército produjeron una
conmoción que avivaría el fuego anti oligárquico en el país. Se prohíben las
manifestaciones públicas y la formación de grupos en las calles. La emergencia
duró hasta el 25 de mayo. La intensa actividad en la organización de nuevas
unidades y la elaboración y aprobación de reglamentos sigue en este año. Se
organiza una sección de “ferrocarrileros”, como parte del servicio de ingenieros,
bajo la relación directa del Estado Mayor General; se organiza el curso regular
de radiotelegrafistas, anexo a la Escuela de Oficiales Ingenieros, bajo la dirección técnica del
mayor Alberto Inzzani, con 15 alumnos en
los grados de soldado a sargento primero. Se publica el reglamento de
funcionamiento. Se nombra como consultor técnico del ministerio de Guerra y
Marina al general Com. Alessandro Pirzio; se organiza un curso acelerado de
radiotelegrafía para oficiales aviadores, anexo a la Escuela de Oficiales
Ingenieros, bajo la dirección técnica del capitán Ettore Lodi. Como ayudante de curso es nombrado el teniente
Pedro Traversari.
Luego de algunos años de haber
terminado sus labores la misión militar
chilena, el gobierno nacional reconoce la extraordinaria labor desempeñada por
los componentes de dicha misión. Se concede la condecoración “Estrella Abdón
Calderón” de primera clase, al general Luis Cabrera, contralmirante Carlos
Fuensalida, coronel Ernesto Medina, capitán de navío Rubén Morales, capitán de
fragata Heli Núñez; de segunda clase al teniente coronel Luis Bravo, teniente
coronel Luis Franzani, teniente coronel Ismael Gómez, teniente coronel Ricardo
Oleas, capitán de corbeta Oscar Ferrari; de tercera clase al teniente Florencio
Torres. En esta misma ceremonia se condecora a los miembros de la misión
militar italiana.[49]
De otro lado, se separa del Ejército, por regresar a su país, con fecha 17 de
mayo, al sargento mayor Francisco Vece y al capitán Guido de Luca.
Hasta aquí, la primera parte de la
ingente actividad realizada por el coronel Ángel Isaac Chiriboga, en beneficio
de la institución, fue el líder que hizo falta en la organización del Ejército
con la misión militar chilena. El coronel Chiriboga pasa a la Dirección de
Instrucción del Estado Mayor General, y en su reemplazo es nombrado el coronel
Carlos Salvador.[50] Finaliza el año con la
aprobación del Código de Procedimiento en Materia Criminal Militar[51],
y se establece una Escuela de Caballería al mando del teniente coronel Amadeo
Braciaferri.
El año de 1924 busca de alguna manera
culminar el esfuerzo de reorganización e instrucción del Ejército, iniciado con
el mandato de José Luis Tamayo, se amplía su ámbito a la Marina creando un curso
de aplicación de guardiamarinas y aspirantes a ingenieros a bordo del crucero
“Cotopaxi”, con un año de duración. Asume la dirección de la Escuela Militar el
coronel Francisco Gómez de la Torre; se aprueba el Reglamento Disciplinario
para el Ejército; se organiza la Inspectoría General del Ejército, al mando de
un general. Se incorporan a la misión militar, el capitán de alpinos,
especialista en armas portátiles y automáticas, Giulio Martinet, y el teniente
aviador piloto ingeniero Césare Carminiani, que reemplazan al capitán Guido di
Luca y teniente de navío Enmanuele Campagnoli que regresaron a su país.[52]
Al poco tiempo, Carminiani es contratado en forma particular con el grado de
sargento mayor, para ocupar el puesto de director de la Escuela de Aviación. Se
publica el Reglamento Orgánico y Disciplinario de la Escuela Nacional de
Aviación; en él se establece su objetivo: formar pilotos de aeroplanos e
hidroaviones; motoristas, mecánicos, armadores, armeros; y, además, estudiar
las varias posibilidades de la aeronáutica militar y civil de la República. Estará
confiada a un oficial superior del Ejército o la Marina.[53]
Regresa a Italia el capitán Ettore Lodi, observador de aeroplanos.
Bajo el título “Progreso Militar de la República del Ecuador con la Cooperación
de la Misión Italiana”, se publica en El Comercio del 16 de mayo de 1924, un
interesante artículo firmado por el teniente coronel del Ejército de Colombia
D. Jorge Mercado, en el cual analiza con profundidad todos los cursos y las
instituciones creadas por la misión militar en el Ecuador. En su conclusión
afirma:
“El éxito evidente alcanzado por el Ecuador con la elección de la misión
militar Italiana, cuyos trabajos, aún reseñados a la ligera, dejan la impresión
de algo muy firme y eficaz y muy acorde con nuestras aspiraciones y recursos,
pero por sobre todos los vínculos que nos unen a nuestro hermano del Sur y que
hacen de los dos pueblos aliados naturales, a quienes conviene unificar sus
doctrinas y procedimientos militares, son las razones poderosas que nos mueven
a insinuar respetuosamente al Gobierno de Colombia la conveniencia de preferir
a Italia para buscar en ella la misión militar europea autorizada por el
Congreso Nacional y en la que tenemos puestas tantas esperanzas de redención y
de progreso.”
En el ámbito político, el presidente
informa a través de su último Mensaje a la Nación, sobre la perturbación del
orden público al haberse lanzado una candidatura militar a la Presidencia de la
República. Se acusa al militar de haber nacido en el exterior; por esta razón,
en algunas ocasiones se puso al ejército en campaña. Se refería al coronel Juan
Manuel Laso, que entre los candidatos a la Presidencia de la República era el
más opcionado. Era un hombre de ideas socialistas. En su mensaje destaca la presencia de la misión militar
italiana, que sin lugar a dudas, para el Ejército, constituye un segundo punto
importante de partida para su mejor organización e instrucción. Es mérito de
este presidente, el haber escuchado y aprobado los pedidos de los líderes
militares, representados por el coronel Ángel Isaac Chiriboga, desde la
subsecretaría de Guerra, y del teniente coronel Luis T. Paz y Miño, desde las
esferas de la técnica en los ramos de la ingeniería y la cartografía
nacionales.
Se condecora con la Medalla al Mérito de primera clase al general Alessandro
Pirzio y al personal de la Real Nave de Italia venida al país en misión de
grata cortesía. Por primera ocasión, en el mandato de Tamayo, se procede a ascender
a personal de tropa al empleo de oficiales. A pesar de que el proyecto de Ley Orgánica de 1902 era adverso a la
posibilidad de generar un cuadro de oficiales desde los elementos de tropa, sin
embargo, la ley aprobada considera esta posibilidad, previo el cumplimiento de
requisitos. La permanente lucha política, llevada al campo de las armas, con la
participación del Ejército, generó la necesidad de contar con oficiales
subalternos formados desde los cuadros del personal de tropa, en tiempos de
formación muy corta, para el mando de las unidades operativas, lo cual, de
alguna manera, a diferencia de otros países latinoamericanos, contribuyó a que
no se estructure una oficialidad elitista, perteneciente a una clase económica
alta y socialmente distante de la tropa, subordinada a los intereses de grupos hegemónicos. La formación de un
Ejército Nacional se había ido consolidando al interior de la institución militar.
Presidencia de Gonzalo S. Córdova.
El 1 de septiembre, con la posesión
del nuevo presidente, se nombra como ministro de Guerra, Marina y Aviación (es
la primera vez que se da este calificativo) al señor Leonardo Sotomayor. Se
reincorpora al general Moisés Oliva y se le designa como jefe del Estado Mayor
General. En una especie de costumbre (política) se designa al oficial que deja
este cargo, como director de la Escuela Militar. Se mantiene como subsecretario
de Guerra el coronel Carlos Flores. Se asciende a generales a los coroneles
Francisco Gómez de la Torre y Juan Francisco Orellana.[54]
La presencia de Gonzalo S. Córdova en
la Presidencia de la República no es de buen augurio para la institución militar.
Aumenta a 400 plazas la dotación de cada una de las unidades del ejército permanente,
lo declara en campaña y se reincorpora a muchos oficiales al servicio activo,
se llama a la reserva de las unidades de caballería No 45 y 31; y, reforma la
Ley Orgánica Militar en base al proyecto publicado en el R.O. de 29 de
noviembre de 1919. Esta reforma va dirigida a administrar a las Fuerzas Armadas
desde el ministerio de Guerra.[55]
Su ejecución se detiene hasta que se elabore y publique el reglamento
correspondiente. Por primera vez se procede a separar del servicio activo a 65
oficiales, por haber cumplido el límite de edad contemplada en la Ley de
Retiro.[56]
El contingente de ingenieros graduados en la Escuela de
Oficiales Ingenieros, lleva al legislativo a disponer al ejecutivo el empleo de
500 hombres del Ejército en la
construcción del ferrocarril y en otras construcciones a nivel nacional. Se
hacen objeciones desde el ejecutivo, en el sentido de que los militares “no
pueden distraer sus funciones de defensa de la soberanía nacional, y que se
está quitando plazas de trabajo a los ciudadanos”.[57]
Es el inicio de una permanente lucha de los militares para participar en el
desarrollo nacional, en el cual, la ingeniería militar ha representado con
dignidad al Ejército Ecuatoriano. Se incorporan a su país, el sargento mayor Érico
Pitassi Manella, capitán Mario Carasi y sargento mayor Giuseppe di Pipitó. [58]
Igual destino tiene el teniente piloto Cesare Carminiani. El efectivo del
Ejército cierra el año con 4.774 hombres. En la ingeniería se crea la compañía
de ferrocarriles, transportes fluviales y reparación de vías.
El año de 1925 nace con un presupuesto
para Fuerzas Armadas, de $ 6.400.000; el coronel Chiriboga sigue en la Dirección
de Instrucción. En la Marina, se clasifican a los oficiales en: de guerra,
ingenieros y de administración. Sus unidades: crucero “Cotopaxi”, caza torpedero
“Libertador Simón Bolívar”, yate “Aga”, yate “Tarqui”; y, batería de costa de
Punta de Piedra. Su presupuesto era de $ 25.000. En los puestos importantes se
encuentran: coronel Ricardo Garzón en la Escuela Militar, en la IV Zona el
general Enrique Barriga, en la V Zona el general Rafael Almeida; y, en la VII
Zona el general Juan Francisco Orellana.[59]
Se expide el Reglamento a la Ley Orgánica Militar, con lo cual se consuma el
traslado administrativo del Ejército al ministerio de Guerra: “El ministerio de
la Guerra ejerce en tiempos de paz el mando del Ejército y de la Armada, por
medio de instrucciones y órdenes emanadas en las leyes y reglamentos; es
responsable de la administración y del estado de las fuerzas militares de la
República”. “El Estado Mayor General, es el órgano técnico que bajo la
inmediata dependencia del ministerio, dirige, coordina y prepara los medios
bélicos”. Los comandos de Zona pasan a depender del ministerio, el mismo que se
organiza con las secciones de: personal
de oficiales, personal de tropa, administración
y servicios logísticos, revisora de cuentas, remonta, Inspectoría general,
justicia militar. El Estado Mayor se organiza con las siguientes secciones:
operaciones, adiestramiento, historia, movilización, reclutamiento y ascensos,
servicios y transportes, estadística, sanidad militar, servicio técnico y
fortificación.[60] Se crea además, una
sección de Marina. En la Escuela de Oficiales Ingenieros se gradúan 22
oficiales[61], se organiza un curso especial
de infantería bajo la dirección técnica del capitán Giulio Martinet, se aprueba
el Reglamento para la Junta Calificadora de Méritos. Visitan el país,
autoridades del Ejército del Reino de Italia, que son condecorados. Su visita
está dirigida a inspeccionar el funcionamiento de la Inspectoría General, de la
Escuela Militar, de la Escuela de Oficiales Ingenieros, entre otros. Fallece el
teniente coronel Vittorio Ferlosio de la misión militar, por lo cual se le da
de baja con fecha 6 de mayo.
Se firma un nuevo contrato con el
Reino de Italia, mediante el cual se establece la nómina de los oficiales que
quedan prestando sus servicios en el país: general Alejandro Pirzio Biroli;
teniente coronel Amadeo Braciaferri; sargento mayor Fedele de Giorgis; sargento
mayor Alberto Insani; capitán Humberto
Ravazzoni; capitán Giulio Martinet; y mariscal Fani Diamante. Seguirán hasta el
24 de agosto, los siguientes: sargento mayor Vincenzo Carbone, capitán Giovanni
Giurato, teniente Pietro Salvestroni, teniente Antioco Piras y mariscal Amadeo
Crisará.[62] Con motivo de la firma del nuevo contrato con Italia, la prensa publica
el artículo “La misión militar
Italiana”, que decía entre otras cosas: “Cuando se contrató y vino al
Ecuador la misión militar italiana, tuvo
algunas resistencias en el seno de la institución armada, en el mismo Estado
Mayor General y aún en el concepto de muchos ciudadanos; no obstante, fuimos
los primeros en aplaudir, en este mismo Diario, un hecho de tanta significación
y trascendencia para la República y Ejército ecuatorianos. Nosotros, que tantos
años hemos consagrado a procurar el resurgimiento, mejora, adelanto y progreso
del elemento armado, que este ha sido y es el ideal que venimos persiguiendo
con tesón y constancia; veíamos la inaplazable necesidad de su instrucción y
perfeccionamiento, de su evolución científica, de que se ponga a la altura de
las nuevas orientaciones, inventos y descubrimientos alcanzados en la Guerra
Mundial.” […] “Han transcurrido los tres cortos años del contrato, y la labor
sabia, eficaz y constante de la misión militar italiana, como el gran provecho
cultural y perfeccionamiento técnico y práctico alcanzado por muchos jefes,
oficiales y soldados en los exámenes de la Academia de Guerra, la Escuela Militar
y otros muchos cursos, han justificado plenamente nuestra recomendación franca,
sincera, independiente y desinteresada.” […] “Hemos visto por la prensa, que se
ha prorrogado por dos años más, el contrato con la misión militar, que su
majestad el Rey de Italia, mediante la intervención y buenos oficios del Excmo.
Señor Vincenzo Filete, digno Ministro Plenipotenciario, ha concedido la
autorización para tal acto; por lo que, como ecuatorianos, les quedamos muy
reconocidos.”[63]
La Revolución Juliana.
En vista de que el gobierno presidido
por el doctor Gonzalo S. Córdova, ha cesado en el ejercicio de sus funciones,
asume el mando supremo de la República la Junta de Gobierno Provisional, en
virtud de la voluntad del Ejército y Pueblo ecuatorianos. Firman el decreto:
Luis Napoleón Dillon, José Rafael Bustamante, general Francisco Gómez de la
Torre, general Moisés Oliva.[64]
Había llegado al poder, un movimiento revolucionario propiciado por oficiales
jóvenes del Ejército, cansados de la plutocracia banquera de Guayaquil,
buscando los cambios de su Ejército y de su país que no pudieron cristalizarse
con la revolución liberal. Los firmantes aparecen como vocales de la Junta de
Gobierno, encargados a su vez de diferentes carteras de Estado, bajo la figura
de un mando compartido. Se nombra ministro de Guerra, Marina y Aviación al
general Francisco Gómez de la Torre; como ministro de Obras Públicas al general
Moisés Oliva; sin embargo, el mencionado general, Jefe del Estado Mayor,
presenta su renuncia como vocal de la Junta de Gobierno, siendo reemplazado por
Francisco Arízaga Luque como ministro de Instrucción Pública. En Obras Públicas
es nombrado Pedro Pablo Garaicoa.[65]
En la subsecretaría de Guerra se nombra al coronel Carlos Salvador, aunque en
pocos días, luego de su ascenso al grado de coronel, lo reemplaza Luis T. Paz y
Miño. El general Oliva, criticado por su cercanía a los viejos estamentos del
gobierno, es nombrado adjunto militar a las legaciones de Ecuador en Italia y
Francia. Se separan del servicio activo los generales Rafael Almeida y
Francisco Orellana. Se da el pase al mayor Idelfonso Mendoza como Jefe de la
III Zona Militar, aunque pocos días más tarde es designado a la subsecretaría
de Guerra, junto con el teniente Federico Struve, bajo las órdenes del coronel
Paz y Miño. Como jefe de la I Zona Militar es nombrado el coronel Ángel Isaac
Chiriboga, y a la Escuela Militar el coronel Carlos Guerrero.[66]
El 9 de julio, el movimiento militar iniciado en la ciudad de
Guayaquil y replicado en la ciudad de
Quito, depuso a las autoridades provinciales del Guayas, instaurando una Junta
Militar de Zona integrada por el sargento mayor Idelfonso Mendoza, el capitán
de fragata Diógenes Fernández, el capitán de corbeta Manuel Cevallos, el
capitán Luis Rivadeneira y los tenientes
Leonidas Salas, Pedro Icaza, Luis Rodríguez y Miguel Castillo, quienes
suscribieron un manifiesto a nombre de la institución militar. En Quito se
instauraba la Junta Suprema Militar compuesta por el teniente coronel Luis T.
Paz y Miño que la presidía, mayores Juan Ignacio Pareja y Carlos A. Guerrero,
el teniente Federico Struve y el subteniente Ángel Bonilla. De la lectura
de las firmas que asoman en el documento de creación de la “Liga Militar”, de
25 de octubre de 1924, se puede afirmar que el movimiento juliano se inició en
las aulas de la Escuela de Oficiales Ingenieros, con los oficiales que
ingresaron el 30 de junio de 1922 y cuyos nombres son: capitán Idelfonso
Mendoza; tenientes: Federico Struve, Alfredo Hidalgo, Luis Herrera, Luis P.
Estrella, Samuel Jarrín, José Guerrero H; subtenientes: Luis A. Sierra, Joaquín
Samaniego, Carlos H. Granja y Carlos Chiriboga. Como profesor y jefe de curso constaba
Telmo Paz y Miño; Ángel Isaac Chiriboga era uno de los promotores de la
creación de la Escuela. De este curso se graduaron 22 oficiales, el 12 de marzo
de 1925.
En los jóvenes oficiales debe haber
existido una enorme frustración sobre la situación de un ejército que había
iniciado una etapa de transformación institucional, al querer pasar de un ejército
caudillista mandado y administrado directamente por autoridades sin preparación
alguna para este oficio, a un Ejército Nacional, dirigido institucionalmente,
en forma tal que siempre se encuentre en
estado de utilidad militar. El formato de esta transformación estaba plasmado
en el proyecto de ley presentado por los chilenos en 1902, aprobado a empujones
en 1905 y ejecutado a retazos hasta el año de la revolución, a pesar de la actividad
desarrollada por Chiriboga y Paz y Miño desde el inicio del gobierno de Tamayo.
En el ámbito nacional, debe haber
preocupado a los oficiales el desempeño de los gobiernos plutocráticos iniciados con el general Plaza y que fueron los causantes de la decadencia de
la revolución liberal; la firma del Tratado Muñoz-Vernaza con Colombia, y
luego el Salomón-Lozano en perjuicio del
territorio nacional. En las finanzas públicas, un poderoso sistema bancario de
carácter mercantil y financiero. La campaña de Esmeraldas, un terrible desangre
para el país y un fabuloso negocio financiero para la oligarquía en el poder, a
través de su financiamiento con emisiones de papel moneda sin respaldo. El
levantamiento de la clase trabajadora y la represión del ejército que determinó
una gran cantidad de pérdidas humanas (1922). El levantamiento indígena que
terminó en masacre en la hacienda Leyto, en Tungurahua (1923); la revolución
liderada por Jacinto Jijón y Caamaño (1924); el fraude electoral para elegir a
Gonzalo S. Córdova; el negociado de las acciones del ferrocarril, los excesos
del Banco Comercial y Agrícola. Por otro lado, también debe haber influenciado
el conocimiento de los movimientos sociales en diferentes lugares del mundo: revolución
agraria de México (1910), la I Guerra Mundial (1914-1918), la revolución rusa
(1917). Todos estos acontecimientos deben haber sido motivo de un permanente
análisis de los oficiales en las aulas de la escuela, que los llevó a organizar
un proceso revolucionario concebido con ideas nacionalistas e inspiradas en el
socialismo de la época, para modernizar el Ejército y el Estado. El programa juliano inmerso en el acta de la reunión del 20 de mayo de
1925, contemplaba desde el punto de vista militar, la organización del
Ejército, para que responda a las aspiraciones y necesidades del país, y la
revisión completa de leyes militares y la creación de las que fueren
necesarias, de manera especial las reformas al servicio militar obligatorio. El
marco de acción estaba dado por la propuesta chilena de 1902, liderada desde la
subsecretaría de Guerra por el coronel Ángel Isaac Chiriboga.
Estos análisis de la realidad institucional y nacional generalmente se
han efectuado en los cuerpos colegiados
de las Fuerzas Armadas, como es el caso de la Escuela de Oficiales Ingenieros,
la Escuela Técnica de Ingenieros, la Academia de Guerra o en los cursos de
perfeccionamiento de oficiales, derivando en muchos casos en cambio de las autoridades
militares o en cambios de gobierno, sin que ninguno de ellos haya significado
un apoyo de carácter caudillista.
Entre las primeras acciones de
intervención en la organización del Ejército, se aumenta
a 420 y 380 los efectivos del regimiento de artillería y batallones de
infantería, y se eleva a la categoría de regimiento al grupo de caballería escolta.
Se asigna la cantidad de $1,50 sucres diarios de rancho a los oficiales,
igualando de esta manera al valor que venía recibiendo el personal de tropa. En
la Marina de Guerra se crea la Inspectoría General de la Armada, su jefe
responderá de sus acciones ante el jefe de la III Zona Militar, quien ejerce
las funciones de Comandante General de esta rama de las Fuerzas Armadas. A los
militares que pasan a ocupar funciones en la administración civil, se les
asigna el sueldo de los mismos empleos. En el ámbito civil, se clausuran
temporalmente las universidades de Quito, Guayaquil y Cuenca, disponiéndose su
reestructuración.[67]
Asoman inconformidades por el golpe de
Estado, en la provincia de Manabí, por lo que se declara al Ejército en
campaña.[68] Producto de esta
declaratoria y por primera vez en la historia de la República, se disuelve, con
fecha 23 de septiembre, al escuadrón de caballería No 2 “Cazadores de Chone”,
por haber perpetrado actos de
indisciplina y traición a los ideales del Ejército. En su lugar se crea el
escuadrón de caballería No 2 “Cazadores 9 de julio”.[69]
El vocal de la Junta de Gobierno y a su vez, ministro de Guerra, general
Francisco Gómez de la Torre presenta su renuncia; en su reemplazo se nombra al
doctor Francisco J. Boloña.[70]
Posteriormente, Gómez de la Torre y Mendoza se volverán en contra de la revolución.
Se concede la separación del Ejército Ecuatoriano,
por haberse reincorporado a su país, con fecha 28 de octubre, al mayor Alberto
Inzani, a quien, la ingeniería militar todavía le debe reconocimiento. Es
reemplazado por el capitán Giacomo Roca.[71]
Se producen nuevos pases en la cúpula del Ejército: al general Moisés Oliva,
pese a estar en Italia, se le da el pase de Jefe del Estado Mayor General, a
Inspector del Ejército; como subjefe del Estado Mayor, al coronel Luis T. Paz y
Miño; es decir, prácticamente en reemplazo de Moisés Oliva. El coronel Ángel
Isaac Chiriboga vuelve a la Subsecretaría de Guerra, Idelfonso Mendoza es
designado a la I Zona Militar. Por su trascendencia, el sargento mayor Luis
Larrea Alba recibe la disposición de prestar sus servicios en la Policía
Nacional.[72]
A fin de administrar la Marina, se
crea en el ministerio de Guerra la sección Marina. Al finalizar el año, el
coronel Paz y Miño es trasladado a la jefatura de la III Zona Militar.[73]
La Junta de Gobierno tenía problemas en su consolidación como tal, la
alternabilidad en el mando del país se constituía en una debilidad del gobierno.
En el ámbito civil, el año se cierra con la fundación del Banco Central del
Ecuador[74],
y la reapertura de las universidades.
En 1926 se reflejan los problemas del gobierno
provisional, se presentan las renuncias irrevocables de los vocales ministros
de la Junta de Gobierno: Modesto Larrea Jijón, Francisco Arízaga Luque, Pedro
Pablo Garaicoa, Luis N. Dillon y Francisco Boloña, en su reemplazo, se nombran
a: Julio Moreno, a quien se le encarga la cartera de Guerra, Homero Viteri L,
Isidro Ayora y Humberto Albornoz.[75]
A finales de enero se nombra a José Antonio Gómez Gault para la cartera de
Guerra, Marina y Aviación. Se publica el Reglamento de reparticiones y dotaciones
del Ejército en tiempos de paz, para el año 1926, con un orgánico total de
5.000 plazas y un presupuesto de $ 7.400.000 sucres
El batallón de infantería No 1
“Marañón”, es juzgado por actos de rebelión e indisciplina, por tal motivo, es
borrado del orgánico del Ejército.[76]
Al haberse comprobado responsabilidad en los actos de rebelión del mencionado
batallón, se procede a separar del servicio activo de las armas, al teniente
coronel Idelfonso Mendoza,[77]
y se da de baja a un importante número de oficiales. De los hechos del 4 de
marzo se responsabiliza a los señores: general Francisco Gómez de la Torre, don
Ignacio Fernández Salvador, general
Rafael Almeida, y don Alfonso Barba, a quienes se les impone una multa de 50,
30, 20 y 10 mil sucres, respectivamente.[78]
Por el mismo acto se da de baja al capitán Radoy Garneff, oficial extranjero
naturalizado.
Idelfonso Mendoza había cuestionado la autoría de los programas del
nuevo régimen que se habían divulgado, aseguraba que con la intervención de
Dillon y Manuel María Sánchez, se falsearon los principios proclamados por la
Liga Militar, ya que según él, algunos claudicaron a las influencias de civiles
sin convicción.[79] Recibió un respaldo inicial de algunos
oficiales y civiles de Guayaquil; los primeros fueron dados de baja y los
segundos plegaron a Mendoza para formar lo que se dio en llamar la “guardia cívica”. Mendoza es autor del
folleto “El 9 de julio y sus actores”.[80] Al referirse a las reuniones de la Liga
Militar en Quito decía: “…actitud digna de elogio y capaz de entusiasmar a los
más inertes, contrasta notablemente en la forma como después de consumado el
movimiento militar se comportaron y cómo
después tan fácilmente consintieron en deshacer lo que tan solemnemente se
habían pactado, defender hasta perder la última gota de sangre”.[81]
Se decreta una nueva Ley Orgánica
Militar, los cambios son de forma respecto de la anterior. En cuanto a la
composición del Ejército se incluye sin mayor razón, en la segunda reserva a
los ciudadanos comprendidos entre los 18 y 19 años, y se aumenta de 45 a 50
años de edad. Se divide al territorio en siete zonas militares: I Zona (Carchi
e Imbabura); II Zona (Pichincha y León); III Zona (Tungurahua, Chimborazo,
Bolívar y Napo Pastaza); IV Zona (Cañar y Azuay); V Zona (Loja y Santiago
Zamora); VI Zona (El Oro, Guayas, Los Ríos y Archipiélago de Colón); VII Zona
(Manabí y Esmeraldas). El aumento, respecto de la ley anterior se produce al
dividir en dos las Zonas II y IV, al
incorporar las provincias de Napo- Pastaza y Santiago Zamora.
Según la ley, en tiempos de paz, el
ministerio de Guerra ejerce el mando y la administración militar, por órgano
del Estado Mayor General, el mismo que depende del ministerio de Guerra y
representa el Alto Instituto Consultivo Técnico, para la dirección,
coordinación y preparación de los medios bélicos y para cualquier estudio que
se refiera a las Fuerzas Armadas. Los comandos de zona dependen del ministerio.
Este aspecto que resulta trascendente en la administración y mando del
Ejército, tratado in extenso por la misión militar chilena, en el capítulo VII
del proyecto presentado al presidente Alfaro, al argumentar sobre la creación
del Estado Mayor General, en la forma en que finalmente se creó dice: “…esta
cuestión de la administración y mando del Ejército se ha resuelto bajo la
imposición de las circunstancias políticas que determinan la actuación pública
en el Ecuador. Es casi seguro que después de transcurridos diez a quince años y
cuando la paz pública se encuentre permanentemente afianzada, en razón de la
sensatez política adquirida y de otros factores no menos determinantes
(inmigración, establecimiento de industrias de todo género, construcción de
líneas férreas, etc.), es casi seguro, repito, que la ley militar orgánica
tendrá que ser reformada, a objeto de establecer la verdadera doctrina militar,
dando al Estado Mayor General un carácter exclusivamente técnico y radicando la
acción del mando y la administración en un instituto con dependencia inmediata
y directa del Ministerio de Guerra, si no en el mismo Ministerio”[82]
Al Estado Mayor General corresponde
exclusivamente la organización de servicios de informaciones, la redacción de
los planes de guerra y movilización, los programas de instrucción para
oficiales y tropa, los estudios y ensayos de medios ofensivos y defensivos,
reclutamiento y ascensos, y preparación
del territorio nacional. El Consejo Supremo de Defensa Nacional se compone con
el Jefe del Ejecutivo, ministros de Estado, un delegado de las instituciones
bancarias, uno de las Cámaras de
Industria y Comercio, otro de las asociaciones de agricultores, y del jefe del
Estado Mayor General. El Ejército en sus servicios se distribuye así: Academia de Guerra, Escuela
Militar, Escuelas y Cursos Especiales que se crearen, Infantería, Caballería,
Artillería, Ingenieros, Aviación, Servicios auxiliares.[83]
En cuanto a la Armada: los oficiales se clasifican en oficiales de guerra, oficiales
ingenieros de guerra, oficiales de administración y oficiales de sanidad. Los
oficiales de guerra, de cadete a capitán de navío; los ingenieros de guerra, de
cadete ingeniero a ingeniero de fragata.[84]
Se decreta la Ley de Situación Militar y Ascenso. En cuanto al personal de
tropa se dispone que de los cuadros de tropa podrán ascender, anualmente, a la
categoría de oficiales, los sargentos primeros que hubieren rendido un examen
satisfactorio, que no tengan más de 28 años, solteros, haber servido en las filas
por lo menos 7 años y dos de éstos como sargentos primeros. Los seleccionados
pasarán a la Escuela Militar por un año.
Anualmente se podrá ascender a 4 por la infantería, dos por artillería, uno por
caballería y uno por ingenieros.[85]
Se asignan las cabeceras de zona: I
Zona, Tulcán; II Zona, Quito; III Zona, Riobamba; IV Zona, Cuenca; V Zona,
Loja; VI Zona, Guayaquil; VII Zona Portoviejo. Se publica el Reglamento para la
concesión de viáticos, pasajes, bagajes y fletes militares. Se establece un curso
teórico-práctico de infantería, con una duración de 5 meses, dirigido por el
teniente coronel Bracciaferri. Se organizan tres cursos teóricos-prácticos de artillería,
con una duración de 6 meses, a cargo del mayor Fabra. Se establece un nuevo curso de ingenieros,
el mismo que funcionará en la Academia de Guerra, con una duración de 17 meses,
bajo la conducción del capitán de ingenieros Giacomo Rocca. Se establece que en
cada una de las unidades del Ejército funcione un curso de instrucción para los
sargentos primeros, con una duración de 6 meses. La Comandancia General de
Marina estará adscrita a la Jefatura de la Sexta Zona Militar, cuyo jefe será
el Comandante General de Marina.
La Junta Provisional establece el
cargo de Presidente Provisional de la República y nombra al Dr. Isidro Ayora,
para desempeñar dicho cargo. En sus considerandos establece que la experiencia
ha demostrado lo inconveniente de la forma de gobierno plural, no solo porque
se presta a frecuentes crisis, con peligro de la paz de la República, sino
porque no consulta suficientemente el principio de unidad y responsabilidad
gubernativas y, además, entraba la libre o normal función de cada ministerio.[86]
Se clausura la Escuela de Aviación, a
fin de obtener el perfeccionamiento de los alumnos en el exterior y se declara
en comisión en el exterior a seis oficiales. Adscrita a la VI Zona Militar se
establece la sección de aviación, en la cual constaran oficiales encargados de
preservar el material existente en la escuela; entre otros, el capitán Pedro
Traversari.[87]
Se fija el número de oficiales para el
Ejército en: 5 generales, 13 coroneles, 44 tenientes coroneles, 69 sargentos
mayores, 142 capitanes, 363 tenientes, subtenientes o alféreces. El personal de
tropa: 213 sargentos primeros, 474 sargentos segundos, 615 cabos primeros, 775
cabos segundos 5.502 soldados. Un general ganaba $ 7.176 sucres.[88]
Fallece en Italia el general Moisés
Oliva.[89]
Se publican nuevos reglamentos para la Marina: Reglamento para la entrega de cargos
en los buques, deberes del oficial piloto, de ascenso para la marina,
Reglamento para la sección de marina del ministerio de Guerra, de excluidos y reemplazos
en los buques de guerra (altas y bajas del material de guerra), Programa de
exámenes para oficiales de guerra, construcciones, reparaciones, conservación y
modificaciones para la Marina Mercante, trazado de la línea de carga, arqueo de
las naves, dotación para los buques mercantes, Reglamento de exámenes para maquinistas
e ingenieros de la Marina Mercante, de asimilación para el personal de la misma
y de creación del cuerpo de prácticos. Se cambia el nombre de Comandancia
General de Marina, por el de Dirección General de la Armada. En el Ejército:
Reglamento de instrucción para la artillería, Reglamento para la calificación y
empleo de los oficiales, así como el Formulario del libro de vida militar,
Reglamento interno para la Escuela Militar de Telegrafía y Radio.
Accede al cargo de ministro de Guerra,
el señor Leonardo Palacios.[90]
Un nuevo curso militar, esta vez para capacitar al personal de tropa en el
campo de la administración militar; su duración es de 12 meses, con 20 alumnos,
al mando del capitán Atilio Nardi. En la organización de las unidades, se
dispone que el regimiento de caballería tenga una plana mayor y tres
escuadrones, a fin de unificarlo con las otras armas.
En el campo legal, se publica la nueva
Ley de Montepío Militar[91],
la misma que establece su patrimonio a base del descuento del 6% del sueldo del
personal en servicio activo, el 6% de la pensión de los retirados, a más de los
bienes de los militares que mueran ab intestato,
entre otros. Se aprueba la Ley Orgánica de la Marina, en la que se establece su
dependencia del ministerio de Guerra, a través de la sección de Marina; un
Estado Mayor General, la dirección general, los buques de guerra, fuertes y capitanías
de puertos, institutos de instrucción, diques y arsenal. Se mantiene la misma
clasificación de los grados y del tipo de oficiales, a más de observar los
mismos lineamientos generales que rigen para el Ejército.[92]
Se decreta la nueva Ley de Retiro Militar en la que se establecen nuevas normas
para el retiro voluntario, retiro forzoso por edad, retiro forzoso por
vencimiento del plazo de disponibilidad, retiro forzoso por asuntos disciplinarios,
invalidez, sentencia de justicia ordinaria, sentencia de tribunal militar y
fallecimiento.[93] Un general con 30 años de
servicio recibía una pensión mensual de $ 448,50; un subteniente $ 94,50. Como
requisito de ascenso para los oficiales de la Armada se instituye la
presentación de memorias profesionales, y se publican los temas sobre los
cuales se puede investigar. Se nombra como director técnico y administrativo de
la Academia de Guerra al general Alejandro Pirzio Biroli, jefe de la misión italiana.
Esta intensa actividad reglamentaria y de organización se había retomado con la
presencia, nuevamente, en la subsecretaría de Guerra, del coronel Ángel Isaac
Chiriboga.
Por haberse reincorporado a su país se
concede la separación del Ejército ecuatoriano con fecha 30 de noviembre de 1925
al capitán Giovanni Giurato; se da de baja por el mismo motivo, al subteniente
Amadeo Crisará. Se reconoce en el empleo de sargento mayor de artillería al de
igual clase del Ejército de Italia a Giovanni Fava, con fecha 29 de enero de 1925.
Se reincorporan al Ejército Ecuatoriano al capitán Pietro Salvestroni, mayor
Atilio Nardi y capitán Giacomo Rocca, del Ejército de Italia, con fecha 22 de
noviembre de 1927.
Con el advenimiento del nuevo año, se
organiza un curso de caballería para oficiales inferiores, con una duración de
8 meses, con 14 alumnos, bajo la dirección técnica del jefe de la misión. Se
organiza un curso especial militar de aspirantes a oficiales, con 16 sargentos
primeros, bajo el mando del director de la Escuela Militar. El coronel
Chiriboga es nombrado Jefe de la IV Zona Militar, y en su reemplazo en la
subsecretaría de Guerra se nombra al coronel Luis Paz y Miño. Pocos meses más
tarde, el coronel Chiriboga es nombrado como Inspector General del Ejército,
que en ese momento, era el cargo más importante de la institución. Se organiza
la Comisión técnica de levantamiento de la Carta Topográfica Nacional, al mando
del coronel Luis Paz y Miño, asistido técnicamente por el capitán Giacomo Rocca;
entre otros miembros importantes constaban: Gabriel Noroña, Luis Tufiño,
Luciano Andrade Marín. Se crea una Escuela de Perfeccionamiento del Servicio de
Administración Militar, con una duración de 12 meses, con 13 subtenientes
asimilados. Se dispone la presencia de 13 oficiales ingenieros en la
construcción del ferrocarril, en el tramo Bahía-Chone, trabajos de agua potable
en Riobamba, carretera Quito-Santo Domingo-Quinindé, carretera Quito-Zambiza,
ferrocarril Guayaquil a la Costa, ferrocarril Sibambe –Cuenca, agua potable de
Guaranda, carretera San Juan-Guaranda, ferrocarril de Puerto Bolívar-Rio
Amarillo, carretera Quito-Chone. Se nombra como ministro de Guerra al teniente
coronel Carlos A. Guerrero, el mismo que pasa al servicio pasivo.[94]
Se aprueba el Reglamento de instrucción
para la artillería, el Reglamento para el personal y Servicio Radiotelegráfico
Militar, Reglamento de instrucción para primeros auxilios, Reglamento para la inspección
general de máquinas y construcciones navales. Se publica el Reglamento Orgánico
de los Servicios Superiores del Ejército, en el cual constan: Ministerio de
Guerra, Inspectoría del Ejército, Estado Mayor General, Zonas Militares,
Tribunal Superior Permanente, Consejo Superior Militar y Junta Calificadora de
Servicios. El Consejo Superior Militar es el organismo encargado de garantizar
la vida profesional de los oficiales; la Junta Calificadora de Servicios es la encargada de la terminación del servicio
activo y sobre las pensiones de retiro y montepío, el Consejo de Defensa
Nacional encargado de estudiar y resolver el problema defensivo de la nación,
está integrado por los ministros de Hacienda, Previsión Social, Correos y
Telégrafos, Guerra; Inspector del Ejército, Jefe del Estado Mayor, Director
General de la Armada, Jefe del Servicio de Aviación; además, tiene una comisión
técnica conformada por el inspector, jefe del Estado Mayor, comandante de la I
Zona Militar, director de la Armada, subjefe del Estado Mayor General,
subsecretario de Guerra y un oficial superior por cada arma.[95]
Al igual que en el campo militar, en
la administración del gobierno se dan cambios importantes, a través de la
expedición de leyes; entre otras: Ley Orgánica del Banco Central,[96]
Ley de Monedas, con el sucre como unidad monetaria, con 0,300933 gramos de oro
fino,[97]
Ley Orgánica de Aduanas,[98]
Ley Arancelaria de Aduanas,[99]
Ley de Registro Civil,[100]
Ley General de Bancos,[101]
Ley de Patrimonio Territorial del Estado,[102]
Ley Orgánica de Hacienda,[103]
Ley de Cheques, [104]
Ley de Impuesto a la Renta,[105]
Ley del Banco Hipotecario del Ecuador,[106]
Ley de Timbres,[107]
Ley de Impuesto sobre la Propiedad Rural,[108]
Ley de Jubilación, Montepío Civil, Ahorro y Cooperativa,[109]
Ley Especial del Servicio de Defensa Contra Incendios,[110]
Ley de creación de la Dirección General de Estadísticas de la República,[111]
Ley de Impuestos sobre Herencias, Legados, Donaciones,[112]
Ley del Estanco de Alcoholes,[113]
Ley de Marcas de Fábrica,[114]
Ley de Hacienda Pública,[115]
Ley de Timbres,[116] Ley Orgánica Municipal,[117]
entre las más importantes.
Se condecora con la medalla Abdón
Calderón de segunda clase, al mayor Giovanni Fava y los capitanes Giacomo
Rocca, Atilio Nardi y Giulio Martinet.
En el mes de noviembre de este año se promulga
una nueva reforma a la Ley Orgánica Militar, se vuelve al proyecto de ley de
los chilenos en algunos aspectos: los
ciudadanos estarán en condiciones de prestar sus servicios al país, entre los
20 y 45 años; se mantienen las jerarquías militares de tropa, suboficiales (sargento primero y segundo), clases
(cabo primero y segundo), soldados. Los oficiales se clasifican como de línea,
de reserva y de servicios; los últimos,
en oficiales de administración, de sanidad, asimilados y de veterinaria.
Se vuelve a la división territorial en
cuatro zonas militares: I Zona (Carchi, Imbabura y Pichincha); II Zona (León,
Tungurahua,, Chimborazo y Bolívar); III Zona (Cañar, Azuay, Loja y el Oro); IV
Zona (Guayas, Manabí, Los Ríos, Esmeraldas y Galápagos). Las provincias de Napo-Pastaza
y Santiago-Zamora forman un distrito militar bajo dependencia del ministerio de
Guerra. Cabeceras de Zona; Quito, Riobamba, Cuenca y Guayaquil. En el
ministerio de Guerra se cambia la denominación de secciones a departamentos:
Ejército (I), Marina (II), Aviación (III), Movilización (IV). De igual manera,
en el Estado Mayor General se pasan a denominar departamentos: Instrucción y
Levantamiento (I), Operaciones e Informaciones (II), Estadística e Historia
(III), Movilización y Transportes (IV).
En el Ejército se consignan a la Aviación y a los Servicios dentro de su
orgánico, a más de las armas tradicionales. Como centros de formación
únicamente a la Academia de Guerra y a la Escuela Militar; es decir, se sigue
olvidando a la formación del personal de tropa. El mando de las tropas,
corresponde al ministro, quien lo ejerce por intermedio del inspector general,
de los comandantes de Zona y de los comandos de unidad. Entre sus obligaciones
constan: redacción y aprobación de reglamentos, preparación de asuntos
parlamentarios, aceptación de oficiales extranjeros, preparación de leyes,
manejo del personal de las ramas, ejecución de la movilización nacional. La
Inspectoría General tiene la responsabilidad de la preparación y eficiencia del
Ejército para la guerra. El inspector pasa a ser el oficial más importante del
Ejército, con un poder absoluto de decisión, bajo su mando estarán todas las
unidades. Tendrá secciones encargadas de cada una de las armas del Ejército. El
Estado Mayor es el encargado de estudiar técnicamente los problemas relativos a
la defensa nacional y tiene bajo su responsabilidad la confección de los planes
de operaciones, y de los planes de movilización.
Se crean gratificaciones por
profesorado, servicio en el oriente y archipiélago, litoral y austro, comisión
de servicio en el extranjero, los oficiales ingenieros en servicio en obras
públicas, viáticos por comisiones, gastos de transporte por pase. Se mantienen
diez batallones de infantería; la caballería con un regimiento y tres
escuadrones; la artillería con tres regimientos; los ingenieros con dos
batallones y una compañía independiente.
En 1928 se publican reglamentos y
reformas: Ley de Retiro Militar, Ley de Montepío Militar, Ley de Situación
Militar y Ascenso, Reglamento para la infantería,
Reglamento de ejercicios y evoluciones para el arma de caballería, Reglamento
para la concesión y pago de pasaportes para las tres fuerzas, Reglamento de los
deberes del oficial de guardia en la mar y en puerto, Reglamento de uniformes
para la Armada Nacional, Reglamento para el Servicio de Sanidad Militar, Reglamento
General de Instrucción, Reglamento de artillería para evoluciones y formaciones
con material, Reglamento de servicios auxiliares internos de los hospitales militares,
Reglamento de Intendencia y Comisaría del Ejército, Reglamento del Departamento
de Marina, Reglamento de caballería de instrucción individual a caballo, Reglamento
de calificación y empleo del personal del Ejército, Reglamento para la concesión
de gratificaciones por antigüedad.
Para el levantamiento de la Carta
Nacional del Ecuador, se organiza un curso de topografía y cartografía, con una
duración de 5 meses, con 20 alumnos topógrafos y 10 cartógrafos.[118]
Se reincorpora al Ejército a los
oficiales italianos: teniente coronel Federico de Giorgis y capitán Mario Slaviero,
con fecha 31 de enero. Se designa Director de la Academia de Guerra al teniente coronel Federico de Giorgis, quien
había asumido la jefatura de la misión
militar Italiana, y se nombran profesores: táctica, organización, historia militar,
logística, ejercicios tácticos al teniente coronel Federico de Giorgis; topografía y fortificación al mayor
Giacomo Rocca. Se organiza un curso de infantería para oficiales en el grado de
mayor y capitán, para difundir el empleo del arma, con una duración de seis
meses y 30 alumnos. Su director es el teniente coronel Aldo Slaviero. Las materias están a cargo de oficiales ecuatorianos.
Se organiza en Riobamba un curso de artillería para oficiales en los grados de
alféreces a capitán.
Se crea el Servicio Geográfico
Militar, adscrito al Estado Mayor General, con una dirección general, una división
geodésica, una división topográfica y una división cartográfica. La sección levantamiento
de la carta militar pasa a formar parte del Servicio Geográfico.[119]
Se aprueba el Reglamento para el Servicio Geográfico. Se dispone que se organice
en Santa Elena el Servicio Mareográfico relacionado con la Marina y el
levantamiento de la carta, Los trabajos astronómicos y geodésicos girarán sobre
el Observatorio Astronómico. No deja de llamar la atención el criterio del
historiador Alfredo Pareja Diezcanseco cuando afirma que “en la Revolución
juliana no se hizo nada por la reorganización del Ejército” [120]
Se da de baja por convenir al buen
servicio a algunos oficiales; entre otros al capitán Federico Struve.[121]
Se asciende al grado de general al coronel Ángel Isaac Chiriboga Navarro con
fecha 11 de septiembre de 1928, y se le encarga la jefatura del Estado Mayor
General. Se separa del servicio activo el coronel Luis T. Paz y Miño, por haber
sido elegido como diputado de la Provincia de Pichincha. Desde su curul en la Asamblea Nacional de 1929 coadyuvó a la
introducción de principios fundamentales relacionados con el derecho social.
La estadía de la misión militar italiana
duró hasta el 5 de agosto de 1929, aunque oficialmente, la rescisión del
contrato se firmó el 14 de noviembre de 1940. En realidad, a partir de 1929
ingresaron al país cinco oficiales italianos, entre ellos, el coronel Giacomo Negroni y el mayor
Alejandro Bruttini, quienes permanecieron hasta 1940. Su labor fue intensa en
los principales campos de formación de oficiales y tropa. “Con su acción
eficiente, sentó las bases de modernización de nuestro Ejército, contribuyendo
eficazmente a la formación de su conciencia profesional.”[122]
En 1931 Isidro Ayora fue forzado a renunciar, sucediéndole en el poder
el coronel Luis Larrea Alba, punto de partida del periodo llamado el
“Velasquismo”.
Conclusiones
Los antecedentes a la llegada de la misión militar italiana reflejan el
estado de inanición en que se encontraba el Ejército ecuatoriano, luego del asesinato del líder de la revolución
liberal, y la ausencia de líderes militares que se encarguen de hacer germinar
las semillas sembradas en el afán de profesionalizar a la institución militar.
Apenas se habían dado algunos pasos con la reapertura de la Escuela Militar, la
creación del Estado Mayor General y las zonas militares, la base de formación
de las reservas, la creación de un segundo batallón de ingenieros que junto al
batallón “Chimborazo” materializan la presencia de la ingeniería militar
mediante la construcción de algunos caminos de tercer orden. Se dan los
primeros pasos con el fin de iniciar el levantamiento de la Carta Nacional.
La Escuela Militar
reabierta por Eloy Alfaro, bajo la dirección técnica de los chilenos, comienza
a entregar al Ejército, las promociones de oficiales con una visión de carácter
nacional de la institución armada. De alguna manera se había logrado erradicar
la intervención política en la formación militar. Al arribar a 1920 se
encuentran en las unidades y en algunos estamentos del mando militar, con una
formación diferente, empeñados en hacer realidad la reorganización del
Ejército, planificada por la misión militar chilena. Entre ellos citemos con
especial importancia al coronel Ángel Isaac Chiriboga y al sargento mayor Luis
T. Paz y Miño.
El año de 1920 se
convierte en el inicio de una década de gran significación para el Ecuador y
especialmente para el Ejército Nacional; posiblemente la más fructífera en lo
que corresponde a su organización y tecnificación, a pesar de que el país
sufría los coletazos de la Primera Guerra Mundial y la inescrupulosa presencia
de la bancocracia costeña. La presencia del coronel Chiriboga en la
Subsecretaría de Guerra permite que el Congreso Nacional disponga al Ejecutivo
la contratación de la II misión militar extranjera, la creación de la Escuela
de Aviación y la puesta en vigencia del servicio militar obligatorio, disposiciones
que, al hacerse efectivas, transforman la organización militar. La presencia de
Luis T. Paz y Miño hace posible la creación del Servicio Geográfico Militar y
el desarrollo actual e histórico de la cartografía y la geografía nacional, a
más de haber “definido y explicado la realidad sustancial de la Patria, su
territorio y su pueblo, su historia y sus proyecciones culturales.”[123]
Las misiones militares
europeas hicieron su aparición desde finales del siglo XIX, en varios países de
Latinoamérica, las más importantes fueron las de Francia y Alemania en franca
disputa por un mercado siempre importante del armamento para los ejércitos,
muchos de ellos embarcados en procesos de profesionalización y modernización, y
con muchos problemas de carácter fronterizo. La primera experiencia en nuestro
país, fue la misión militar chilena, que era una prolongación de la misión
militar alemana encargada de la modernización del Ejército chileno, luego de
que este país consideró que los franceses no cumplieron con sus expectativas a
pesar del triunfo chileno en la Guerra del Pacífico. Con estos antecedentes,
dadas las condiciones por demás favorables desde el punto de vista económico
para el país, los italianos llegaron con un contingente profesional muy
elevado, especialmente en la parte técnica, como es el caso de las armas de artillería
e ingenieros, administrativas en la dirección de las escuelas de formación; y pedagógicas en la impartición de cursos en
las diferentes armas.
La misión militar chilena no tuvo el tiempo ni la oportunidad de
introducir conceptos o concepciones
acerca de la “guerra moderna”, como lo afirma Cecilia Ortiz en “Indios,
militares e imaginarios de Nación del siglo XX”. Los cambios fundamentales en
la táctica, en la estrategia y en la utilización de los medios se darán una vez
concluida la I Guerra Mundial. Ellos (los chilenos) incidieron directamente en
la organización de la Escuela Militar, en base a un currículo de materias
militares que trataban en términos generales sobre la táctica y estrategia, en
los niveles bajos de formación; recuérdese que, la Academia de Guerra no tuvo
la posibilidad de generar cursos regulares y fue cerrada, no así la misión
militar italiana que llega al país luego de la Primera Guerra Mundial, en la
cual tuvo importante participación, y muchas de las técnicas, tácticas y
estrategias utilizadas en Europa se venían incorporando en los ejércitos del
mundo. Las ideas propuestas en la Academia de Guerra y en los diferentes cursos
de especialización militar, tenían un contenido específico sobre su empleo y no de políticas corporativas inspiradas en “varias
fuentes: liberales, socialistas, comunistas y fascistas” como afirma la mencionada
autora.
La reforma militar que se inicia
a partir de 1922, es decir, antes de la revolución juliana, parte de la necesidad
que tenía el Ejército de emprender en la organización prevista en la ley
presentada por los chilenos; con ello, la profesión militar aseguraba los
aspectos de estabilidad, de ascenso por meritos en la carrera (Junta Calificadora),
retiro y montepío para todo el conglomerado militar, y mejoramiento de la legislación
militar. Las demandas de renovación del proceso profesional no son un postulado
de la revolución juliana; sin embargo, su presencia en el gobierno nacional
impulsan los cambios que hasta esa fecha no se habían realizado.[124]
Para el Ejército Ecuatoriano
y en especial para el arma de ingenieros, la presencia en el Ecuador de las misiones
militares de Chile a comienzos del siglo y de Italia en una época trascendental
en la historia de la patria, constituyen a no dudarlo los pilares fundamentales
sobre los cuales se cimenta el arma de ingenieros; la primera por ser la
gestora de su creación a través del proyecto de Ley Orgánica en 1902 y la segunda
por ser la creadora de la infraestructura técnica del arma, verdadera simiente
sobre la cual se desarrolla su innegable presencia institucional y nacional a
través de la ciencia, la enseñanza, la cartografía, la vialidad y la industria,
en estricto cumplimiento del mandato constitucional en apoyo a la defensa y al
desarrollo nacional.
La profesionalización y
modernización del Ejército y de las Fuerzas Armadas en general, nació con la revolución
liberal, tomó forma a partir de 1920 con la presencia de Chiriboga y Paz y
Miño, y se consolidó con el advenimiento de la revolución juliana. Lamentablemente,
todo este intenso trabajo fue echado por la borda, a partir de 1930, hasta
culminar con la tragedia nacional de 1941. Algunos autores quieren encontrar en
la derrota, la culpabilidad de la misión italiana al descuidar la formación en
el “aspecto fronterizo”[125],
y ello no es verdad si revisamos el esfuerzo realizado en este periodo para
profesionalizar al Ejército. La falta de políticas institucionales para aplicar
los conocimientos doctrinarios en la instrucción diaria de las tropas, sumada a
la irresponsabilidad de la élite política en la conducción del país, llevó al
país a la catástrofe de 1941.
La
revolución juliana nace en el seno de la universidad militar, creada por la misión
militar italiana como una Escuela de Oficiales Ingenieros, con la finalidad de
fortalecer al arma de ingeniería creada por los chilenos el 27 de junio de
1902, y permitir que sus dos unidades sean comandadas por oficiales plenamente
capacitados en las tareas de construcción de obras civiles y viales, a más de
emprender en la elaboración de la Carta Nacional a través del Servicio
Geográfico Militar, creado el 11 de
abril de 1928, para apoyar decididamente el desarrollo del país; se difunde a
través de la formación de la “Liga Militar” en 1924, de la cual participan los
oficiales jóvenes de las diferentes unidades, convencidos de la necesidad de
apoyar la organización del Ejército que se venía desarrollando desde 1920, y
concluir con una época difícil y lacerante de la historia nacional; y,
finalmente, se ejecuta bajo el liderazgo de oficiales de la talla de Ángel
Isaac Chiriboga y Luis Telmo Paz y Miño, entre los más importantes. “Del
contraste entre el ideal de su formación y las fallas encontradas en la dura
realidad exterior, habrá comenzado a surgir primero el desencanto, luego el
descontento y la protesta interna y habrá comenzado a germinar en sus espíritus
sanos, aún sin darse plena cuenta todavía, el anhelo de una evolución de la
Institución que les había formado hacia un Ejército que se perteneciera, no ya
a un partido, sino a la Nación ecuatoriana. Ese era el ideal, tal vez no
confesado en un principio, pero que se generalizaría paulatinamente en las
conciencias de los jóvenes oficiales”[126].
El movimiento apoyado por el pueblo fue generando al interior de la institución
armada, el convencimiento de la inutilidad de apoyar a los caudillos, militares
o civiles, en detrimento de los grandes objetivos de la Patria. “Pero más que
otra cosa, este golpe acabó con una etapa de nuestra historia, liquidó un
elenco de políticos anticuados, permitió llegar a la vida pública a una serie
de nuevas tendencias, orientaciones y finalidades. O sea que el 9 de julio
cerró la era del individualismo liberal, como el 5 de junio había cerrado la
del individualismo tradicionalista. El 9 de julio abrió la era de las
tendencias sociales”[127]
El general Ángel I. Chiriboga al referirse a la presencia italiana dirá:
“De la misión militar italiana, puede expresarse sin ambages, la opinión de que
ha cumplido sus tareas con satisfacción y empeño; que de ella el Ecuador y su
Ejército están satisfechos y que su obra perdurará en las memorias nacionales,
con los dictados de eficiente y de proficua en sus resultados...”[128]
Los procesos
revolucionarios, cruentos o incruentos, lastimosamente sucumben en la vorágine
política que no es capaz de distinguir de entre los objetivos alcanzados,
aquellos que significan una verdadera transformación en beneficio de su pueblo,
para convertirlos en políticas de Estado destinadas a ser perfeccionadas con el
apoyo de la ciencia y de la tecnología. En el caso institucional de las Fuerzas
Armadas, el esfuerzo realizado en los inicios del siglo XX para alcanzar una
organización acorde a las necesidades de la defensa y desarrollo nacionales, no
alcanzaron a ser convertidas en políticas institucionales. Las consecuencias
fueron dolorosas para el país en 1941 y en 1981, año a partir del cual, se
inicia una nueva forma de construir la institución militar. Rescatemos el
pensamiento de José Antonio Marina cuando se pregunta: “¿Por qué nuestra
especie se empecina en caer repetidamente en las mismas equivocaciones?” y nos
plantea la necesidad de “Hacer una inversión de toda la historia, porque una
parte de lo que consideramos glorioso es indecente”. Nos invita a escribir “una
crónica de la estupidez, que nos deje a todos estupefactos y arrepentidos, como
quien descubre que había sido estafador y estafado al mismo tiempo. Si la
inteligencia es nuestra salvación, la estupidez es nuestra gran amenaza”.[129]
[2] Registro Oficial 1012 de 29 de enero de 1916
[3] Registro oficial 1107 de 25 de mayo de 1916
[4] Registro Oficial 1173 de 14 de agosto de 1916
[5] Registro oficial 1175 del 17 de agosto
[6] Registro Oficial 37 de 16 de octubre de 1916.
[7] Registro Oficial 10 de 12 de septiembre de 1916
[8] Registro oficial 6 de 7 de septiembre de 1916
[39] El Comercio. Quito. 8 de agosto de 1922
[40] R.O. 568 de 19 de agosto de 1922
[41] R.O. 584 de 8 de septiembre 1922
[63] VITERI, Telmo R. El Comercio. Quito. 1 de junio de 1925
[66] R.O. 61 de 22 septiembre 1925
[80] El Comercio. Quito. 18 septiembre de 1930.
[81] Ibídem
[94] R.O. 452 de 1 de octubre 1927
[95] R.O. 495 de 24 noviembre 1927
[102] R.O. 467 de 20 octubre 1927
[104] R.O. 490 de 18 noviembre 1927
[105] R.O. 529 de 2 enero 1928
[106] R.O. 552 de 28 enero 1928
[107] R.O. 553 de 30 enero 1928
[108] R.O. 564 de 11 febrero 1928
[109] R.O. 590 de 13 marzo 1928
[110] R.O. 670 de 20 junio 1928
[111] R.O. 720 de 20 agosto 1928
[112] R.O. 730 de 31 agosto 1928
[113] R.O. 749 de 22 septiembre 1928
[114] R.O. 752 de 26 septiembre 1928
[115] R.O. 753 de 27 septiembre 1928
[116] R.O. 755 de 29 septiembre 1928
[117] R.O. 760 de 4 de octubre 1928
[126] GÁNDARA ENRÍQUEZ, Marcos. Op.
Cit.
[129] MARINA, José Antonio. La
inteligencia fracasada. En : artículo de Antonio Rodríguez, “Las sociedades
estúpidas”, Diario el Comercio.
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